Entre ellos hay un hilo.
No es de acero ni de oro; es de memoria, ternura y destino.
Se formó la primera vez que se miraron, cuando ella aún no entendía por qué su corazón se encendía y él supo, sin poder explicarlo, que ese brillo en sus ojos no era nuevo, que ya lo conocía de antes.
Pasaron años, promesas, risas, silencios.
El hilo se estiró, se tensó, pero nunca se rompió.
Cuando el tiempo los separó, él siguió tirando de ese lazo desde la casa vecina, y ella, sin saberlo, seguía sosteniéndolo con cada pensamiento amable, con cada gesto de cariño.
Ese hilo no exige.
No pide volver, no pide posesión.
Solo une, recordando a ambos que lo que vivieron fue verdadero, limpio, inmenso.
Él lo siente cuando canta o cuando el día cae en silencio.
Ella lo siente cuando mira el cielo y, sin razón, sonríe.
No todos los amores duran en el mismo plano, pero los de alma como el suyo traspasan los límites del tiempo.
Pueden amar a otros, seguir caminos distintos, pero ese hilo seguirá vibrando entre ellos, leve, tibio, eterno.
Y si algún día el destino los llama otra vez, ese hilo sabrá guiarlos.
Porque un amor así no se apaga, solo se transforma en luz.
Holaaaa! Les dejo esto súper pequeñito desde la nostalgia🤍. No los he abandonado, prometo que pronto seguiremos con los cortos, gracias por leer. Xoxo
