Las luces del set iluminaban el lugar mientras las cámaras captaban cada instante. Todo parecía ir a la perfección…
hasta que Lucero comenzó a cantar con Emmanuel. Su risa juguetona, sus gestos coquetos, la forma en que lo abrazaba y lo tocaba como si fueran adolescentes divirtiéndose en un karaoke… a Manuel no le gustó ni un poco.
No podía estar celoso de su amigo, ¡por supuesto que no! Pero el maldito ardor en su pecho y el nudo en su garganta le decían otra cosa. Lucero era suya, solo suya, y verla tan suelta con otro hombre lo ponía al borde de la locura.
Y eso no fue todo. Como si el destino se burlara de él, minutos después, Lucero bailó con Yahir… y no fue un simple baile. No. Se movían demasiado pegados, sus cuerpos encajaban perfectamente, y Lucero reía encantada. Manuel apretó los puños.
Emmanuel se acercó con una sonrisa divertida.
E: Relájate, hermano. Es solo show.
M: Sí, claro (espondió con los dientes apretados)
Su mal humor fue tan evidente que incluso Yuri le dio un codazo juguetón.
Y: Ay ya, Manuel! Que se te nota el celo en la cara, eh
Él bufó y se cruzó de brazos. No quería seguir en el set ni un segundo más, pero tenía que aguantar hasta el final de la grabación.
Cuando finalmente todo terminó, algunos se quedaron charlando, pero Lucero decidió irse. Se veía cansada y lo único que quería era descansar. Manuel la observó con el ceño fruncido, y sin decir nada, la siguió en silencio.
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Apenas doblaron en un pasillo apartado, Manuel la alcanzó y la tomó con firmeza del brazo, haciéndola girar para quedar frente a él.
M: Se puede saber qué demonios fue todo eso, Lucero?
Ella lo miró, sorprendida por su tono.
L: Qué te pasa?
M: Lo que me pasa es que te vi coqueteando como si estuvieras soltera.
Lucero arqueó una ceja.
L: Perdón? Era puro show, Manuel! Es parte del espectáculo.
M: Ah, sí? ¿Y el baile con Yahir también era parte del espectáculo? (su voz sonaba grave, oscura)
Lucero soltó una carcajada irónica.
L: Ay, no. Me estás diciendo que te pusiste celoso?
M: No me hagas reír, Lucero. No estoy celoso (mintió descaradamente) Estoy molesto. Muy molesto.
Ella negó con la cabeza y resopló.
L: No tengo tiempo para esto. Me voy a mi casa.
(Dio un paso para irse, pero Manuel la sostuvo de la muñeca)
M: no tan rápido. Esto lo vamos a arreglar tú y yo
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Lucero vivía a solo veinte pasos de la casa de Manuel, pero ni siquiera logró llegar. Apenas intentó abrir su puerta, él la sujetó por la cintura y, antes de que pudiera protestar, la alzó sobre su hombro.
L: Manuel, bájame! (pataleó, golpeando su espalda)
M: ni lo sueñes.
L: Estás loco!
M: Loco me dejaste tú con tus jueguitos.
Lucero bufó, pero ya estaba resignada. Él entró a su casa y subió las escaleras con determinación. Apenas llegaron a la habitación, la dejó caer sobre la cama y, en un movimiento rápido, se posicionó sobre ella, sujetando sus muñecas contra el colchón.
Su mirada ardía, intensa, dominadora.
M: Me sacaste de mis casillas, Lucero.
L: Ay, por Dios… (rodó los ojos) Vas a hacer una escena de celos en serio?
