Entre amigos ?

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Lucero estaba frente al espejo, daba los últimos retoques a su maquillaje, escuchó el sonido de una puerta de armario abriéndose tras ella.

M: Reina… (dijo la voz grave y divertida de Mijares) Voy así. ¿Qué te parece?

Lucero alzó la vista por el espejo… y se giró de inmediato con los ojos abiertos de par en par.

L: Manuel! ¿Estás loco?

Él posaba con un aire triunfal, vestido únicamente con un calzón rojo que claramente no pertenecía a su cajón de ropa habitual.

M: no te parece atrevido? Es para darle un poco de color a la conferencia (bromeó, sacando el pecho como si realmente fuera a salir así)

Lucero soltó una carcajada, dejando el rímel a un lado para no arruinarse el maquillaje.

L: Mira nada más, con ese rojo ni Yuri te reconoce. Anda, ponte algo decente, que ya casi salimos.

M: Ay, pero si tú sabes que así te gusto más (respondió con una ceja levantada, caminando hacia ella).

Ella le dio un leve empujón con la cadera mientras se acomodaba el escote del vestido.

L: Cállate y ve a vestirte mejor
Ambos estallaron en risa. La complicidad entre ellos era evidente.

Ya en el salón de conferencias. Lucero, Manuel, Yuri y Emmanuel tomaron asiento, listos para presentar su nuevo espectáculo.
Todo fluía con ligereza. Risas, bromas y recuerdos, llenaban la charla con los periodistas. Mijares, con su humor característico, no dejaba pasar oportunidad para soltar sus comentarios.

Llegado el momento de las fotos, los cuatro artistas se pusieron de pie. Se abrazaron en grupo, sonrientes y radiantes. Lucero, sin darse cuenta del todo (o quizá sí) se acomodó ligeramente la parte superior del vestido, justo frente a Manuel, quien ladeó la cabeza con una mezcla de sorpresa y deseo.
Cuando él se acercó a abrazarla para una foto más cercana, ella sonrió… y se dirigió a Yuri:" Pásate tú, para que te abrace".dijo con naturalidad, quitándose discretamente del camino
Mijares se quedó estático por una milésima de segundo. Nadie notó nada raro. Nadie… excepto él.


Horas más tarde, en casa…

M: Tú crees que no me doy cuenta, verdad? (dijo Manuel, cerrando la puerta tras de sí mientras se desabrochaba los primeros botones de la chaqueta)

Lucero estaba ya descalza, recostada sobre el sofá, bebiendo un poco de vino tinto.

L: De qué hablas? (preguntó con fingida inocencia)

M: Estuviste provocándome toda la conferencia (dijo acercándose con paso firme) Ese vestido… ese escote… ¡Y acomodándotelo justo frente a mí!

L: Ay, por favor (se rió) Estás alucinando. Yo solo me acomodé porque estaba incómoda… no era para ti.

M: Ah no? Y lo de “pásate tú para que te abrace”? ¿Tampoco era para mí?

Ella lo miró con picardía y se encogió de hombros, dejando el vino a un lado.

L: Bueno… tal vez un poquito. Me gusta ver cómo te aguantas.

Manuel ya estaba frente a ella, de pie, mirándola desde arriba.

M: Eres una bruja… (murmuró con la voz baja, ronca)

L: Y tú un tonto por caer siempre.

Se inclinó hacia ella, sus labios rozando apenas los de Lucero, mientras sus manos se deslizaban con lentitud por sus piernas, descubriéndolas poco a poco.

M: No sabés cuánto te necesito… (susurró él)

L: Entonces demuéstralo (respondió ella, ya entregada al fuego que sólo él podía encenderle)

Él la miró con deseo encendido en los ojos, y sin decir una palabra, la alzó en brazos como si fuera lo más natural del mundo. Ella rodeó su cuello con ambos brazos, mirándolo de cerca, traviesa.

L: Así de desesperado estás? (susurró con una sonrisa ladeada(

M: No… (respondió él, abriendo la puerta del cuarto con una patada suave)  Estoy desesperado desde que saliste con ese vestido.

La recostó con cuidado sobre la cama, pero con una energía que dejaba claro que no quería delicadeza, quería sentirla. Ella se incorporó un poco, acomodándose mientras él se subía encima, apoyando sus manos a cada lado de su cuerpo.

M: Te dije ya que este vestido es un crimen? (dijo él mientras bajaba lentamente los tirantes con los labios, rozando su piel)

L: Y tú te crees muy inocente con ese calzón rojo? (replicó ella, riéndose contra su cuello)

M: Fue tu culpa, bruja… tú me lo dejaste ahí

L:Quizás fue una indirecta (dijo mientras deslizaba las manos por debajo de su camisa)

Él soltó un gemido bajo cuando ella lo acarició. Sus labios volvieron a encontrarse, esta vez más hambrientos, más necesitados. Manuel la besaba con intensidad, bajando por su cuello, luego por su clavícula. Sus dedos hábiles fueron desnudándola lentamente.
Lucero lo abrazó fuerte, aferrándose a su espalda, con los labios rozando su oído.

L: hazme tuya, manuel no aguanto más (susurró)

Sus palabras lo prendieron aún más, fue bajando hasta su vientre, dejando un rastro de besos cálidos, profundos,
Ella lo miró desde arriba, los ojos entrecerrados, él quitó sus bragas y se dedicó a besar, lamer y chupar con desesperación. Le encantaba el sabor de su mujer, ella extasiada sonrió mientas él subía nuevamente por su cuerpo. Entonces volvió a besarla con fuerza, mientras se hundía en ella. Entraba y salía con fuerza, una y otra vez. Podía escucharse el sonido sus pieles al chocar, 7,8,9 embestidas más y cambiaron de posición. Ella encima de él, a lucero le encantaba llevar el ritmo, volverlo loco. Llevarlo al final, ver su cara de placer era la gloria. Empezó con movimientos suaves, despacios, mientras lo miraba con picardía. Sabía que él no aguantaría mucho.

M: Sabes que me estás volviendo loco, ¿verdad? (murmuró Manuel, su voz grave, apenas controlada) eso no es justo lucerina

Ella sonrió, un destello travieso en sus labios. Decidió seguir controlando el momento, lo que hizo que Manuel se estremeciera de frustración.

L: Te gustaría que me acelerara un poco más? (murmuró Lucero, desafiándolo con su mirada)

Sus movimientos eran suaves, casi una provocación en sí misma.
Manuel no pudo más. Tomó firmemente sus caderas, su pulso acelerado mientras la acercaba con fuerza a su cuerpo. La sensación de su piel pegada a la de ella lo desbordó.

M: No puedo seguir así (gruñó entre dientes, la necesidad en su voz clara)

Lucero sintió el cambio en su cuerpo y la presión de sus manos en sus caderas. Con una fuerza que no había mostrado antes, Manuel la abrazó, aprisionándola contra él, y empezó a embestirla con fuerza mientras dejaba chupetones en su cuello, el climax los alcanzó él se vació completamente en ella.

Los dos quedaron inmóviles, el calor de sus cuerpos fusionados, respirando con dificultad. Lucero cerró los ojos por un momento, disfrutando de la cercanía, de la paz después del torbellino.
Manuel la abrazó más fuerte, como si temiera perderla, sus dedos recorriendo lentamente su espalda, buscando una conexión más profunda.

Horas más tarde, aún con la luz tenue encendida, estaban entrelazados bajo las sábanas. Lucero tenía la cabeza apoyada en su pecho, y le daba besitos suaves en la mejilla. Manuel tenía un brazo envuelto alrededor de su cintura, protegiéndola, acariciándola.

M: Ves lo que provocas? (dijo él en voz ronca, acariciando su espalda desnuda)

L: Yo? Si tú fuiste el que salió con ese calzón del demonio!

M: Pero tú me lo compraste, reina. Asumí que querías verlo en acción.

Ambos rieron bajito, abrazados, compartiendo ese momento de calma después de la tormenta.

L: Ojalá pudiéramos quedarnos así para siempre (dijo ella, con los ojos cerrados)

M: Mientras estemos juntos, cada noche será como esta (respondió él, besando su frente)



Y en el silencio cómodo de su amor secreto, se quedaron dormidos… sabiendo que, pase lo que pase, en su pequeño universo, seguían siendo solo ellos dos.

















Holaaaaaa, después de mucho vuelvo por aquí. Espero les guste. No se olviden de dejar su estrellita y comentar!!!💗💗. Xoxo

LyM |shortsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora