Tienes que ser buena persona, aun si el mundo es grosero y cruel. Fueron las palabras de su madre, era su lema personal. Ella siempre buscaba la forma de llevar a su hija por el buen camino, así que ella le tomo la palabra y la siguió al pie de la letra.
Haz el bien sin mirar a quien.
Esa frase fue su perdición. Hacer el bien no siempre te dejaba una buena experiencia o pago del karma. Yuzuko fue a enterarse demasiado tarde de que no debes ser amable con la gente, porque algunas veces, aunque fueran remotas, podrías atraer a un loco.
Tenia mas de dos meses sin dormir bien, los ojos estaban irritados, las ojeras enormes y marcadas e incluso ya tenia un grave tic en el ojo que no paraba. Escucho de pronto como piedritas golpeaban su ventana, se pego a la pared, intentando no verse, a pesar de tener las cortinas echadas, tenia la necesidad de esconderse. Pasaron los minutos hasta que dejo de escucharse los golpes.
No quería asomarse. Ya sabía que estaría el mismo encapuchado del otro lado de la calle, mirado hacia su apartamento. Estaba harta, la policía le había dicho que necesitaban fotografías del acosador y evidencia. Ella ya había juntado incluso grabaciones de aquel individuo paseándose fuera de su apartamento, pero no tenia notas de amenaza u otra evidencia que indicara un acosador que la pusiera en peligro. ¿Qué esperaban? Seguramente que la secuestrara, violara y o asesinara para ponerle atención.
El reloj marco las siete de la noche, así que con sumo cuidado se metió a bañar, con la linterna de su celular para no dejar escapar demasiada luz y poder ver lo que hacía. Se vistió agachada, evitando que su sombra delatara lo que hacía. Termino de arreglarse media hora después. Con cuidado se asomo por la ventana, había desaparecido el acosador, seguramente empezaría a pasearse por su pasillo.
Yuzu comió una sopa instantánea con la esperanza de no hacer mucho ruido ni movimientos. Abrió la aplicación de vigilancia de sus cámaras y, para su horror, estaba allí ese tipo: parado frente a su puerta, simplemente mirando directamente a la mirilla. Yuzu nunca tuvo el coraje suficiente como para asomarse por la mira, le horrorizaba verle los ojos. Siempre usaba cubrebocas y su capucha, así que no se le miraría mas que esos ojos. Sus pesadillas eran sobre esa silueta persiguiéndola en silencio, cada vez más cerca. Si veía sus ojos, si sentía su asquerosa mirada estaba segura que se volvería loca.
-Haz el bien sin mirar a quien. -susurro Yuzu mirando su vaso con su cena. -Pura mierda… por culpa de eso estoy en esa situación tan asquerosa e insoportable.
Yuzu hizo amague de tirar el vaso en un arranque de histeria pero se detuvo, ya había perdido diez kilos en esos dos meses de soportar el acecho, si seguía perdiendo el apetito iba a desmayarse en cualquier momento y ese enfermo podría aprovechar la oportunidad de llevársela. No, tenia que comer aun cuando no quisiera. Armándose de coraje, termino de comer.
Dieron las ocho y media, era hora de irse a trabajar. Miro la aplicación de vigilancia y noto como el chico se alejaba hacia arriba del edificio. Yuzu se aseguro de ver que desapareciera de la visión de su cámara. Se acerco a la puerta, lista para correr. Guardo su celular y abrió la puerta, quiso correr cuando choco contra alguien.
-Vaya, ¿es que me extrañabas? -dijo una voz femenina con un tono algo seco y tieso.
Yuzu se alejo del susto inicial, al creer que era el acosador. Al ver quien era, se relajo un poco pero al recordar a aquel enfermo, tiro de la chica y la metió a su casa.
-Vaya, ¿Qué pasa? Me siento alagada de semejante interés pero vamos tarde al trabajo. ¿Puedes prender la luz-
Mei estuvo por encender la luz pero Yuzu le dio un manotazo.
-No prendas nada y cállate. Por el amor del cielo, no estoy de humor para tus bromas raras. -dijo Yuzu con pánico y saco su celular. -Vamos, vamos, ¿Dónde estás, cabrón?
Mei alzo la ceja, se acerco a Yuzu y miro su pantalla con gesto sorprendido.
-¿Qué haces? -le pregunto viendo como Yuzu miraba su pasillo por medio de la aplicación.
-Tengo cámaras en el corredor, frente a mi departamento. -le explico con tono inquieto. -Maldita sea, no puedo retroceder para ver a donde fue.
Mei Aihara era pálida y en ese momento palideció más. Poco a poco entendió de que iba todo.
-¿Te siguen o qué? -le cuestiono con voz intranquila y nerviosa.
-Sí. Un imbécil siempre se para en la cera de enfrente, la que da a mi ventana del cuarto y me mira toda la noche. Me arroja piedras. Lo he visto seguirme cuando salgo del instituto, camino a casa y cuando me voy a trabajar.
-¿Ya fuiste a la policía? -le pregunto en tono serio.
-Ya. Pero dicen que como no me ha escrito ni acercado a hablarme, no pueden catalogarlo como acoso. ¿Puedes creerlo? Esperan a que el bastardo me haga algo para actuar.
-Así que no te creyeron. -susurro Mei mirando a lo que dedujo era la habitación de Yuzu. -¿Y si salió al escuchar que llegue? Déjame asomarme por la ventana.
Sin esperar a una respuesta, se encamino a la habitación de Yuzu y abrió la cortina. Yuzu corrió tras ella demasiado tarde, ambas se miraban desde afuera.
-No hay nadie. -dijo Mei cerrando la cortina. -Mira, no se mucho de esto pero no puedes quedarte aquí si te estar acosando, es mejor que te vayas de aquí.
-¿Y a dónde? Soy una universitaria que no tiene mucho dinero. No puedo costear un alquiler, este departamento me lo dejo mi madre antes de morir. -Yuzu estaba desesperada.
-Ven conmigo. -dijo Mei amablemente. -Mete lo esencial en una maleta, le diré al gerente que nos mande a algunos compañeros para que saques más cosas de aquí, para que no se te acerque esa persona, ¿te parece?
-Mei, yo-
-Vamos, de prisa. No sabemos donde este esa persona, así que hazlo para salir de aquí sin toparnos con “él”.
Yuzu estaba desesperada, así que obedeció la orden de Mei y empaco lo mas esencial en dos maletas y salieron del departamento después de asegurarse que nadie estaba en el pasillo. Mei la guio a su carro, que estaba a dos calles de distancia de donde vivía Yuzu, algo curioso ya que había estacionamiento libre, entonces abrió el portaequipajes, con cuidado guardo las maletas de Yuzu. La rubia se dio cuenta de que había una maleta allí también, noto una cobija, sudadera, una caja de guantes y mascarillas. Mei cerro la cajuela al notar a donde miraba Yuzu.
-Vamos, seguramente pueda sospechar o nos vio. -su voz era apremiante y ansiosa.
Era cierto, ese loco podría estar por atacarlas al estar expuestas y ella distraída. Abrió la puerta del copiloto pero Mei la detuvo y negó con la cabeza, señalo a la parte de atrás.
-Acuéstate, así no te vera.
-Cierto. Gracias.
Yuzu estaba por agregar algo mas cuando alguien grito a lo lejos, tenia la misma sudadera del acosador en las manos y corrió hacia ellas.
-¡Yuzu, entra ya! -grito Mei.
La rubia abrió la puerta mientras Mei le dio la vuelta al carro corriendo. Aquel hombre gritaba y se escuchaba cada vez más cerca, decía algo como:
-no te vayas. No te vayas con ella, Yuzu.
Ya estaba cada vez más cerca, había venido desde el departamento y eso la termino de hacer reaccionar, abrió la puerta y entro cerrándola con un buen azote, justo a tiempo para ver la cara de un hombre de unos cincuenta años en el vidrio. Este golpeaba la ventanilla con frenesí. Mei arranco el vehículo de inmediato.
-¡No te vayas con ella, Yuzu! ¡No lo hagas! -grito intentando alcanzar el carro. -¡Cometes un grave error!
Yuzu se incorporo con torpeza y lo vio desaparecer en la distancia. Se recostó torpemente mientras respiraba con jadeos de miedo y alivio. Mee manejaba lo más rápido que podía y de pronto cambio la dirección de su viaje.
-Mei, vamos a la comisaria. -dijo Yuzu al desconocer el camino.
-No. Ellos no te creyeron una primera vez, no lo harán esta. -respondió con tono acelerado.
-Estas de testigo y-
-No tenemos video o evidencia de eso, Yuzu. Van a decir que miento porque somos… amigas. Mejor vamos a un lugar seguro.
Yuzu no dijo nada más, Mei tenía razón. Se dejo caer en el asiento para relajarse un poco y pensar mejor las cosas. El auto seguía yendo rápido, Yuzu quiso decirle a Mei que no era necesario pero seguramente estaba asustada como ella y quería estar en un lugar seguro antes de bajar la guardia. Tanteo sus bolsillos pero no encontró su celular, ¿Dónde estaba? Removió donde estaba pero no lo encontró, seguramente se le cayo antes de subir al carro.
El viaje duro media hora más, Mei se estaciono en una casa pequeña pero discreta, a simple vista parecía abandonada pero bien cuidada. Mei salió primero y le abrió la puerta a Yuzu, extendiéndole la mano para ayudarle.
-Vamos, Yuzu. -tenia una sonrisa emocionada en sus labios.
Yuzu salió del carro tomando la mano de Mei. Aquella acción de Mei la sorprendió un poco, no comprendía como ahora estaba incluso feliz cuando hacia unos momentos el acosar de Yuzu casi las alcanzaba. Tal vez el estrés hacia estragos emocionales en las personas, de diferente manera.
Se giro para cerrar la puerta mientras Mei abría la cajuela para sacar las maletas de Yuzu. Fue cuando noto una sudadera con capucha en el suelo de los asientos. Se le hacia parecida a la de aquel loco. Tal vez era la idea que tenía después de verlo a la cara. No podía creerlo, ¡era el señor Mazumoto! Ese dulce señor era abuelo de cinco preciosos niños y siempre cuidaba de Yuzu como si fuera su propia nieta.
-Vamos, Yuzu. Hace frio, entremos. -la apremio Mei cerrando la cajuela y cerro el carro.
-Si, sí. Gracias. -susurro ausentemente.
Mei la dejo ir adelante ligeramente por dos pasos de distancia. Yuzu admiraba la casita con distracción, aun repasaba el impacto de la revelación de su acosador. Mei abrió la rejilla y después un enorme cerrojo de alta seguridad. Yuzu se dio cuenta que eran tres y distribuidos de forma que no pudiera nadie entrar… o salir sin llaves.
-Por seguridad. -dijo Mei a la pregunta que tenia Yuzu escrita en la cara. -Listo, adelante. Siéntete como en casa.
Mei abrió la puerta y la hizo pasar con un gesto caballeroso. Yuzu le ofreció una pequeña sonrisa incomoda por el gesto y entro. Algo en la expresión y voz de Mei le dieron escalofríos. Mei prendió la luz y noto que la casita era espaciosa y elegante. Mei cerro la puerta al entrar y puso los tres seguros.
-Por seguridad. -repitió a modo de respuesta. -Ven, te enseño donde dormirás.
Aihara paso al lado de Yuzu y está la siguió mientras miraba la casa. Era de color verde agua, con cuadros de obra de arte renacentista. Una que otra estatua a escala de Miguel Ángel y, lo que mas la desconcertó, fue una pintura que reconoció como dédalo e icaro. Se detuvo frente a esta y contuvo el aliento, no podía ser, no podía ser… El acosador si le había dado un mensaje por medio de un niño.
“Me acerque tanto al sol de tu belleza que termine perdiendo las alas. Soy tu Icaro”
Su agitación incremento, Mei detuvo su marcha, dejo las maletas en el suelo y miro a Yuzu con una sonrisa espeluznante. Estaba quieta como lo haría un depredador vigilando a su presa.
-No esperaba que lo descubrieras… al menos, no antes de que te llevara a tu habitación. -dijo con una sonrisa enorme.
Yuzu al escucharla empezó a retroceder sin quitarle la mirada de encima.
-Eras tu esa chica de España… Mei, somos amigas, ¿Por qué me hiciste esto? -gimió con pavor.
-Yo no hice nada malo. Solo te estaba admirando y protegiendo. -respondió Mei avanzando los mismos pasos que Yuzu retrocedía. -Tú fuiste MUY amable conmigo en aquel lugar. Tanto que me enamore perdidamente de ti.
-Pudiste decírmelo en vez de acosarme. -dijo retrocediendo más rápido.
-Te demostré mi interés pero me alejabas. Así que me deshice de quienes me estorbaban.
-Tenia novio, el- se detuvo a media frase.
La muerte de su novio Haruka, se había debido a que se estrelló contra un árbol en la carretera hacia un año. Aunque la policía revelo que no tenia frenos y que eso lo hizo perder el control de la motocicleta. Cada novio que tuvo Yuzu en esos últimos cinco años habían muerto, desaparecido o la terminaron de una forma abrupta.
-Fuiste tú todo este tiempo. -susurro atemorizada.
Yuzu quiso correr pero recordó que la puerta estaba cerrada con tres enormes cerrojos. Toda la casa seguramente lo estaba. No había escapatoria. Aun así se dio la vuelta para llegar a la puerta e intentar salir. Fue en vano. De pronto Mei la rodeo con sus brazos y la acerco hacia ella en un gesto posesivo y enfermizo.
-Yuzu, te amo demasiado. Tanto que he hecho todo para que estemos juntas. Siempre. Nada ni nadie nos separara, ni tu familia, novios, amigos o conocidos. Todo es por nuestra felicidad. Hago lo que me dijiste en aquel entonces: Pelea por lo que deseas y no te detengas hasta hacerlo tuyo.
Intento luchar, gritar y escapar pero fue en vano. Mei la dejo inconsciente y la llevo al sótano que estaba amueblado para ella. Al despertar, tenia las piernas rotas y encadenadas.
No saldría de allí hasta el día de su muerte. Maldijo al refrán de su madre:
“Haz el bien sin mirar a quien”.
Una frase que solo le trajo una enorme maldición.
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..
…
Museo del Prado, Madrid. Cinco años atrás.
Una Mei Aihara miedosa y temblorosa entro al museo. Sus compañeros le hacían bromas y le gastaban palabras groseras. Una de esas conductas le valió un moretón en la mejilla por una bofetada de una de las chicas populares. Maldijo a todos y se escondió en el baño. Allí soltó a llorar, no duro su desahogo porque entraron cinco chicas y comenzaron a golpearla, escupirle y patearla mientras se burlaban de ella y como era desarreglada y patosa.
-Ya basta, déjenla. -dijo una voz molesta.
-¿Y tú quien eres, machorra? No es tu asunto, piérdete-
Aquella intrusa en el suceso le dio una bofetada tan fuerte que la tiro al suelo al momento y dejo inconsciente. Las demás intentaron cobrar venganza pero no duraron mucho, cuando se dieron cuenta, despertaron en ropa interior dentro del baño con unos enormes letreros pintados con marcador permanente que decía:
“Zorra, puta y descerebrada”
-Me llamo Yuzuko Okogi. Un gusto. -dijo la rubia cuando salieron de allí para unirse a la visita guiada del museo. -¿Y tú?
Mei la miro tímidamente, se relamió los labios y hablo con tono bajo.
-Yo no puedo decirte mi nombre… pero mi familia es rica. Te pagare por tu ayuda. -dijo buscando a tientas su cartera pero Yuzu la detuvo.
-¿Por qué no puedo saber tu nombre? -exclamo sorprendida. -Espera, tienes mucho poder ¿y te dejas de esos idiotas? -se detuvo de pronto y la miro con irritación. -Debes tomar la iniciativa, señorita tímida. Usa tu poder para conseguir lo que quieres, para conseguir respeto. -exclamo con firmeza.
-No… no debería hacerlo. No es bueno-
-¿Y qué hay de ti? ¿De lo que quieres? -le pregunto con tono imperativo. -Si sigues agachando la cabeza, no te van a respetar jamás y no te harás un lugar en el mundo. Pelea por lo que deseas y no te detengas hasta hacerlo tuyo.
Mei no supo que mas agregar, al verle eso en el rostro, Yuzu remprendió el paso. Los cuadros no le llamaban la atención a ninguna de las dos. Los amigos de Yuzu se le acercaron: eran cinco y se notaban fuertes como amables. Fue que la rubia les dijo algo al oído y ellos asintieron con una sonrisa en los labios y se marcharon.
-Pronto nadie te volverá a molestar, señorita. -le dijo Yuzu y se detuvieron frente a una pintura de Dédalo e Icaro.
Mei observo a la chica con sorpresa y algo de miedo.
-¿A que te refieres? -le pregunto con cautela.
-Hago el bien sin mirar a quien. -ladeo la cabeza y le ofreció una sonrisa radiante. -Lo cambiaria por “hare el bien a una chica hermosa que no me dice su nombre”.
Mei sintió su pecho inundarse de una sensación única y radiante. Yuzu le señalo la pintura.
-Icaro voló cerca del sol y perdió las alas. Demasiada libertad puede costarte la vida.
Mei miro la pintura por cortesía pero su atención estaba en esa rubia amable. Quiso decirle algo cuando una chica de enormes pechos la abrazo.
-Yuzuko Okogi, bastarda número uno de la escuela del norte de Tokio, ¿Dónde mierdas has estado? Tu novia está buscándote desde hacía un buen rato. Vamos, la maestra esta que nos quiere a todos para irnos al hotel.
-¿Eh? Si, sí. Adiós bella señorita sin nombre. -sonrió radiantemente. -Piense en lo que le dije, espero disfrute mi regalo.
Mei vio partir a Yuzu y nunca olvido ningún detalle de ella. La busco mediante un investigador privado y empezó a frecuentar sus lugares favoritos. Poco a poco se introdujo en su vida y aplico su consejo: pensaría en lo que ella quería. Y la quería a ella. No se detendría por nada ni nadie para conseguirla.
Estarían juntas por siempre. Casi ese maldito viejo entrometido estropeaba sus planes, ya se desharía de él. Pensó Mei mientras ingresaba al departamento del anciano y lo mataba a golpes. Quemo el edificio en su totalidad y armó una escena que le daría tiempo para salir de la ciudad y cubrir sus huellas. Nada ni nadie las separia jamás.
FIN
Un pequeño oneshot que venía rondando mi mente desde hace tiempo y apenas pude darle forma. Aunque iba a ser más gráfico con respecto al acoso de Mei a Yuzu y como la secuestra, la verdad allí sí decidí dejarlo soft. De lo contrario seria una mini historia de unos 5 a 10 capítulos y en estos momentos estoy concentrandome para terminar la nueva mini historia que estoy preparando para ustedes. El 18 de abril estaré dando detalles de este proyecto en mi tablón de anuncios, en particular el reciente a modo de comentario.
