Ese día me sentí tan cerca de tu corazón.
Tan acurrucada en tu amor indiferente.
Te mostré aquellas emociones ocultas.
Estuvimos tan juntos.
Tan aferrados.
Tan abrazados.
Ese día pude sentir un poco de tu romance.
De este maldito vínculo afectivo que me encanta.
Y de aquel que te cuesta soltar.
Te disfruté tanto.
Pude apreciar tu sonrisa, tu piel cálida rozar la mía.
Nos reímos.
Nos escuchamos.
Nuestros ojos no dejaban de mirarse.
Nuestras manos no querían ni soltarse.
Amé cada segundo, cada minuto.
Te juro que creí que ese día me curaste el corazón.
O tal vez solo lo rompiste un poco para entrar.
Para desordenarlo, para adornarlo con tu estilo.
Arañarlo con tus dedos, pintarlo con tus besos, herirlo con tu silencio.
A veces confundimos el dolor y creemos que la yaga se está curando.
Ahora sabes lo que me dolía y yo sé lo que te lastimó.
Hablamos un poco más de esa herida que no cerró.
Escuchábamos el mar tan cerca del corazón.
El silencio gritaba para no acabarse.
Una lágrima cayó cuando mencionamos aquellas canciones que hieren un poco.
Creía que solo veríamos lo mejor de cada uno, que solo la pasaríamos bien y se acabó.
Que no podía existir el amor, que entre los dos no podía existir más que una fuerte atracción.
Pero ese día...
Maldita sea ese puto día.
Ese día...
Me enamoré.
ESTÁS LEYENDO
Inmortal de corazón
PoetryEste libro es una travesía emocional contada a través de poesía y pensamientos íntimos. Explora el amor no correspondido, los amores prohibidos, la obsesión disfrazada de deseo y la confusión entre la memoria y el sentimiento real. Es el diario de u...
