Lastre.

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Todos sufrimos a nuestra manera.

Todos nos lamentamos.
Todos pasamos por
"los peores momentos de nuestra vida".

Y no en todos los casos es igual.

No todos lloramos igual.
No a todos nos duele igual.

Es lamentable
cómo cada corazón
se hunde en su propia maldita desdicha,
sin pedir ayuda,
sin pedir auxilio.

Solo nos ahorca la idea
de querer ser felices
y seguir sufriendo
por cada maldito momento.

Buscamos refugio.
Tratamos de encontrar
algún rincón escondido
donde pedir compasión
y sentirnos protegidos...

de malos amores,
de falsas amistades,
de muertes,
de ausencias,
de familia,
de fracasos,
de miedos,
del futuro,
del pasado,
del presente.

Lamentablemente,
en este mundo
todos tenemos algo que llorar,
algo que nos presiona el pecho,
que nos hinca,
que nos ahoga.

No sabemos qué hacer,
solo lo sentimos...

ahí,
doliendo,
aplastándonos la sonrisa,
apagando nuestra luz,
rompiéndonos el corazón.

¿Por qué le tememos a la muerte
si la vida
es el mismo infierno?

Nos alejamos de todos
porque creemos
que a nadie le importa nuestro dolor.

Y aunque a veces sea cierto,
en realidad nos hundimos tanto en el nuestro
que no vemos el de nadie más.

Somos tan egoístas
por querer que el mundo se hunda con nosotros
cuando nos sentimos hasta la mierda.

Pero así es la vida, ¿no?

Cada quien con su desdicha,
con su silencio,
cada quien
con su lucha interna.

Inmortal de corazónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora