Migajas.

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Y es que te quiero.

Y cuanto más intento ocultarlo,
más se desborda entre mis acciones,
más se escabulle en los secretos
que juré guardar.

Y es que me vuelves loca.

Sé que muchas de las expectativas fueron mías.

Y aun así,
cada vez que apareces,
vuelvo a imaginar algo diferente.

Me perturba aceptar
que sigo esperando más
de alguien que ya me mostró hasta dónde puede llegar.

Aunque sé
que tú y yo jamás fuimos compatibles
en nada más que el deseo,
me sigue perturbando
la idea de aceptar este amor en migajas,
de conformarme con las sobras
de un sentimiento que nunca fue mío.

Me tortura.

Escapé de lo más parecido a la toxicidad
para terminar habitando
otra forma de inestabilidad.

Y quisiera elegirte.

Pero duele descubrir
que ni siquiera soy una opción
en la lista de tus decisiones.

Entonces me pregunto:
si lo tienes todo,
si ya encontraste esa relación funcional
que tanto defiendes,
¿por qué no terminas de dejarme ir?

¿Por qué no maduras un poco y empiezas hacer las cosas bien?

Porque yo podría hacerlo.

Podría marcharme.

Pero todavía existe una parte de mí
que espera verte hacerlo primero,
como si necesitara comprobar
que eres lo suficientemente valiente
para cerrar la puerta que mantienes entreabierta.

A veces creo que me quedo para intentar ayudarte a ver el amor como algo unilateral.

A mí solo me falta una oportunidad.

Y aun así,
deseo que seas tú quien renuncie.

A veces imagino que me extrañarás,
que mi ausencia te dolerá en algún rincón de tus emociones

Otras veces pienso
que no volverás a recordarme jamás.

Y no sé cuál de las dos verdades
sería más cruel.

Porque una parte de mí
quiere verte sufrir mi pérdida,
quiere la satisfacción amarga
de saber que me tuviste
y me dejaste escapar.

Pero la otra sabe
que probablemente nunca fui algo
que pudieras perder.

Y me enfurece.

Me enfurece aceptar tan poco
solo para seguir cerca de ti.

Me enfurece descubrir
que sigo inventando excusas
para alguien que nunca prometió quedarse.

¿Por qué continúo permitiéndolo?

¿Por qué permito que tomes mi cuerpo
como si te perteneciera,
cuando en realidad
nunca le perteneció a nadie?

A veces no encuentro palabras suficientes
para explicar lo que me haces sentir.

Porque me siento cómoda entre tus brazos,
pero en ellos falta algo.

Falta refugio.

Falta devoción.

Falta esa certeza
que hace entregar el corazón.

Y aunque suene ridículo,
como toda mujer orgullosa
que alguna vez amó demasiado,
guardé la mínima esperanza
de que te enamoraras de mí.

De que un día fueras capaz
de elegirme.

Pero quizá somos demasiado parecidos.

Dos orgullosos narcisistas disfrazados de fortaleza, de independencia.

Dos personas que fingen
para no admitir
todo lo que desean.

Y ya no sé qué más hacer.

Te siento frío.

Distante.

Lejano incluso cuando hacemos "el amor"

Porque parece que en el sexo es la única forma que tienes para amarme.

No me nace entregar más
con alguien a quien no le importa dar igual,

Y aun así lo intento.

Lo intento porque te quiero.

Lo intento porque todavía existe
una parte ingenua de mí
que cree que, si aprendo a amarte mejor,

algún día

lograrás elegirme.

Inmortal de corazónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora