Quimera.

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Tus malditos abrazos...
esos que me reconstruyen
y me rompen al mismo tiempo,
los que me entregas en la cama
antes de perderte en mí.
Y cuando me envuelves
en tus brazos,  desnudos y fríos,
Sin alguna razón, logras abrigarme por dentro.

Me incendias,
cuando jadeas a mis espaldas,
cuando tu voz se quiebra entre gemidos y suspiros, diciendo
lo mucho que te encanto,
lo mucho que te gusto.

Y tu boca, que posa besos dulces,
Aquellos que logran tatuarse en mis labios y en mi piel sin permiso,
condenándome a recordarte,
a pensarte,
en la soledad de mi habitación.

Contigo me siento un mendigo,
rogándote afecto donde solo hay deseo,
porque logras que confunda tus ansias de mí
con dulzura;
porque me haces soñar una maldita vida contigo
con la forma en que tomas mi cintura
al "hacer el amor".

Porque estás dentro
de mi maldita cabeza
toda la noche,
visualizando una y otra vez
esa vehemencia
con la que me tocas
y me arrancas gemidos sin siquiera preguntar.

Y esta química brutal, esta sensualidad,
esa adrenalina
con la que nuestros cuerpos se chocan,
me hace dudar...

¿Y si tan solo fuera real
el simple hecho de querernos?
¿Si todo lo que siento,
todo lo que doy,
todo lo que intento tuviera el más mínimo sentido?

Si existiera siquiera una pizca de verdad
en todas tus mentiras,
juro que lo daría todo...
pero no.
A ti
no te importa
si me quedo vacía, en la nada.

He comprendido que este amor,
loco y lujurioso,
un vicio disfrazado de emoción,
nos atrapa como en una absurda película romántica,
ya que al separarnos
caemos de golpe en la realidad.

Pero cuando vuelves,
cuando estamos juntos,
no existe nadie más.
Y eso es lo peor.

Te necesito...
tanto como tú a mí,
con esa misma intensidad con la que sé que esto no tiene futuro,
porque los dos sabemos
que lo mejor es esto:
juntos,
pero sin pertenecernos.

"Para que nada nos separe,
que nada nos una..."

Inmortal de corazónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora