Las luces frías de la sala de reunión iluminaban los rostros tensos de quienes se encontraban sentados alrededor de la mesa de comando. Alex Morgan al centro, rígido, con los dedos entrelazados. A su derecha, Christopher, serio, con los brazos cruzados. A la izquierda, Sabrina de pie, impasible, frente a la proyección holográfica que mostraba el informe de las últimas horas: Antoni Mascherano oficialmente arrestado, bajo custodia máxima.
Patrick estaba revisando datos en su portátil. Brenda tomaba notas. Rachel, sentada más atrás, observaba todo en silencio, aunque su mirada seguía siempre, inevitablemente, a Christopher.
-¿Y bien? –preguntó Alex rompiendo el silencio–. ¿Cómo lo capitalizamos?
Sabrina giró hacia él, sin pestañear.
-Con estrategia –dijo–. Este arresto es oro. Lo que hicimos con Antoni nos da una ventaja real frente al público. Capturamos a uno de los criminales más buscados de Europa. Hay que usar eso. Ahora.
-Lo estamos haciendo –intervino Christopher con voz grave–. El equipo de relaciones ya redactó un comunicado para el ministerio.
-No basta –cortó Sabrina–. Necesitamos más que un comunicado. Necesitamos un rostro. Un plan. Una imagen poderosa.
-¿Cuál es tu propuesta? –preguntó Alex, entornando los ojos.
-Vamos a lanzar oficialmente la campaña de Christopher como ministro. Ahora. Que el país vea que el hombre que atrapó a Mascherano puede liderar desde el poder civil. Pero con cabeza fría, vamos a mostrar un proyecto de nación.
Bratt bufó por lo bajo.
-Y supongo que tú ya tienes ese proyecto armado, ¿no?
Sabrina lo miró de reojo, sin molestarse.
-Por supuesto –respondió–. Y no pienso hacerlo sola. Este arresto fortalece la idea de autoridad, orden, poder. Pero también necesitamos equilibrio. Necesitamos carisma, conexión, alguien que despierte simpatía y dé confianza.
-¿Quién? –preguntó Rachel con una ceja alzada.
Sabrina sacó su teléfono, desbloqueó la pantalla y marcó.
-Vamos a hablar con Gema Lancaster.
Todos voltearon hacia ella, sorprendidos. En altavoz, el tono sonó una vez. Dos. Tres.
-Hola, Sab –contestó Gema con su voz segura y refinada–. ¿Ya están listos?
-Sí, estás en altavoz. Todos están aquí –dijo Sabrina sin rodeos–. Es hora de que lo sepan.
-Hola a todos –saludó Gema, con una ligera risa encantadora–. Qué gusto hablar con los titanes del poder armado. Espero que no estén tan tensos como suena.
Alex frunció el ceño.
-No entiendo. ¿Qué está pasando aquí?
Sabrina cruzó los brazos.
-Lo que no te conté antes –dijo, mirándolo fijamente–. Gema y yo tenemos un acuerdo. Desde hace años.
-¿Qué tipo de acuerdo?
-Político y militar –intervino Gema, sin filtro–. Yo respaldo financieramente campañas estratégicas que coincidan con los valores de mis fundaciones. A cambio, obtengo respaldo de seguridad y presencia institucional en zonas donde operamos. Desde Colombia, con Sabrina, establecimos rutas de distribución y protección. Desde ahí empezó todo.
-Tú no me hablaste de eso en la cena –dijo Alex, cada vez más molesto.
-Porque aún no era momento –dijo Sabrina con frialdad–. Pero ahora estamos jugando en otra liga. Esto no es solo una campaña, es una reestructuración del sistema. Y necesitamos aliados fuertes.
-Tengo contactos en el Parlamento, en las cámaras de donaciones, medios, y ONGs –añadió Gema–. Yo me convierto en el rostro amable de la campaña. El equilibrio perfecto para la imagen firme y militarizada de Christopher. Mientras él representa la fuerza, yo represento la esperanza.
-¿Y tú? –preguntó Dominik mirando a Sabrina.
-Yo seré la viceministra de campaña –respondió con firmeza–. Encargada de estrategia, relaciones políticas, manejo de crisis, discurso. La estructura detrás del trono.
Christopher la miró, sin hablar. Patrick levantó la mirada de su portátil.
-Suena a una buena jugada. Especialmente si conseguimos controlar el daño por la revelación de Philips.
-Sí –intervino Sabrina–. El arresto de Antoni le demostró al país que Christopher puede tomar decisiones. Pero si ahora nos mostramos como una institución sólida, con alianzas legítimas, con propuestas de política pública, les vamos a probar que Christopher Morgan no solo merece el uniforme, también merece el cargo.
-Yo tengo dudas –dijo Rachel, sin ocultar su incomodidad–. Todo esto parece demasiado preparado.
-¿Eso es malo? –preguntó Sabrina sin siquiera girarse a verla.
-Tengo que hablar con mis socios –murmuró Alex–. Esto no puede tomarse a la ligera.
-No tenemos tiempo –dijo Sabrina–. Gema ya está aquí. Llegó anoche. Está instalada. Tiene citas con tres donantes esta tarde y empieza a aparecer en prensa desde mañana. Si no lo hacemos nosotros, lo hará alguien más.
-Honestamente –intervino Gema–, me pareció divertido dejar que Sabrina se tomara su tiempo para decirlo, pero el acuerdo ya está en marcha. Estoy comprometida con esto. Lo que necesitan es decidir si van a subirse al tren o lo van a ver pasar.
Christopher suspiró.
-¿Y qué más implica esto?
-Una estructura comunicacional nueva –dijo Sabrina–. Eventos, giras, entrevistas, redes, causas sociales que Gema respalda. Cada paso que demos tiene que construir imagen. Vamos a diseñar un perfil que combine autoridad con empatía. Pero se necesita control. Por eso lo hago yo.
-Si esto falla... –advirtió Alex.
-No va a fallar –interrumpió Sabrina–. Porque yo nunca fallo.
La sala quedó en silencio.
-Entonces –dijo Alex finalmente–, prepárense. Que la campaña comienza ahora.
ESTÁS LEYENDO
Diferente //Sabrina Lewis//
FanfictionSoy la que decide mi destino, mi historia la escojo yo, por eso está vez nadie va a manipularme para hacer lo que ellos quieran.
