(Perspectiva de Calisto)
La música electrónica retumbaba por los altavoces del sótano, rebotando contra las paredes de acero y concreto. Luces tenues. Olor a metal, sudor y cuero. El gimnasio privado de mi familia no tenía nada que envidiarle a una base táctica del FBI.
Estaba sola.
Justo como me gustaba.
Me até el cabello en una coleta alta, dejé caer la chaqueta al suelo, y me acerqué al centro del tatami.
El sistema reconoció mi pulsera y activó el protocolo de combate.
Un androide de entrenamiento emergió frente a mí. Armado. Ágil. Rápido.
Perfecto.
—Nivel 5 —dije sin emoción.
Comenzó.
El robot atacó sin piedad, y yo respondí como si lo hubiera estado esperando toda la vida. Puños, patadas, bloqueos, esquives. Mis movimientos eran exactos. Letales. Cada ataque que lanzaba era un mensaje: "No me subestimes. No me toques. No me olvides."
Caí de espaldas, rodé por el suelo y me incorporé con un salto limpio. El impacto hizo que se levantara un poco mi camiseta negra. Lo suficiente.
Ahí estaba.
Tinta negra. Un diamante de zafiro con alas de ángel extendidas. En la parte baja de mi espalda.
El tatuaje que solo unos pocos en el mundo llevaban.
El símbolo que había heredado de mi tío Carlos cuando era apenas una adolescente.
Un símbolo que significaba que eras más que una Scott. Más que una soldado.
Eras un ángel.
Levanté la mirada hacia el androide.
—Nivel 6.
El sistema dudó un segundo. Ni siquiera Mina se atrevía a subir de nivel tan rápido.
Pero yo sí.
Los brazos del androide giraron. Espadas dobles. Ataque total.
—Ven por mí, maldito —susurré con una sonrisa torcida.
El entrenamiento subió de intensidad. Corría, deslizaba, giraba en el aire, golpeaba como si mi vida dependiera de ello. Y, en cierta forma, lo hacía. Necesitaba estar lista. Más que nunca.
Porque algo dentro de mí sabía que lo que venía...
Iba a necesitar a todos mis demonios, y todos mis ángeles.
Golpe final. Una patada giratoria a la cabeza. El androide cayó con estruendo. Fuego artificial de chispas.
Respiré hondo.
La música se detuvo.
El sudor corría por mi espalda.
Pero yo sonreía.
El espejo frente a mí me mostró como era.
Feroz. Solitaria. Libre.
Con la marca en mi piel como recuerdo eterno:
Un diamante. Un ángel. Un arma.
Y el mundo todavía no estaba listo para mí.
Apenas había terminado mi entrenamiento cuando escuché pasos en el pasillo metálico. No me giré. Sabía perfectamente quién venía.
—¡¿Calis, estás aquí abajo?! —gritó la voz chispeante de Mina.
—¡Sabía que estarías entrenando sola otra vez! —añadió Kirishima entre risas.
Ambos entraron al gimnasio, cargando botellas de agua, vendajes y una energía que contrastaba con mi quietud post combate.
—¿Qué? —pregunté levantando una ceja.
—Nada, nada... —dijo Mina con una sonrisa pícara mientras dejaba su botella en una esquina—. Solo queríamos ver si aún sabías sudar como los demás mortales.
—Siempre —respondí cruzándome de brazos.
Kirishima me miró por un segundo más de la cuenta. Frunció el ceño.
—Oye... ese tatuaje.
Mina ladeó la cabeza.
—¿Desde cuándo lo tienes?
Parpadeé. No lo esperaba. Pero tampoco lo oculté.
—Desde los quince.
—¿Es un diamante... con alas? —dijo Mina, acercándose con curiosidad.
Suspiré. Me giré un poco, dejando que ambos lo vieran bien.
—No es solo un tatuaje. Es tecnología. Un canal codificado de comunicación.
Ambos se quedaron en silencio.
—¿Qué? —preguntaron al unísono.
—Una red oculta —expliqué mientras me agachaba junto a un panel de la pared, colocando mi mano justo en la superficie del sensor oculto—. Solo Apolo y yo podemos activarla. No necesita señal. Ni satélites. Ni WiFi.
La marca brilló brevemente con un tenue resplandor zafiro.
Apreté los dientes. Luego dije con calma:
—Angelum Aureum.
Un zumbido sutil vibró en la habitación. Segundos después, una voz metálica sonó a través del intercom secreto empotrado en la pared.
—Calis... ¿me recibes?
—¿Apolo? —preguntó Kirishima, incrédulo.
—Te escucho, hermano —dije sonriendo apenas—. Solo necesitaba saber si aún estás del otro lado.
—Siempre —respondió Apolo—. ¿Estás bien?
—Estoy con Mina y Kiri. Vamos a entrenar un poco. Prepárate. Hay cosas nuevas.
—Perfecto. También tengo noticias. Y armas. Te van a encantar.
La línea se cortó automáticamente.
Kirishima exhaló como si acabara de ver una película de espías. Mina estaba fascinada.
—¿Por qué nunca nos contaste esto?
—Porque es algo que no todos deben saber —respondí sin dureza, pero con firmeza.
—¿Y qué significa Angelum Aureum? —preguntó Mina, aún intrigada.
—"Ángel dorado." Es una clave. Solo responde si estás con vida. Y si confías en quien escucha.
Nos quedamos en silencio un momento. Luego, sin más palabras, los tres nos colocamos las vendas, encendimos el sistema de entrenamiento, y comenzamos a pelear juntos.
Golpes. Risas. Choques de puños.
Nuevos momentos. Nuevos lazos.
Nuevas armas. En más de un sentido.
Éramos más que soldados ahora.
Éramos una familia.
Y en la guerra que se avecinaba...
esa era nuestra mejor ventaja.
ESTÁS LEYENDO
Noches En Brasil
Fanfictionla clase 1A fue seleccionada para una misión en río de Janeiro Brasil..en busca de un "diamante"..los que ellos no saben es que vivirán experiencia magníficas y emocionantes...la clase 1A fue acogida en una familia multimillonaria y mano derecha de...
