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Perspectiva de Calisto

La puerta se cerró con un leve "clic" detrás de Bakugou, y el silencio llenó la habitación del hotel como si todo el caos de Dubái hubiera quedado fuera.

Tiré mi chaqueta sobre una silla, pateé los tacones, y me dejé caer en la cama como si acabara de sobrevivir a una guerra. Técnicamente... lo había hecho.

—Estoy tan harta de correr —bufé, mirando el techo.

—Sos buena en eso —gruñó él, apoyándose contra la pared—. Aunque no lo admitirías ni con un cuchillo en la garganta.

Sonreí de lado. Lo conocía ya lo suficiente para saber que eso era un cumplido.

Bakugou cruzó la habitación y agarró una botella de agua. Me la lanzó con un movimiento seco y certero. La atrapé en el aire, apenas.

—Gracias —dije mientras bebía.

—Te hubieras deshidratado antes de admitir que necesitabas agua, ¿no?

—¿Y vos no hubieras muerto antes de decir "por favor"?

Él se rió, un sonido grave y bajo que me sorprendió por lo sincero.

Silencio otra vez.

Lo miré. Estaba ahí, parado, mirándome con esa expresión seria que nunca sabía si era enojo o concentración... o algo más.

—¿Qué? —pregunté, levantando una ceja.

—Nada —dijo, demasiado rápido.

Se sentó al borde de mi cama sin permiso, como si ya le perteneciera el espacio. Se sacó la chaqueta, quedando con una musculosa negra ajustada, las venas marcadas en los brazos por el esfuerzo del día.

—¿Sabés que podrías agradecerme? —soltó de repente.

—¿Agradecerte por qué?

—No te exploté la cabeza cuando saliste corriendo como una idiota con medio escuadrón pisándote los talones.

Le di un almohadonazo directo al pecho.

—¡Me tenías que cubrir! Era el plan.

—Era tu plan. Yo sólo estaba ahí porque si te mataban me iba a quedar con las ganas de hacerte callar a mi manera.

Lo miré, frunciendo el ceño.

—¿Cómo exactamente planeabas hacerme callar?

Se acercó un poco más. Su voz bajó.

—¿Querés que te muestre?

...Pausa.

Silencio.

Esperando.

Yo, completamente seria, lo miré a los ojos.

—¿Con cinta adhesiva?

Bakugou se quedó congelado por un segundo.

Parpadeó.

—¿Estás jodiendo? —murmuró, entre la incredulidad y la resignación.

—No. ¿Qué? —me encogí de hombros—. ¿Querías pegarme con algo? ¿Usar tu quirk para sellarme la boca?

Él se pasó la mano por la cara.

—Dios... sos más lenta que Denki después de un cortocircuito.

Fruncí los labios, ofendida.

—¿Querés pelear? Porque puedo tirarte por el balcón.

—¿Querés que me quede esta noche?

Me giré hacia él, confundida.

Noches En Brasil Donde viven las historias. Descúbrelo ahora