(Perspectiva de Calisto Scott)
Lugar: Piso 57 del Burj Al Tameer – Zona de seguridad privada
Los pasillos del hotel ya no olían a lujo. Olían a sudor, tensión, y pólvora a punto de estallar.
Me deslicé por la esquina del corredor, la katana envainada en mi espalda y el comunicador en el oído izquierdo.
—Equipo Azul, manténganse dispersos. Omar Khalid está cerca —
susurré.
A veces me pregunto cuántos rostros tiene el enemigo. A veces sonríe como un político. A veces se esconde como un fantasma. Y otras, como en el caso de Omar Khalid, se viste de seda y se baña en oro, creyéndose intocable.
Omar no es un cualquiera. Es el traficante de información más peligroso de Medio Oriente. Se mueve entre jeques, empresarios, y criminales de cuello blanco como si fuera uno de ellos. Lo que lo hace realmente letal no son sus contactos, ni su fortuna, ni sus guardaespaldas con rifles.
Lo que lo hace mortal es su memoria.
Omar no deja huellas. Todo lo que sabe —que es demasiado— lo lleva en la cabeza. Nunca escribe nada. Nunca manda mensajes. Nunca repite dos veces la misma ruta. Tiene códigos, lenguajes no verbales, y un ejército de sombras que harían temblar a cualquier red de inteligencia.
Es el tipo de hombre que puede vender una guerra en pedazos sin que nadie se dé cuenta hasta que ya es demasiado tarde.
Y ahora, según nuestros informes, tiene información sobre los diamantes de zafiro.
No sabemos si los posee, si solo conoce la ruta, o si está vendiéndole los detalles a alguien más. Lo único que sabemos es que esa información está a punto de cambiar de manos esta noche.
Y si eso pasa, todo se va al infierno.
Así que no me importa si tengo que colarme en su fiesta, romperle el cuello a tres de sus hombres, o prender fuego medio hotel.
Yo voy a obtener esa información antes que nadie.
Porque si Omar habla...
Y no lo escuchamos nosotros primero...
no vamos a sobrevivir para escuchar el resto.
No hubo respuesta. Solo un clic. Bakugou. Confirmando que escuchó.
Entonces los vi.
Cuatro guardias. Uniformes negros. Fusiles automáticos.
Estaban custodiando la entrada a un salón secundario, probablemente el cuarto privado del intermediario. El plan era infiltrarnos, escuchar la conversación, copiar la info, desaparecer.
Pero algo en mí quería sacarme la rabia.
Desde que recibí esa maldita llamada, tenía una furia dormida en el pecho.
Y ya no pensaba contenerla.
Deslicé la katana en silencio. El reflejo dorado de mi energía solar recorrió el filo con un zumbido agudo. El guardia más cercano apenas tuvo tiempo de voltear antes de que mi espada cortara el aire.
CRACK.
El primero cayó.
El segundo alzó su arma, pero extendí la mano izquierda y lancé una ráfaga de luz concentrada a sus ojos. Quedó cegado. Lo rematé con una patada en la tráquea.
Los otros dos se reorganizaron. Dispararon.
Rodé por el suelo. Las balas impactaron la pared, rompiendo mármol.
Corrí de frente. Sin miedo. Con rabia.
Corté el arma del tercero en dos, y giré con un tajo limpio que le atravesó el abdomen.
El cuarto me sujetó del brazo, pero activé mi energía al máximo.
Mi cuerpo brilló como un sol contenido.
—Mal movimiento —le dije.
Una explosión de luz salió de mi pecho. El impacto lo lanzó contra la pared. No se levantó.
El pasillo quedó en silencio.
Mi respiración era lo único que se oía. Y los latidos acelerados de mi corazón.
Caminé hasta la puerta doble.
Detrás de esa sala, el tipo que tenía la información sobre los diamantes estaba esperándonos.
Y yo... estaba más lista que nunca.
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( Perspectiva de Apolo Scott)
Lugar: Salón de la fiesta – Piso 55
Mientras Calisto peleaba como una diosa de la guerra, yo me ahogaba en un campo de batalla distinto.
Emiko.
Estaba entre los invitados, hablando con un diplomático que no reconocía. No llevaba el mismo vestido que en Brasil, pero aún tenía esa mirada. Esa forma de observar el mundo como si no temiera a nada.
Y yo no podía dejar de mirarla.
—Apolo —Momo me habló por segunda vez—. ¿Qué estás viendo?
—Nada —mentí.
Pero no dejé de mirarla.
—No seas idiota. Hace cinco minutos que no parpadeás. ¿La conocés?
Tragué saliva.
—Se llama Emiko.
—¿Quién es?
Silencio.
No podía decirlo.
Y eso fue todo lo que necesitó.
Momo frunció el ceño, dolida.
—¿En serio, Apolo? ¿Justo ahora?
—No es lo que pensás...
—¿Entonces qué es?
No tuve respuesta. Porque ni yo lo sabía.
Emiko, como si sintiera mi mirada, me vio.
Nuestros ojos se encontraron.
Su expresión cambió. Un suspiro. Una sombra. Un temblor sutil en sus labios.
Ella también me reconoció.
Momo lo notó.
—Perfecto —susurró con veneno.
Y se fue.
La seguí. Claro que la seguí.
Empujé gente. No me importaba. Necesitaba hablar con ella. Explicarle. Detenerla.
Pero entonces escuché pasos.
Me giré.
Emiko estaba caminando hacia mí.
A paso lento. Firme. Mirándome como si fuera un eco del pasado que no esperaba encontrar.
Y por primera vez desde que llegó a mi vida...
no supe si quería abrazarla o escapar de ella.
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Noches En Brasil
Fanfictionla clase 1A fue seleccionada para una misión en río de Janeiro Brasil..en busca de un "diamante"..los que ellos no saben es que vivirán experiencia magníficas y emocionantes...la clase 1A fue acogida en una familia multimillonaria y mano derecha de...
