33

159 19 2
                                        

(Perspectiva de Calisto)

El diamante descansaba sobre la carta como si supiera exactamente a quién estaba dirigida. Azul zafiro. Brillante. Letal.

Mis dedos temblaron por un segundo antes de que los cerrara en un puño. No iba a mostrar debilidad. No frente a Bakugou. No frente a nadie. Tomé la carta sin pensarlo demasiado, pero no la abrí. No todavía.

—¿Qué significa eso? —preguntó Bakugou, su voz áspera, pero no por enojo. Por miedo. Por mí.

—No lo sé... aún. Pero no es casualidad que esto esté aquí. Este brazalete, este diamante... —me quedé callada un segundo—. Tiene que ver con mi tío Carlos.

Lo vi entrecerrar los ojos, como si analizara cada palabra que salía de mi boca.

—¿Estás diciendo que alguien está jugando con tu pasado?

Asentí, mirando la piedra como si pudiera decirme algo. El mismo zafiro que adornaba el brazalete que Carlos me dio. Solo él sabía lo que eso significaba realmente.

—Bakugou, necesito que contactes a Apolo. Esto es más grande de lo que pensábamos.

Él no lo dudó. Ya estaba sacando su celular mientras yo abría la carta con cuidado. Las letras estaban escritas a mano, con una caligrafía limpia, elegante... demasiado familiar.

"Cuando el sol caiga en sangre, la joya despertará.
No confíes ni en el fuego ni en el hielo.
Solo el reflejo en la sombra sabe la verdad.
Los diamantes no son lo único que brilla."

Mi corazón se detuvo un instante.

—¿Qué dice? —insistió él, acercándose.

Le pasé la hoja y miré alrededor con atención. Esa carta... fue dejada dentro de nuestra mansión blindada. Y eso no es fácil. Quien lo hizo, nos conoce. Conoce cada rincón.

—Esto no es una amenaza —susurré—. Es una advertencia.

De repente, escuchamos pasos corriendo. Era Apolo, recién llegado, con Momo detrás de él, luciendo tan confundida como molesta.

—¿Qué pasó? —preguntó él, respirando agitado.

—Una carta. Un diamante. El zafiro, Apolo... es como el que llevaba el tío Carlos en su anillo. ¿Recuerdas?

Él palideció. Lo recordaba.

—¿Crees que está vivo?

—No lo sé. Pero alguien lo menciona. Y esa persona nos está mirando. Desde cerca.

El silencio se volvió denso, y fue Momo quien habló.

—¿Y qué hacemos ahora?

Miré a los tres. A Bakugou, que me observaba con una mezcla de tensión y admiración. A Apolo, que había estado conmigo desde el primer día. A Momo, que ahora formaba parte de esta red de secretos.

—Vamos a descubrir quién está detrás de los diamantes de zafiro —respondí con decisión—. Y si tiene algo que ver con la desaparición de Carlos, lo vamos a encontrar. Cueste lo que cueste.

Vi cómo Bakugou sonreía apenas. Esa media sonrisa suya que decía "contigo hasta el final" sin tener que usar palabras.

Y yo... yo no podía negar que, en medio del caos, había algo reconfortante en saber que él estaba ahí.

Noches En Brasil Donde viven las historias. Descúbrelo ahora