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(Perspectiva de Calisto)

—¿Listos? —pregunté desde el vestidor, alzando la voz mientras ajustaba mis guantes de cuero negros con bordes dorados.

—¿Nerviosa? —dijo Mina desde la esquina, peinando su melena rosada en ondas perfectas mientras me miraba de reojo.

—¿Yo? Por favor... nací para este tipo de fiestas.

Ella rió suavemente y se acercó, entregándome una máscara plateada con diseño de serpiente.

—Esto es lo más cerca que vas a estar de pasar desapercibida.

—Como si alguna vez lo intentara —sonreí con el mismo filo con el que sujetaba una daga escondida en la abertura lateral de mi vestido.

La habitación estaba llena de tensión contenida. No por miedo. Por la expectativa. Afuera, los autos esperaban. En los canales de audio, las voces de mis padres, de Aizawa y del equipo de vigilancia sonaban firmes.

La fiesta en la Mansión Miller's era la excusa perfecta. En teoría, una gala exclusiva para inversionistas y magnates... pero nosotros sabíamos que debajo del brillo había podredumbre. Allí, se movían los diamantes de zafiro. Y tal vez, el nombre del hombre de la foto.

(Perspectiva de Apolo)

Me observé al espejo, ajustando el cuello de mi traje negro. No era mi estilo usual, pero tenía que admitir que me quedaba bien.

—¿Cómo va eso, Scott? —preguntó Kirishima, saliendo del baño con su traje rojo vino y una sonrisa llena de confianza.

—No parecemos infiltrados. Parecemos estrellas de cine.

—Entonces el plan está funcionando —agregó Denki, que probaba por cuarta vez su comunicador oculto en el reloj—. Mina me matará si esto se descuadra. ¿Sabías que ha entrenado cómo caminar con tacones como si fueran armas?

—Es Mina, obvio que lo haría —dije mientras entraba Seto, elegante, con gafas oscuras que le daban el toque de agente encubierto profesional.

—¿Dónde está Bakugou? —pregunté mientras revisábamos el equipo.

—Aquí mismo, princesitas —gruñó él, entrando con un traje negro impecable, sin corbata, y su clásico cabello rubio desordenado dándole ese aire de "no me importa nada y te destruyo si me miras mal".

Cuando lo vi, casi solté una carcajada.

—¿Quién diría que el dragón se vería bien en traje?

—Abre la boca una vez más, y te dejo sin dientes para sonreírle a las cámaras —bufó él, pero sin la misma rabia de siempre. Era como si... estuviera enfocado. O tal vez, cuidando algo más que su orgullo.

(Perspectiva de Calisto)

—Chicos, es hora —dijo la voz de Aizawa por el comunicador, justo cuando salía del camerino junto a Mina.

La vi. Su traje dorado reflejaba las luces como si fuera fuego en movimiento. Yo iba de negro satinado con detalles plateados. El cabello recogido en una trenza alta. Tacones como dagas. Y la mirada... lista para cazar.

Nos reunimos todos frente a los autos.

—Este es el plan —dijo Apolo, señalando un mapa digital en su tablet—. Ingresamos a la mansión en parejas. Mina y Denki por el ala oeste, donde están los servidores. Seto y Kirishima por la zona de seguridad. Calisto y Bakugou directo al corazón: la sala principal donde estará Miller.

—¿Y tú? —le pregunté a Apolo.

—Yo estaré como enlace móvil. Si algo sale mal, entraré desde el jardín trasero. Tengo acceso a los drones y el pulso de comunicación.

—¿Y nuestros papás? —pregunté, sin perder la firmeza.

—Arriba. En el helicóptero. Nos cubren desde el aire.

Bakugou me miró de lado mientras subíamos al auto.

—¿Lista?

—Siempre —respondí, lanzando una sonrisa feroz.

(La Mansión Miller's - 22:13 PM)

El auto se detuvo frente a la entrada iluminada por luces doradas y columnas decoradas con diamantes falsos. Todo brillaba. Todo era apariencia.

Bajamos juntos. Él me ofreció la mano, como si fuéramos una pareja real. La tomé. Al menos esta noche, íbamos a jugar el papel.

Cámaras. Seguridad. Risas falsas. Música elegante. Hombres y mujeres con joyas que costaban lo que una casa entera. La podredumbre envuelta en terciopelo.

—Mira arriba —susurró Bakugou.

El helicóptero volaba a distancia, apenas visible entre las nubes. Pero estaba ahí.

La voz de Aizawa volvió a sonar:

—Contacto confirmado. Miller está en el salón principal, acompañado de un sujeto desconocido. Calisto, Bakugou, acerquen la señal.

—Vamos a bailar —le dije a Bakugou, entrelazando mi brazo con el suyo.

—No bailo.

—Esta vez sí lo harás.

Y mientras entrábamos, con nuestras sonrisas afiladas y pasos seguros, entendí que el juego había comenzado.

Ya no había vuelta atrás.
Los diamantes. La foto. Los secretos.
Todo estaba ahí...
Esperando ser descubierto.

Noches En Brasil Donde viven las historias. Descúbrelo ahora