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(Perspectiva de Calisto)

El comedor principal de la mansión Scott estaba tan silencioso que se podía oír el tic-tac del reloj de pared. Nadie hablaba. Nadie se atrevía a masticar.
¿La razón?

Bakugou estaba sentado frente a Apolo.
Y Apolo lo miraba como si la mesa fuera una sala de interrogatorio del FBI... y él el agente más sádico del planeta.

—¿Quieres jugo? —le pregunté a Bakugou con tono casual, intentando romper la tensión.

—...por favor —respondió, sin apartar la mirada de Apolo.

—¿Vas a matarlo ahora o esperamos el postre? —murmuró Mina a mi lado, con una sonrisa nerviosa.

Apolo entrecerró los ojos.

—¿Sabes cuál es el peor crimen, Bakugou?

—¿Besar a tu hermana? —contestó él sin filtro.

Todos se quedaron en silencio.

—Sí. Exactamente. —dijo Apolo, cruzando los brazos—. Pero también mentirle al tipo que confía en ti en una misión.

—No mentí —replicó Bakugou, encogiéndose de hombros—. Sólo... no lo grité en voz alta.

—¡OH POR FAVOR! —exclamó Denki desde el fondo—. ¿Esto es una operación internacional o un culebrón brasileño?

Antes de que alguien más pudiera añadir algo, las puertas se abrieron. El aire cambió.

Aizawa y Francis Scott entraron con el paso firme de dos hombres acostumbrados a tomar decisiones que pueden cambiar el mundo.

—A la orden —dijo Sero, poniéndose serio al instante.

—Tomen asiento —ordenó Francis con voz grave.

Todos se acomodaron. Aizawa desplegó un mapa digital sobre la mesa desde su reloj táctico.

—Los diamantes siguen apareciendo en lugares estratégicos —empezó—. Cada uno está vinculado a una antigua red de contrabando que colapsó hace diez años.

—Pero hay un nuevo líder moviendo las piezas —agregó Francis—. Inteligente. Preciso. Y está usando los diamantes no sólo como armas, sino como códigos. Cada uno tiene información encriptada.

—Necesitamos dividirnos —dijo Aizawa—. Tenemos poco tiempo. Van a viajar por el mundo. Cuatro equipos. Cuatro objetivos.

Se proyectaron los lugares:

→ Estados Unidos
→ Francia
→ España
→ Dubái

—Ustedes —dijo Aizawa, señalando a Bakugou, Calisto, Apolo, Mina, Sero, Kirishima y Denki—. Se van a Dubái.

—¿Por qué Dubái? —preguntó Kirishima.

—Porque el último diamante fue vendido en una subasta privada hace tres días. El comprador: Khaled Mahran, un magnate de autos exóticos y armas experimentales —explicó Francis—. Creemos que lo tiene en una de sus colecciones personales.

—¿Y cómo nos infiltramos? —pregunté, ya en modo "acción".

—Ya están registrados como corredores en su próxima competencia ilegal —dijo Aizawa—. Cuatro autos. Cuatro entradas. La excusa perfecta para infiltrarse a su mansión cuando todos estén mirando la carrera.

—¿Y el resto? —preguntó Apolo.

—Izuku, Yaoyorozu, Jirou, Tokoyami, Iida y los demás irán a los otros países. Cada uno tendrá su pista. Pero si lo que sospechamos es cierto, Dubái es el centro del tablero.

—¿Cuánto tiempo tenemos? —preguntó Bakugou.

—Una semana. —dijo Francis con seriedad—. Siete días exactos para encontrar el diamante, descifrar su información... y salir vivos.

La tensión volvió a caer en la mesa.

Hasta que Apolo habló de nuevo.

—Tienes una semana para demostrar que mereces a mi hermana. —le dijo a Bakugou con tono seco.

—¿Y si lo hago? —replicó él, con una sonrisa de medio lado.

—Entonces tal vez no te mate.

Todos soltamos una risa nerviosa. Pero en el fondo... sabíamos que la próxima vez, no habría risas.

Aizawa se cruzó de brazos.

—Vayan a empacar. Se van en dos horas.

Me levanté con la adrenalina ya corriendo por mis venas.
Dubái. Autos. Diamantes.
Y él.

Miré a Bakugou por un segundo. Su mirada se cruzó con la mía.

Nos íbamos a lanzar a la boca del lobo.
Pero por primera vez...
No tenía miedo.

Tenía un equipo.
Tenía un objetivo.

Y por primera vez en mucho tiempo...

Tenía a alguien a mi lado que no iba a dejarme sola.

Noches En Brasil Donde viven las historias. Descúbrelo ahora