(Perspectiva de Apolo)
El pasillo estaba vacío. O eso pensé.
Me movía en silencio, como me había enseñado mi madre. Brazos flexionados, pasos suaves, respiración controlada. La mansión tenía demasiadas puertas cerradas, y cada una podía esconder un infierno diferente.
—Aizawa, estoy entrando al ala este —susurré por el comunicador—. Hay una sala con seguridad reforzada. Posible caja fuerte.
—Recibido, Scott. Avanza con cuidado.
Giré la perilla con lentitud. Al abrir la puerta, me encontré con una habitación amplia, repleta de vitrinas con joyas, obras de arte... y al fondo, una caja fuerte abierta, como si alguien hubiera llegado antes que yo.
—No puede ser... —murmuré, acercándome.
Sobre la mesa, descansaba un maletín negro, abierto, con un brillo oscuro en su interior:
Un diamante.
No azul.
Carmesí.
—Cambio de planes —dije rápidamente—. Encontré algo. Otro diamante... y no es el mismo.
Pero no tuve tiempo de más.
Detrás de mí, dos sombras se movieron.
—¡ALTO AHÍ! —gritó uno de los guardias, levantando su arma.
No esperé. Me lancé hacia la mesa, deslicé el maletín bajo el brazo y rodé justo cuando una bala atravesó la pared junto a mi cabeza.
El primer guardia corrió hacia mí. Lo esperé, lo giré con un movimiento de cadera y lo estampé contra un estante. El vidrio estalló. Su compañero vino desde el costado. Esquivó mi primer golpe y me dio un puñetazo en la mandíbula que me hizo tambalear. Sentí el sabor metálico en mi boca.
—Vamos, carajo... —murmuré, sacando un cuchillo plegable que tenía escondido en el cinturón.
El segundo tipo era más fuerte, pero más lento. Lo usé a mi favor. Lo desorienté con un rodillazo, le arrebaté el bastón que llevaba y lo dejé inconsciente con un solo golpe certero en el cuello.
—¡Apolo! —la voz de Calisto irrumpió por el auricular.
—¡Lo tengo! Tengo otro diamante. ¡No es el mismo! Es carmesí, repito, carmesí.
—¡Corre! Te cubrimos. ¡Sal por la entrada trasera!
Salí disparado. El maletín pesaba como si llevara una bomba nuclear. Sentía que el corazón me iba a salir por la garganta. Cada corredor era un riesgo. Cada puerta podía significar otra pelea.
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(Perspectiva de Calisto)
Estábamos cerca del salón principal. Bakugou caminaba a mi lado, atento a cada mirada sospechosa, cada gesto fuera de lugar.
—Ese es el tipo de la foto —le dije en voz baja, señalando al hombre con barba gris que hablaba con Miller—. Pero hay que esperar...
—¡Calisto! —sonó la voz de Apolo en mi auricular—. ¡Lo tengo! ¡Encontré otro diamante!
—¿Qué? ¿Otro?
—¡Rojo! ¡Salgo ahora!
Bakugou y yo nos miramos. Él no dijo nada. Solo asintió. Sabía que esto ya no era parte del plan original.
—Tengo que irme —le dije, dándome la vuelta.
—Te cubro.
Corrí entre la multitud, cruzando salones, empujando cuerpos adornados de oro y perfume caro. El grito de un guardia sonó detrás de mí. Ya no era infiltración. Era huida.
⸻
(Perspectiva de Apolo)
Las alarmas comenzaron a sonar.
¡ALERTA! INVASIÓN EN CURSO.
Corría como si el infierno me persiguiera. El pasillo trasero estaba más oscuro. Los tacones de seguridad resonaban detrás. Oía gritos. Órdenes. Disparos.
—¡Apolo, gira a la derecha! —gritó Kirishima por el canal—. ¡El camino izquierdo está bloqueado!
Mis piernas dolían. Respiraba entrecortado. El maletín me resbalaba por el sudor de las manos, pero no podía soltarlo. No podía.
Cuando llegué al punto de salida, vi a Seto y Denki abrir una puerta trasera. El jeep blindado estaba esperándonos.
—¡VAMOS, VAMOS! —gritó Sero.
Subí con un salto, justo cuando una bala rozó el costado del vehículo. Kirishima tiró de mí y cerró la puerta de golpe.
—¿Lo tienes? —preguntó Denki, jadeando.
Abrí el maletín.
El brillo carmesí iluminó la cabina del auto.
Silencio.
Nadie se movió.
Solo se oía el motor y mi respiración agitada.
—¿Qué demonios es eso? —murmuró Kirishima.
—No es solo un diamante... —dije, con la voz quebrada—. Es otra pieza del rompecabezas. Y alguien no quiere que sepamos para qué sirve.
⸻
(Perspectiva de Calisto)
A lo lejos, vi el jeep arrancar con Apolo dentro. Me detuve, escondida entre las sombras del jardín, mi respiración descontrolada, la máscara apenas colgando de mi rostro.
—Apolo... —susurré.
Estaba a salvo.
Pero lo que teníamos ahora... era más grande de lo que habíamos imaginado.
Y este diamante carmesí...
Se sentía como el principio del fin.
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Noches En Brasil
Fanfictionla clase 1A fue seleccionada para una misión en río de Janeiro Brasil..en busca de un "diamante"..los que ellos no saben es que vivirán experiencia magníficas y emocionantes...la clase 1A fue acogida en una familia multimillonaria y mano derecha de...
