Perspectiva de Calisto
El reloj marcaba las 4:02 AM cuando mi tablet vibró.
No era una alarma. No era una notificación común. Era un mensaje.
Número desconocido.
Deslicé para abrirlo, medio adormilada, el cuerpo aún entumecido por todo lo que había pasado esa noche. Bakugou dormía profundamente a mi lado, su respiración pesada, brazo extendido sobre mi cintura como si inconscientemente supiera que el mundo allá afuera todavía ardía.
Mensaje:
"El Zorro tiene lo que buscás. Corre esta noche en Dubai Creek. 2:00 AM. Honda S2000 negro. Si lo querés, ganale. Si no... perdelo todo."
Me incorporé de golpe.
—¿Qué? —murmuré.
El mensaje venía con una imagen borrosa adjunta: un tipo alto, con capucha negra, bajándose de un auto japonés, mientras otros corredores lo rodeaban como si fuera leyenda. Al fondo, se veía apenas un maletín en su mano izquierda. El maletín que reconocía de las cámaras de seguridad de Moscú.
Era él.
Rami, apodado "el Zorro". El tipo que había estado un paso delante de nosotros desde el inicio.
Y ahora sabíamos dónde iba a estar.
Me levanté en silencio, dejé un beso en la mejilla de Bakugou y fui directo al living del hotel, donde Denki y Sero dormían en el sofá como dos gatos muertos de cansancio.
—¡Arriba! —les lancé una botella vacía que rebotó en la cabeza de Denki—. Tenemos carrera.
—¿Qué? ¿Qué hora es? —balbuceó, medio zombie.
—Hora de que dejen de dormir como civiles. Tenemos pista. Y tenemos objetivo.
Apolo y Mina llegaron en dos minutos, alertados por mi llamada rápida. El equipo Azul estaba reunido de nuevo, pero ahora... las reglas habían cambiado.
—¿Quién es Rami? —preguntó Apolo, mientras revisábamos el mapa del Creek, una zona de carreras subterráneas que se armaba al borde del agua, bajo túneles y puentes de concreto.
—Rami es el tipo que sabe dónde están los papeles restantes de los diamantes. Los originales. Si lo atrapamos, cerramos el rompecabezas. Si lo perdemos... se acabó el juego.
—¿Y cómo se supone que lo atrapemos? ¿Con amenazas? —preguntó Mina, cruzada de brazos.
Negué.
—Con velocidad.
⸻
A las 1:52 AM, estábamos en la línea de llegada.
Había luces neón. Había humo. Había motores rugiendo como bestias hambrientas.
Y entre ellos... estaba él.
El Honda S2000 negro del 2001, con luces violetas debajo del chasis y detalles plateados sobre la pintura. Puro veneno.
A su lado, un Ford GT40 del 65, azul y blanco como una reliquia de guerra.
—Nosotros vamos en esos dos —dije, señalando los autos que habíamos conseguido gracias a un contacto de Sero en Dubái. El S2000 era mío. El GT40, para Apolo.
—Pensé que íbamos de incógnito —gruñó Bakugou, poniéndose guantes negros de cuero.
—Lo vamos —respondí—. Pero si me van a ver... que sea mientras los dejo tragando polvo.
Denki silbó.
—Dios, me encanta cuando hablás así.
—Cállate y subite al maldito auto de apoyo.
El "evento" estaba montado con drones, pantallas y apuestas ilegales en criptomoneda. Era otro mundo, otra jungla. Si uno pestañeaba, se perdía.
Me acerqué a la línea de salida. Rami también. Sus ojos se cruzaron con los míos.
No dijo nada.
Pero sonrió.
Una sonrisa de quien cree que va a ganar.
—Que empiece el juego —le murmuré al viento, encendiendo el motor.
El S2000 rugió como si me conociera de antes. Como si supiera que esta noche, el pasado se ponía en juego. Y si había que apostar, yo apostaba todo.
Las luces cambiaron.
Rojo.
Rojo.
Amarillo.
Verde.
Y salimos disparados al infierno.
⸻
Las ruedas chirriaban. El viento me azotaba la cara. El mundo era un túnel de velocidad, neón y adrenalina pura.
Rami era rápido.
Pero yo era más letal.
Derrapamos entre callejones, pasamos por debajo de puentes donde el concreto se agrietaba por la presión. Cada giro era una decisión de vida o muerte.
El GT40 con Apolo nos seguía de cerca. Mina y Denki coordinaban por radio desde una camioneta negra a kilómetros detrás, rastreando todos los movimientos.
—¡Curva cerrada a la derecha! —avisó Sero.
Giré el volante sin dudar. El auto respondió como si fuéramos uno.
Rami no lo vio venir.
Lo adelanté en un túnel estrecho, tan cerca que sentí las chispas saltar entre nuestros chasis.
—¡Eso es! —gritó Bakugou desde el asiento del copiloto—. ¡Eso, maldita fiera!
Estaba viva. Estaba corriendo. Estaba ganando.
Y Rami... perdía.
Cuando crucé la línea final, el mundo estalló en luces, gritos, y el rugido colectivo de cientos de voces.
Frené en seco.
El Zorro había caído.
Rami salió de su auto, jadeando, con el maletín aún en la mano.
—¿Quién sos? —preguntó.
Bajé del auto. Camisa negra pegada al cuerpo por el sudor, los ojos brillando con furia y fuego.
—La que vino a recuperar lo que le pertenece.
Él me miró por un segundo... y sonrió otra vez.
—Entonces vení por ello, Calisto Scott.
Y extendió el maletín.
Lo tomé.
Sin una sola palabra más.
⸻
Esa noche, el equipo Azul volvió al hotel con más de lo que esperaba: pruebas, papeles, planos, nombres.
Pero algo en mi pecho decía que el Zorro no nos lo había dado todo. Que su sonrisa escondía algo más.
Algo que nos iba a costar.
Pero por ahora...
Habíamos ganado.
Y la guerra... recién empezaba.
ESTÁS LEYENDO
Noches En Brasil
Fanfictionla clase 1A fue seleccionada para una misión en río de Janeiro Brasil..en busca de un "diamante"..los que ellos no saben es que vivirán experiencia magníficas y emocionantes...la clase 1A fue acogida en una familia multimillonaria y mano derecha de...
