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(Perspectiva de Calisto)

El rugido de los motores rompía el silencio de la noche como un trueno en guerra.

—¡Nos están alcanzando! —grité mientras giraba bruscamente el volante, el auto deslizándose por la carretera mojada como una serpiente furiosa.

A mi lado, Bakugou maldecía mientras recargaba sus guantes explosivos.

—¡Dime que no son esos malditos SUV negros otra vez!

—Son ellos —respondió Sero desde el comunicador—. Confirmado, cuatro autos en persecución. ¡Uno en cada flanco!

—Tenemos que dividirnos —dijo Apolo desde su auto—. Kirishima y Denki, vayan por la ruta de la montaña. Mina, tú y Seto tomen la costera. ¡Nosotros vamos directo a la frontera con el helicóptero cubriéndonos desde el aire!

—¡Recibido! —gritaron todos al unísono.

Las luces de los vehículos enemigos nos cegaban por momentos. Uno de ellos intentó embestirnos por el lado izquierdo.

—¡Sujétate! —grité.

Giro cerrado. El neumático chilló y mi auto golpeó al enemigo de costado. El otro se tambaleó, se descontroló y se estrelló contra una barrera metálica. Explosión.

—¡Uno menos! —gritó Bakugou con una sonrisa salvaje—. ¡Así se hace!

Otro se acercaba desde atrás.

—¡Yo me encargo! —dijo Bakugou, sacando medio cuerpo por la ventana con una granada comprimida.

—¡¿Estás loco?! ¡Vuelve adentro! —le grité, pero él ya había lanzado el artefacto con precisión quirúrgica.

BOOM.
El auto enemigo voló en pedazos, la onda expansiva iluminando la carretera como fuegos artificiales mortales.

(Perspectiva de Apolo)

Mi respiración era agitada. El volante vibraba por la velocidad. El maletín con el diamante carmesí estaba en el asiento trasero, sujeto con correas. No podía permitir que lo perdiera. Ni muerto.

—Tengo dos en la cola —avisé.

—¡Estoy llegando! —dijo Kirishima por el comunicador.

Vi por el retrovisor cómo uno de los SUV enemigos se alineaba para disparar.

—¡Ahora! —grité.

Desde la derecha, el auto de Kirishima irrumpió y embistió al enemigo con fuerza. Chispas. Cristales. Gritos.

—¡¿Lo viste?! ¡Esa fue de 10! —gritó Kiri emocionado.

—¡Te debo una!

—¡Me debes dos, hermano!

(Perspectiva de Mina)

La costa era peligrosa. Curvas cerradas, acantilados, vientos. Pero era nuestro escape. Con Seto al volante, nos movíamos como un rayo entre sombras.

—Tengo visual del helicóptero —dijo él—. Tus padres están encima, monitoreando.

—¡Aizawa también! —agregó Mina—. ¡Nos cubren desde el aire!

(Perspectiva de Calisto)

—¡Nos interceptan por el frente! —gritó Bakugou.

Aceleré. No había otra opción. O rompíamos la formación... o nos atrapaban.

Mi corazón latía con furia.

—¡Calisto, hay un camino por el lado derecho! —gritó Apolo por la radio—. ¡Estrecho pero directo!

No lo dudé. Giré a toda velocidad, los neumáticos chirriando, dejando marcas en el pavimento caliente. Los árboles nos rodeaban. Las ramas golpeaban el parabrisas. La velocidad era insoportable.

—¡Bakugou, ¿estás bien?! —pregunté, esquivando una roca.

—¡Sigo aquí, maldita sea, y me estoy divirtiendo!

El helicóptero pasó por encima.

—Aquí Carlos Scott —la voz de mi tío sonó en el comunicador—. Estamos eliminando a los enemigos del sur. ¡Mantengan la ruta! ¡Ya casi están fuera!

(Perspectiva de Apolo)

Vi la salida a la carretera principal. Habíamos logrado romper la formación.

—¡Todos, a punto de encuentro alfa! ¡Ahora!

Los vehículos de nuestros compañeros comenzaron a reunirse uno a uno. El polvo. El humo. El olor a pólvora.

Y detrás, en el cielo, el helicóptero descendía lentamente. Una figura familiar nos esperaba colgando de la cuerda descendente.

Aizawa.

(Perspectiva de Calisto)

Detuve el auto con un derrape perfecto. El motor humeaba. Mis manos temblaban, pero no de miedo. De adrenalina.

Bakugou me miró con una sonrisa torcida.

—Debo admitirlo, princesa... eres buena.

—Y tú no estás tan mal explotando cosas.

—¿Qué pasa ahora? —preguntó él, serio.

Miré el cielo, el helicóptero aterrizando. Apolo saliendo de su auto con el maletín aún cerrado.

—Ahora... —dije en voz baja—. Ahora descubrimos por qué alguien está dispuesto a matarnos por esto.

Y por primera vez, tuve miedo.
Porque sentía que esto recién comenzaba.

Noches En Brasil Donde viven las historias. Descúbrelo ahora