Llegar a esta maldita academia fue mi primer error.
Dos chicos que me atormentan incluso mas que las pesadillas de mi pasado.
Ahora seré inculpada por los oscuros y perturbadores asesinatos ocurridos dentro de la academia desde mi llegada. Todo se c...
El wolfsbane permanece en mis venas. Puedo sentir el veneno quemar mientras atraviesa mi cuerpo de manera tenue. Los mareos han disminuido pero siempre permanece ese cansancio como si necesitara una hidratación urgente para reanimar mi cuerpo.
La falta de comida también es un factor que solo me mantiene tirada en este suelo sin muchas energías para seguir tirando de las cadenas. Conrad decidido castigarme sin poder almorzar y cenar ayer, tal vez sea por que le aruñe la cara en cuanto lo tuve lo suficiente cerca mientras me daba comida en la boca...
Escucho el crujir de la madera y ya se que es el que viene.
No se tarda en aparecer, hay una pequeña cicatriz aun curándose en su mejilla y eso me da algo de satisfacción. Algo refrescante dentro de este maldito infierno. Pero aguantare, sé que aguantare.
—Creo que ya aprendiste la lección de ayer — me dice mostrándome un plato de comida humeante con comida recién hecha. Se me hace agua la boca. Pero realmente no puedo expresar nada, mi cuerpo pesa demasiado es como si estuviera tan borracha que ya no tengo control de mis extremidades y me siento tan pesada.
Levanto la mirada viendo sus movimientos pero no le digo nada.
—Eres demasiado testadura para tu bienestar — dice y luego se sienta en un banco frente mío y dándome a probar el primer bocado. No saboreo el huevo frito por mucho solo trago, permanezco en silencio tomando cada bocado como si la comida fuese a desaparecer. En cuanto termino y el me limpia la boca es cuando me siento con un toque más de energía y decido hablar.
—¿Puedo preguntar algo?
—Depende la pregunta
—Es curiosidad
—Adelante — me dice revisando mis cadenas asegurándose estén cerradas y luego camina a la mesa donde se encuentra el veneno.
—¿Fuiste tu el de las cartas en la academia?
El se queda quieto por dos segundos pero sigue manejando la jeringa y se voltea a mi con una sonrisa.
—Por supuesto, en cuanto di con tu ubicación quería empezar a destruir tu mente — me toma el brazo con fuerza insertando el wolfsbane rápido y sin delicadeza — desde el incendio, ese día cuando vi que había dos cuerpos supe que habías sobrevivido, te atreviste a intentar matarme pero lo que jamás se sale de mi mente es ver a mi hermano achicharrado por tu culpa
—Papa era un enfermo como tu — contrataco
—Y luego Aaron. El pobre angelito
—No tienes derecho a hablar de el — rechino mis dientes sintiendo mi estomago revolverse por el efecto del wolfsbane. Pero no duele como antes.
—Por tu culpa ellos ya no están aquí Nadine, ¡Tu fuiste quien los mato no yo! — me grita y mi pecho se aprieta repitiendo sus palabras en mi mente, las mismas palabras que me han atormentado— ¿Por qué lo hiciste?
—No te hagas el que no sabe
—¿Por qué causaste el incendio?
—No se
—Claro que sabes mocosa — me toma de los cachetes apretando con sus dedos —¿Por qué causaste el incendio?
—¡Yo no quería el incendio! — mis lagrimas brotan y no quiero ocultarlas —Yo... solo quería que pararan
—¿Quiénes?
—Solo quería que tú y papa murieran — digo al fin y eso le da satisfacción.
—Tú también reconoces la asesina que eres, ¿pero donde deja Aaron esto? ¿Daño colateral?
—Mi hermano no fue daño colateral —escupo queriendo enterrarle un cuchillo en la garganta, o un vidrio, lo mas cerca que tuviera.
—Lo asesinaste
—¡Papa lo encerró! — jalo de las cadenas intentando romperlas inútilmente, siento mis ojos brillar con fuerza lobuna pero no es suficiente y a esto mi ti le causa gracia mientras da unos pasos atrás.
—Lo mataste Nadine
—No, yo no-
—Mataste a tu hermanito
—Cállate maldito
—Aaron tenia, ¿Cuántos? ¿Siete?
Siento la ira querer tomar control sobre mi mientras revivo esas imágenes en mi cabeza, como lo oí gritar y no lo pude alcanzar.
—Cállate, no tienes ningún derecho
—Asesinaste a tu padre y dejaste tu hermano pagara por ese pecado, decidiste dejarlo morir.
—¡Nooo!
Mis venas arden pero en metida en mis memorias no me di cuenta que forcejeaba hasta que las cadenas se rompen. Es entonces que la expresión de mi tio cambia.
Cambio el juego
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