❝ Nunca podrán huir de su pasado pero
tal vez, solo talvez, puedan encontrar
un futuro medianamente diferente... ❞
Donde Kamy, que ha sido entrenada durante toda su niñez con el objetivo de ser la mejor asesina que el mundo haya conocido, termina...
28 ❝ Gracias por anclarme a algo, aunque sea a la oscuridad. ❞
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Myko salió de la oficina, un peso más se había sumado a la carga que llevaba.
Antes de hacer lo que debía, fue a la habitación de su hermana. Abrió la puerta con cuidado, deslizándose lentamente dentro de el cuarto. Paseó su vista por el lugar, Kamy estaba dormida en la cama, como se lo imaginaba. Se acercó a ella con pasos silenciosos, se detuvo al borde de la cama... y observó.
Observó su cabello desparramado sobre la almohada, como su rostro estaba totalmente en calma, no había muecas, ni movimientos bruscos, solo el subir y bajar de su pecho cubierto bajo las sábanas. Frunció el ceño al notar algo extraño.
Kamy sudaba.
Frunció el ceño, llevando una mano temblorosa al cuello de la niña, rogándole al universo que no se despertara por el toque. Ambas pieles hicieron contacto, Kamy se removió y Myko suspiró. Otra vez tenía fiebre, sin motivo alguno.
Kamy llevaba más días de los que a su hermano le gustaría presentando extraños episodios de fiebre sin motivo aparente. Terminaban tan extraño como iniciaban, no había medicina que hiciera efecto sobre esa fiebre. En algún punto, solo desaparecía por si misma.
Myko salió de la habitación, dispuesto a irse a la suya. No pudo evitar pensar en que todo dentro de la niña había comenzado a cambiar desde que comenzó a aprender sobre el Nen. No había explicación, al menos, no una agradable de conocer.
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El azabache se sentó sobre la cama, sacando las cosas de su mochila, aquella que se había negado a vaciar desde que salieron de la mansión. Bolsas, camisas, papeles, y finalmente el montón de carpetas que había logrado recuperar de la vieja habitación de su padre.
Observó los documentos separados por color y los acomodó sobre su cama, tirando al suelo todo lo demás.
⸻Mierda. ⸻ Murmuró, deslizando sus dedos por su cabello.
No se sentía listo para saber.
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