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Ella

Desde que huyeron de el Ryodan, Killua habla realmente poco

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Desde que huyeron de el Ryodan, Killua habla realmente poco. Aunque tratara de fingir que todo estaba bien, Gon lo conocía lo suficiente como para notar que esa distancia no era precisamente intencional, algo lo perturba casi tanto como a él. Aislarse es su forma de defenderse de su cabeza. Una vaga manera de anestesiar de forma inconsciente su dolor.

Una nueva mañana llegó, fría y silenciosa. El mundo siguió su curso y el resto de personas comenzaron sus actividades, como de costumbre.

Una vez más, Killua no había logrado conciliar el sueño en toda la noche. Aún con los ojos cerrados, su mente no paraba de hacer ruido.

La luz se coló por la ventana, iluminando su rostro y obligándolo a darse la vuelta. No pasó mucho tiempo para que se sentara al borde de la cama, frotándose los ojos con las manos. Era demasiado temprano como para que Gon estuviera despierto. Se levantó y caminó lentamente hasta la sala, tirándose en el sillón, dejando caer su cabeza hacia atrás.

Su mente no lo dejaba en paz, incluso cuando se esforzaba por hacerla callar.

Había algo en esa niña que le resultaba desagradablemente familiar. No podía definirlo, ni llevar su idea a palabras. Solo lo sentía como una punzada constante en la sien, como si su cuerpo tratara de decirle esa verdad de la que él tanto ha intentado huir.

⸻¿Estás bien? ⸻ Preguntó Gon, saliendo somnoliento de otra habitación. El peliblanco se sobresaltó, levantando la cabeza para mirar a su amigo. Se culpó internamente por haberlo despertado. ⸻¿Killua? Te hice una pregunta. ⸻ Repitió el azabache, casi en un susurro. No tenía ganas de presionar, solo quería traer a su amigo devuelta a la realidad.

Killua tardó en responder. ⸻Sí. Solo... pensaba en demasiadas cosas.

Gon no dijo nada. Había algo en su silencio que consolaba al albino. Gon no lo presionaba. No le exigía respuestas, ni estabilidad.

Killua suspiró como si el mundo lo asfixiara. Se inclinó hacia adelante, apoyó los codos en sus rodillas y escondió el rostro entre sus manos. La voz de esa niña, su deseo de sacarlos de ahí, e incluso el hecho de que no activó su Nen cuando él se le acercó.
Algo en todo eso le dolía de un modo muy específico. Miedo. Le aterraba la idea de no estar equivocado.

⸻¿Crees que era ella? ⸻ Preguntó Gon, muy bajo. Temía que alguna de sus palabras fuera un detonante. Killua la pasó realmente mal cuando estuvieron en el Coliseo y no le gustaría verlo recaer. Incluso, después de meses, sigue sin comer ni dormir como debería.

Killua se tensó. Gon no entendía, no lo hacía en lo absoluto. ⸻"Ella" tiene un nombre. ⸻ Masculló, con notoria molestia. El moreno retrocedió, con una mueca. Le frustraba no poder ayudar a su amigo. Killua levantó la cabeza casi de inmediato para mirarlo. ⸻Yo... no fue mi intención. ⸻ Apretó los labios en una línea. Gon no merecía su miseria.

El azabache pestañeó un par de veces, asimilando que quizás Killua puede empeorar si no interfiere cuanto antes.

⸻Kamy nunca se uniría al Ryodan. ⸻ Murmuró el peliblanco. Estaba al borde de romperse en pedazos. Su tono era hueco. Estaba repitiendo una línea en la que ya ni siquiera él creía del todo.

Sus palabras no tenían peso, no se sentía seguro de su afirmación. Ese "nunca" se ve como un ladrillo mal colocado, intentando tapar una grieta que sigue creciendo.

⸻Han pasado muchas cosas... ⸻ Gon desvió la mirada. ⸻A veces hacemos cosas que nunca pensamos que haríamos.

Killua lo miró una vez más, y por un momento, pareció un niño pequeño. Uno que aún no sabe cómo sobrevivir al duelo de no saber lo que ocurre con la persona que ama.

⸻Si fuera Kamy... ¿por qué no dijo nada?

⸻Quizás no puede, quizás ya tomó una decisión, o quizás esa niña ni siquiera es Kamy.

Killua tragó saliva, cerrando sus ojos. ⸻Siempre pensé que si la veía otra vez, sabría de inmediato que era ella. Sin importar qué. Pero ahora...

Ahora dudaba. Ahora temía ser capaz de tenerla tan cerca y no reconocerla en lo absoluto. Y más que eso, temía haberla perdido por completo. Por una vida que la había roto en un rincón donde él no pudo alcanzarla.

Gon bajó la mirada. Quería decirle que en el fondo lo entendía. Que algo en él también se movía al escuchar hablar a la niña de la máscara. Sin embargo, sabía que decirlo solo sería enpujar a Killua a túnel sin camino de regreso. Porque aceptar la posiblilidad de que su amiga se encuentre trabajando como miembro de el Ryodan sería aceptar que Kamy había cambiado. Que había cruzado una línea en la que ellos ya no podían alcanzarla.

Y Gon no quería empujarlo a ese abismo. No quería ser él quien le quitara la esperanza. El azabache sentía una impotencia que no tenía nombre, porque Killua no es de los que piden ayuda, y él no tiene idea de como ayudar sin hacerle daño.

Killua se puso de pie, caminando devuelta a la habitación. Dejó a Gon atrás, de pie en la sala con mil palabras en la boca. Palabras que él no quiere oír. El mundo que había mantenido a flote con tanto esfuerzo; hecho de memorias y emociones confusas, puede volverse polvo en cuestión de segundos. La única persona por la que ha llorado en silencio más noches de las que podría contar, envuelta en el silencio de esa organización maldita. Le eriza la piel. La única, a demás de Gon, que lo ha empujado a sentir cosas que ni siquiera conoce, ahora lo arrastra a experimentar sentimientos que conoce de memoria. El dolor, el miedo y la amargura de no poder cambiar su realidad.

Imaginar a Kamy trabajando para el Ryodan es como reproducir en su cabeza una versión distorsionada de un sueño que ha querido revivir. Y en lugar de alivio, solo le provoca una punzada aguda de dolor.

El ojiazul se tiró a la cama, buscando refugio entre las mantas. En su pecho se debatía una guerra entre la nostalgia, el miedo y el sentimiento de ser traicionado. Decidió conservar la infantil idea de que kamy está en otro lugar, que pronto volvería a contarles sus aventuras y quedarse junto a él, lejos de todo ese desastre.

Finalmente, logró conciliar el sueño.




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