One shots, historias cortas de Calle y Poché
Algunas tienen +18.
Algunas son gip.
Casi todas de mi autoría, hay algunas que son adaptaciones.
Ninguna tiene final triste.
Parte 2, hay otro libro de one shots caché en mi perfil. No son correlativos.
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Semanas después:
—Me resultaba más fácil ser sincera contigo cuando pensaba que tú lo eras conmigo. -Frunce el ceño.
—Conmigo puedes hablar con total franqueza, Calle. Siempre.
Dejo escapar un suspiro impaciente y me acerco a ella, dispuesta a arremeter. Solo me detengo cuando estoy tan cerca que tiene que doblar el cuello para mirarme a los ojos.
—¿Y por qué iba a hacerlo? ¿Para que la próxima vez que decidas apartarme puedas usar mis traumas y mi pasado para herirme?
Pone una expresión abatida al recordar las cosas que me dijo, como si le dolieran tanto como a mí.
—Lo siento —susurra.
—Me mentiste —le echó en cara—. Me dijiste esas cosas... y era todo mentira. No lo rebate, lo que me enfurece aún más. En lugar de eso, toma una profunda y lenta bocanada de aire hasta llenarse los pulmones.
—¿Por qué? —insisto. Al no obtener ninguna respuesta, tiendo la mano hacia su rostro—. Podría obligarte a decirme la verdad. —Apoyo la yema del pulgar entre sus cejas—. Podría subyugarte.
Esboza una sonrisa triste. —Ya lo has hecho, Calle.
Cierro los ojos con fuerza. Y luego los abro para preguntarle:
—¿Soy tu compañera? —Lo dije en serio —repone con calma—. No deberías usar expresiones licántropas que eres incapaz de comprender.
—Vale. —Me doy la vuelta cabreada y me alejo de ella. A la mierda. Si no quería que usara expresiones licántropas no debería habérmelas enseñado.
—Calle. —Poché cierra la mano en torno a mi muñeca y me detiene en seco. Cuando intento zafarme, me rodea la cintura con el brazo y me arrastra hacia ella. Su calor es abrasador. Le oigo inspirar de nuevo y esta vez no se contiene. —Mis sentimientos. Mis deseos. Mis anhelos... son míos, Calle. Tú no tienes que lidiar con ellos. Intento retorcerme, furiosa.
—Pues claro que son tuyos. ¿Qué narices significa eso siquiera...?
—Pues que no quiero que tomes decisiones en función de mis necesidades. No quiero que estés conmigo por obligación, porque te preocupe que sin ti vaya a ser infeliz.
Ojalá pudiera verle los ojos. Su voz suena áspera, grave y ronca al mismo tiempo, como si alguien le hubiera infundido la máxima emoción posible y luego hubiera intentado eliminarla —. En la boda, cuando te acercaste a mí por primera vez, me cabreé. Me enfurecía haber encontrado a mi compañera y que por alguna carambola del destino esta fuera alguien a quien nunca podría llegar a amar de verdad. Te deseaba más que a nada y, aun así, sentía que me tenías atrapada. Pero entonces empecé a pasar tiempo contigo. Empecé a conocerte y vi que me hacías feliz. Me hacías mejor persona. Me hacías querer abrazar cada parte de mí misma, incluso esas partes que creía haber dejado atrás. Y un día me desperté y me di cuenta de que, incluso si no olieras como la cosa más apetitosa del mundo, seguiría deseándote igual.