Mía 3

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Entonces soy yo la que marca el ritmo, con besos lánguidos y prolongados, y la vibrante tensión que invade su cuerpo se desvanece poco a poco

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Entonces soy yo la que marca el ritmo, con besos lánguidos y prolongados, y la vibrante tensión que invade su cuerpo se desvanece poco a poco. Inhalo el aroma de su sangre, embriagador y potente.

—Me encanta lo que tenemos —le digo— Y te quiero.

Contiene la respiración, incrédula. Una oleada de calor me inunda el estómago, me recorre la columna. Me quito la camiseta y ella me acerca la boca y las manos, impaciente. Me da mordisquitos en la clavícula, me chupa los pezones, me devora los pechos. Con cada roce siento como si estuviéramos fusionándonos... hasta que se detiene. Sus largos dedos se crispan en torno a mis caderas, imposiblemente firmes, y luego se aflojan por completo. Cuando se echa hacia atrás para mirarme, me fijo en que sus labios han adquirido una tonalidad roja oscura y su mirada refleja una expresión clara y seria.

—Igual deberíamos parar.

Me echo a reír, ya sin aliento.

—¿Qué, otro de esos arrebatos de culpa que os dan a los alfas?

—Calle. —Se detiene. Se lame los labios—. Estoy que me subo por las paredes. Llevábamos unos días separados y hueles cojonudamente bien y has dicho cosas que... me han dejado eufórica, como lo de que vas a quedarte, y estoy a un paso de perder el...

Me río, pegada al borde de su mandíbula.

—A ver, antes de que te sumerjas en otra espiral de autodesprecio, déjame decirte que voy a beberme tu sangre otra vez. Vale, ¿Poché?

Murmura un «Joder» y asiente impaciente. —Y vamos a follar. Aprieta las caderas contra las mías. Ambos nos quedamos sin aliento.

—Vale. Vale —repite, con repentina determinación, recuperando el control de sí misma—. Sí. Puedo parar. Pararé cuando vaya a...

—No vas a parar. —Le beso la mejilla, la abrazo con más fuerza y luego le susurro en el oído—: Y cuando lo del... nudo ocurra, vas a... —¿Atarte? ¿Engancharte? ¿Enlazarte? Voy a tener que aprender cómo se dicen las cosas—... dejar que pase dentro de mí. Poché me aprieta contra su pecho.

—Si te hago daño...

—Pues me harás un poquito de daño y ya está. Igual que yo te hago daño cuando me alimento de ti, ya que te desgarro la piel. Pero al cabo de unos minutos me hace sentir genial, y creo que a ti también.

Poché emite un gruñido profundo a modo de respuesta. Me da que ha sido involuntario, así que le beso el labio inferior para evitar reírme. —Todo va a ir bien. Y si no, lo hablaremos. Somos de especies diferentes, pero lo nuestro va para largo, así que debemos ser sinceras en cuanto a nuestros deseos y necesidades, y salta a la vista que tienes muchas ganas de hacerlo; es probable, incluso, que lo necesites...

Cierra los ojos, como si de verdad lo necesitara. Pero, sobre todo: —La cuestión es que yo quiero que lo hagas. No te negaré que es algo peculiar, y puede que no salga a las mil maravillas, pero la idea me...

One shots Caché 2Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora