One shots, historias cortas de Calle y Poché
Algunas tienen +18.
Algunas son gip.
Casi todas de mi autoría, hay algunas que son adaptaciones.
Ninguna tiene final triste.
Parte 2, hay otro libro de one shots caché en mi perfil. No son correlativos.
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—Ahora... —Cierra los ojos y arquea las caderas, como si quisiera introducirse más en mi interior. No estoy segura de que lo consiga, pero siento el maravilloso roce del nudo contra mis paredes. La sensación bordea la exquisita frontera entre el placer y el dolor y me provoca más espasmos. Primero a mí y luego a ella.
—Joder —murmura de forma escueta. Y en cuanto es capaz de tomar la palabra de nuevo, añade entre gruñidos—: Ahora todo es como debe ser. Ahora te tengo justo donde quiero.
—¿Cuánto tiempo nos vamos a quedar así?
—Ni idea. —Me besa la sien—. Espero que mucho.
—¿Y si resulta que tengo que salir un momentito para hacer una llamada...?
Me agarra las caderas de forma tan brusca que casi me echo a reír. Baja hasta mis labios y me besa con ganas durante un instante.
—¿Seguro que no te duele? —No, es... —
Extraordinario. Fantástico. Extrañamente precioso—. Creo que me gusta el sexo licántropo. —Sexo licántropo no. —Me sostiene la mirada durante un buen rato—. Sexo entre compañeros. Sonrío al oír la palabra.
—¿Va a ocurrir cada vez que lo hagamos?
—Ni idea —repite, y levanta la mano para apartarme unos mechones sudorosos de la cara—. Por cómo me siento, diría que sí.
—Porque hemos... —Me interrumpo al notar su mano. La mayor parte sigue teniendo forma humana, pero a sus uñas no les falta mucho para convertirse en garras.
—Lo siento —dice un poco avergonzada. Veo cómo intenta retraerlas y me siento maravillada por su cuerpo. Por la sensación que me produce tenerla dentro. Por las cosas que es capaz de hacer—. Me cuesta un poco mantener el control sobre mi cuerpo. Es que es todo muy...
—¿Inusual?
—Placentero. Más de lo que jamás había experimentado.
—¿Hay algo que suelan hacer ahora los licántropos? ¿Algo que quieras que haga yo?
Se ríe con mudo asombro y niega con la cabeza.
—Si lo hay, no tengo ni idea. Y tampoco me interesa. Eres perfecta y yo...
Sus dedos bajan hasta más allá del sudor que recubre nuestro vientre y vuelven a hacerme estremecer de placer. Mis músculos se contraen a su alrededor y, en respuesta, noto que me inunda más líquido. Y cuando la nueva oleada de placer se desvanece y estoy jadeando encima de ella, me doy cuenta de que Poché está tocando el punto donde nos encontramos unidas, donde su nudo se ha quedado enganchado dentro de mí. Es como si le hiciera falta una prueba tangible de que esto está pasando de verdad.
Cuando nos coloca de costado, con una de mis largas piernas enroscadas alrededor de las suyas, siento cómo su semen rebosa de mi interior, pese a la barrera que conforman nuestros cuerpos unidos. Estamos dejándolo todo hecho un desastre, manchando la cama y poniéndonos perdidas. No sé por qué, pero me gusta. Fuera, las olas chocan contra la orilla del lago. Poché me envuelve la mejilla con los dedos. Siento que el placer se acrecienta en mi interior una vez más y me acomodo para el viaje.