25 - Sueños.

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La noche había caído sobre la Fortaleza Roja, envolviendo los muros en un velo de silencio inquietante

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La noche había caído sobre la Fortaleza Roja, envolviendo los muros en un velo de silencio inquietante. Solo el aullido distante del viento y el ocasional chasquido de antorchas rompían la quietud. Draco permanecía en pie, observando la ciudad desde la ventana de sus aposentos. Desde allí podía ver el reflejo de la luna sobre las aguas del Aguasnegras, tan tranquilo y engañoso como los corazones de quienes lo rodeaban.

—¿Entonces no lo sabían? —preguntó Daemon desde su asiento, las piernas cruzadas, su rostro iluminado por la luz temblorosa del fuego.

Draco negó lentamente con la cabeza.

—Ni Rhaenyra, ni tú, ni nadie. El rey planeó este compromiso en absoluto silencio. Ni siquiera Otto lo sabía hasta hace unos días.

Daemon murmuró una maldición en valyrio y se puso de pie de golpe. Su expresión era una mezcla de ira y decepción.

—¿Y tú lo aceptaste? ¿Así, sin más?

—No tenía opción —respondió Draco con tono cortante—. Rechazar la oferta habría sido igual a traicionar la Corona. ¿Acaso crees que me agrada? No estoy hecho para una unión política, mucho menos con un Stark. No son como nosotros. Son fríos, distantes, hechos de nieve y lealtades quebradizas.

Daemon caminó hacia él, colocándole una mano en el hombro.

—No eres un peón. No dejes que te traten como uno.

Draco giró el rostro hacia él. Por un instante, su expresión se quebró, dejando entrever al muchacho cansado bajo la máscara de príncipe.

—No lo soy… pero Keppa Viserys me tiene rodeado. Me teme. Me necesita. Y me ata con lazos que no puedo cortar sin provocar una guerra.

Un silencio denso se instaló entre ambos.

Daemon fue el primero en romperlo.

—Entonces tal vez deberías jugar su juego… pero con nuestras propias reglas.

Draco lo miró con atención. No era una propuesta. Era una invitación a actuar, a tomar control de un tablero que se inclinaba cada vez más en su contra.

 Era una invitación a actuar, a tomar control de un tablero que se inclinaba cada vez más en su contra

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