Yoongi.
Sucesos anteriores a Odio Ser Omega...
Un año atrás.
Puta madre, ¿por qué tuve que nacer con la altura de un Minion en pleno crecimiento?
Maldije mientras intentaba terminar de pintar una de las paredes exteriores de la casa de Jungkook.
¿Qué por qué lo hacía? Porque era un gran amigo.
¿Qué por qué lo hacía? Porque la palabra idiota me quedaba corto.
Mientras maldecía hasta la tumba de mi bisabuela, Jimin, que pintaba el otro extremo de la pared, me miraba de reojo.
—¿Necesitas ayuda?
Lo miré, irritado. Si había una regla que mantenía firme era la de no acercarme por nada del mundo al cabeza de mandarina. No solo porque a Jungkook le desagradaría, sino porque me caía muy mal.
¿Existía algo peor que un alfa con complejo de playboy y sonrisa de ganador? Lo dudaba.
—Puedo solo —le dije sin más.
Jimin asintió y extendió su mano. Me sorprendió ver que me ofrecía una botella de agua.
Quise gritarle que no deseaba nada que proviniera de sus sucias manos, pero opté por decir:
—No, gracias.
Por alguna inexplicable razón, él sonrió y dejó la botella a mi lado antes de volver al trabajo.
¿Qué le pasaba? ¿Qué pretendía al fingir preocuparse por mí?
Entrecerré los ojos e inspeccioné el agua, desconfiado.
¿Acaso la había orinado?
Bueno, sucia, envenenada u orinada, no importaba. Igual tomé la botella y bebí de ella como si mi vida dependiera de eso.
Mis ojos se desviaron a Jimin, que se limpiaba el sudor de la frente con el borde de su camiseta, permitiéndome ver parte de su abdomen. Tuve que recordarme tragar, porque mis débiles hormonas me nublaron por un segundo.
Mmm, si así está la tableta de chocolate, ¿cómo estará la chocolatería entera?, mi omega se babeó encima.
Jimin, que pareció notar mi mirada de acosador sobre él, volteó en mi dirección, dándome poco tiempo para disimular.
Pero qué pasto tan verde.
Después de treinta minutos de pura vergüenza, Jungkook, Hoseok y Namjoon volvieron con más latas de pintura blanca, cargados a más no poder.
—¿Por qué demonios tardaron tanto? —les reclamé con el rodillo en la mano.
Jungkook alzó los brazos, indefenso.
—Baja el arma, solo nos detuvimos a comer.
—¿¡Y no me trajeron nada!? —reclamé.
Los tres compartieron una mirada.
—Pensamos que no querías.
Puse los ojos en blanco.
—Claro, casi olvido que soy una planta y me alimento del sol.
No hacía falta decir lo molesto que estaba: al aire libre, con calor, sudado y hambriento. Mala combinación.
—Deja de ser tan dramático, ya pareces omega —bromeó Namjoon, pero se detuvo al percatarse de un pequeño detalle—. Ah, cierto. Perdón.
—Pendejos —murmuré, volviendo a pintar.
—No puedo creer que mi padre nos obligue a hacer esto —se quejó Jungkook con las manos en la cintura.
—No puedo creer que tú nos obligues a hacer esto —le señalé.
El padre de Jungkook los había puesto a pintar la casa con la excusa de que aprendieran el valor del trabajo. Yo creía que era demasiado flojo para contratar a alguien.
Y Jungkook, ni lento ni perezoso, nos esclavizó junto a él. ¿Qué pensaba? ¿Que no tenía vida? Era domingo. Podría estar haciendo muchas cosas como... bueno, eso y... también esa otra cosa muy importante que hago y es... Olvídenlo.
Las horas pasaron volando y, en un abrir y cerrar de ojos, el sol ya se despedía. Mis amigos se dispusieron a jugar básquet a unos metros, mientras yo decidí terminar con la última capa de pintura subido en una escalera.
Jimin había acabado y se había metido quién sabe dónde... o en quién. No me interesaba.
Sonreí cuando finalmente acabé. Listo: ni la Capilla Sixtina había quedado mejor.
Al bajar, mi traicionero pie resbaló y terminé de bruces en el suelo. Gemí adolorido al sentir un ardor en la rodilla. Sangraba. Me giré hacia los alfas, pero ellos ni siquiera voltearon, más concentrados en su juego.
Estaba bien, no pasaba nada. Solo era un rasguño, no actuaría como uno de esos omeguitas que lloraban por romperse una uña.
Como pude, llegué hasta la cocina y me senté en un taburete. Lo último que quería era manchar el suelo de sangre como en película de terror barata.
En ese momento apareció alguien. Pensé que sería Jungkook, pero me sorprendí al ver a Jimin entrar con expresión preocupada. Me miró, vio la herida y se fue... para volver con un botiquín. No dijo nada. Simplemente se acercó y, con la mirada, me preguntó si podía tocarme.
La intriga de por qué hacía esto palpitó dentro de mí, pero igual alcé el pantalón cediéndole permiso.
Jimin tomó algodones y desinfectó la herida con una delicadeza que me dejó embobado. Al terminar, colocó una bandita con corazones.
—Tranquilo, ahora estás bien.
Me mostró una sonrisa reconfortante que, dios, debería ser ilegal. Él no podía sonreír así, tan espléndido.
Por primera vez, sentí una extraña sensación. Como si estuviera... protegido.
Carajo, yo no era un omega indefenso, ¿pero entonces por qué me gustaba que me cuidara?
Es Jimin, lo odias. Es Jimin, lo odias.
¿Me había drogado con el olor a desinfectante? ¿Por qué me encontraba actuando como un adolescente hormonal?
Ah, cierto.
Aclaré mi garganta, intentando volver a la realidad.
—Es solo una herida superficial. Soy muy fuerte.
Jimin asintió y me observó de arriba abajo. Sus ojos transmitían algo que no lograba descifrar.
—Lo sé.
—¿Por qué haces esto? —No pude evitar preguntar.
—¿Por qué no lo haría?
Aquello me dejó sin palabras.
Jimin me miró una última vez antes de irse. Acaricié la bandita y observé el lugar por donde había desaparecido.
¿Por qué era tan atento conmigo? ¿Acaso no debería odiarme también?
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Odio ser omega (Jimsu)
FanfictionYoongi esta seguro de dos cosas. Número 1, odia ser un estúpido omega y número 2, está completamente enamorado de su mejor amigo, pero estas cosas de las que está seguro podrían cambiar cuando se empieza a involucrar con Park Jimin, alias, el alfa m...
