Debí escucharte

212 25 14
                                        

Las pupilas de Max temblaban de ira, tanto que le costaba enfocarse. De nuevo, Gordon le ofreció un asiento; el castaño aceptó, quitándose los lentes para tallar sus ojos.

—Supongo que hablamos de Kick y Kendall, ¿cierto?

—Debí escucharte —dijo, poniendo sus lentes de nuevo en su rostro—. Debí escuchar mi instinto y no esa palabrería. Ellos me vieron la cara de tonto, pero no va a quedarse así.

—Estoy de acuerdo, amigo. Y viniste al lugar correcto. Todo saldrá bien, pero debes confiar en mí.

—Así será, Gordon, así será.

La oficina de Gordon se mantuvo cerrada con llave durante una hora. Acordaron ambos quedarse en Mellowbrook el mismo tiempo que estuviera Kick, para no dejar pasar ninguna oportunidad.

Mientras tanto, en el hospital, los minutos se volvían incómodos entre Kick y Kendall. El chico tenía la mente hecha un lío, así que salió a caminar un poco. No podía dejarla sola mucho tiempo; solo respiró hondo y regresó a la habitación.

—Te traje un chocolate caliente de la máquina —dijo el chico, después de entrar a la habitación, extendiéndole un vaso de cartón blanco.

—Gracias —respondió Kendall con frialdad.

—No es nada —el chico dio un sorbo a su café, al cual reaccionó con una cara de molestia.

—¿Te quemaste?

—No, esto sabe terrible. Debí comprar dos chocolates.

—¿Quieres la mitad del mío? —dijo la chica tratando de ser amable.

—No, creo que esto me ganó por comprar en una máquina como esa. Gracias.

—De acuerdo.

El silencio se instaló entre ellos por unos segundos.

—¿Tienes sueño? ¿Necesitas algo? —inquirió él.

—No, Clarence, estoy bien. Gracias.

—Qué raro se siente. - exclamó con una mueca.

—¿Qué cosa?

—El cómo me llamas.

—Siempre te llamo así, no sé por qué es raro.

—No desde hace tiempo. La última vez que me llamaste así fue durante una llamada hace un mes, pero fue solo una vez, y antes de eso fue en el juicio.

Kendall ladeó la cabeza con curiosidad.
—Entonces, ¿soy penalista?

—Si eso significa que defiendes a personas en casos de homicidios, lo eres.

—¿Cómo? ¿No eres mi primer caso?

—Bueno, no realmente. Ahmm... hasta donde sé, en tu primer caso defendiste a tres chicas que mataron a su proxeneta.

—¿De verdad?

—Sí —dijo el chico, con admiración—. Saliste en las noticias, liberaste a dos y la tercera solo estará algunos años en prisión, si no mal recuerdo.

—Eso es increíble —dijo la chica con una leve sonrisa.

—Lo es...

—¿Y qué hay de las flores? —preguntó ella, repentinamente.

—¿Flores?

—Sí, mencionaste lo de las chicas y recordé flores.

—Bueno, tu caso fue conocido como "La casa floreada", porque las chicas tenían nombres de flores.

*Say When...* (Rewrite the stars II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora