Juntos en esto

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Los flashes se multiplicaron y ambos huyeron hacia la camioneta blanca de Kendall. En el trayecto comenzaron a reír como si acabaran de hacer una travesura, como cuando eran niños.
—Hace mucho no te oía reír así —le dijo Kendall.
—Hace mucho que no estaba tan feliz.
—Me alegra haberte dado un poco de felicidad… te lo cobraré.
—Tranquilízate, Kendall, no olvides en la casa de quién vives —respondió él, volviendo a reír.
—Oye, por cierto… ¿qué pasó con tu casa?
—La voy a vender. Un momento… ¿cómo sabes que algo pasó en mi casa?
—Pues verás, al parecer somos tan compatibles que pensamos igual. Ayer fui a buscarte para decirte que quería estar contigo para siempre, pero te me adelantaste.
—Sí, claro, no te creo…
—¿Por qué no?
—Porque no me diste un anillo. ¿Tan poco significo para ti?
—¡Cierra la boca! Y dame mi anillo —le dijo ella, arrebatándole la caja roja.
En un semáforo en rojo, Kendall abrió la caja. El anillo era idéntico al primero, solo que ya no era plata con zirconia: era oro blanco con un diamante en el centro, acompañado de otros dos diminutos, colocados uno a cada lado.
—Es precioso, Kick. Gracias —dijo mientras se lo ponía.
—Entonces… ¿ahora sí es lo suficientemente oficial?
—No, aún no. Espera.

Hizo una llamada y una voz tranquila respondió del otro lado de la línea.
—Hola, Kendall. ¿Cómo te fue en San Diego?
—Pues no salió como quería, pero creo que tengo que decirte algo.
Jackie suspiró.
—¿Ahora qué pasó?
—Me voy a casar —dijo con un grito ahogado—. Y ahora sí, de verdad.
—¡No es cierto! —gritó Jackie, emocionada.
—Sí es cierto —dijo Kick, interrumpiendo la emoción de ambas—. Me suplicó tanto que no pude decir que no.
—Ay, por favor, Kick. Ambos sabemos quién suplicó más. Felicidades, me alegro por ustedes. Le diré a Gunther.
—Sí, y dile que lo supiste por Kendall. No quiero que piense que cambié de mejor amigo.
—Claro, lo haré. —Te llamo luego, para hablar de los detalles .
—Sí, Kendall. Adiós.
—Adiós, Jackie.

Después de colgar, se quedaron unos segundos en silencio.

—Entonces, volviendo al tema… ¿dónde vas a vivir?
—Por eso no te preocupes. Ya lo tengo resuelto, pero al menos hoy sí necesito que me des asilo.
—El tiempo que quieras, Kick.

Ambos condujeron hasta la casa de Kendall, inundados por una felicidad serena y abrumadora.

La noticia no tardó en explotar.
Las imágenes de Kick y Kendall saliendo del despacho, riendo entre murmullos y flashes, recorrieron las redes en cuestión de minutos. Los titulares aparecieron uno tras otro, alimentándose del mismo fuego:

“Kick reaparece en Los Ángeles con la abogada de las estrellas.”
“¿Nuevo romance o vieja historia? Fuentes aseguran que es Kendall, la abogada ligada al caso Gordon.”
“El actor deja el riesgo para buscar el amor en Los Ángeles.”

Los comentarios se multiplicaron. Algunos llenos de romanticismo ingenuo, otros crueles y especulativos. Kendall no los leyó todos, pero sí los suficientes como para sentir el peso de cada palabra adherirse a su piel.
No estaba preparada para convertirse en noticia. No de nuevo. No tan pronto.

Al día siguiente, Maddie la citó en una cafetería discreta, lejos de los puntos habituales de los paparazzi. Aun así, Kendall notó la mirada curiosa de un par de personas que parecían reconocerla.
La agente de Kick llegó puntual: gafas oscuras, porte firme y una calma que parecía ensayada durante años de crisis mediáticas.
—Gracias por venir —dijo Maddie, sentándose frente a ella—. Y antes que nada… felicidades.
—¿Qué? ¿Lo del compromiso ya se sabe? — preguntó temerosa.
—No. Kick me lo contó. Sé que todo esto debe sentirse… abrumador.
Kendall asintió, jugueteando con la tapa de su café.
—No estaba en mis planes aparecer en tendencias —respondió con una sonrisa breve—. Ni que analizaran cada paso que doy. Y no creí que una noticia que había anhelado tanto me hiciera sentir así.
Maddie dejó el teléfono sobre la mesa, con la pantalla apagada.
—Lo sé. Y por eso quise hablar contigo antes de que esto escale más. Estar cerca de Kick implica aceptar cierto nivel de exposición. No te lo digo para asustarte, sino para que tengas herramientas.
Kendall respiró hondo.
—Lo entiendo… solo que no quiero ser un estorbo para él ni para su carrera. Sé lo que significan sus fans y no quiero que, por mí, su vida pública se complique.
—No lo eres —respondió Maddie con suavidad, pero firme—. Lo que tienen es asunto de ustedes. Mi trabajo es protegerlo a él… y ahora que decidiste quedarte cerca, también ayudarte a no perderte en el proceso.
—¿Perderme?
—La prensa no busca la verdad, busca una narrativa. Te van a convertir en “la nueva novia”, “el amor del pasado”, “la distracción”, “la salvadora”. Te van a quitar tu nombre y te volverán un accesorio de Kick. Y ambas sabemos que eso no eres tú. Si no pones límites, pueden comerte viva.

*Say When...* (Rewrite the stars II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora