Te esperaré

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La vida en Los Ángeles se había llenado de rutinas silenciosas.

Cada mañana, el sol se filtraba por las cortinas de la casa, trayendo consigo una luz suave que no alcanzaba a borrar la pesadez que seguía instalada en el pecho de Kendall.

Jackie, quien se daba un tiempo de visitar a su amiga todas las mañanas, notaba cada detalle: los desayunos a medio comer, las miradas perdidas hacia el teléfono, los silencios en los que Kendall parecía debatirse entre llamar o no a alguien que añoraba esa llamada.

Esa mañana, Kendall dejó la taza de café sobre la mesa y suspiró profundamente.

-¿Cómo puedo volver a su vida? ... -murmuró con un hilo de voz.

Jackie levantó la vista del periódico.

-¿De quién hablas?

-De Kick. -La palabra salió temblando-. No sé cómo volver a estar presente para él sin que crea que me estoy poniendo en peligro otra vez. No quiero que me vea como alguien frágil, o como un recordatorio de lo que salió mal.

Jackie cruzó los brazos, observándola con esa mezcla de paciencia y decisión que solo una amiga de verdad tiene.

-Sabes que él no te considera frágil, solo quiere protegerte .

-No quiero que me proteja, quiero que vuelva, pero ... ¿Y si lo lastimó?

-Oh, por favor, Kendall -interrumpió Jackie con un suspiro-. Si hay alguien en el mundo al que no puedes romperle más el corazón, es a él. Ya lo hizo solo.

Antes de que Kendall respondiera, Jackie se levantó, tomó el teléfono de la mesa y marcó un número.

-¿Qué haces? -preguntó Kendall alarmada.

-Equilibrando el universo. -Sonrió con picardía mientras acercaba el altavoz.

El tono sonó apenas dos veces antes de que la voz de Kick apareciera al otro lado.

-¿Hola?

-Hola, Kick.

-¿Jackie?

- Efectivamente.

-Qué gusto escucharte.

-Igualmente.

-No es que me moleste pero. ¿Por qué me llamaste del celular de Kendall?

-Jackie... -susurró Kendall, intentando arrebatarle el teléfono.

- Digamos que estoy haciéndole compañía a alguien que lleva semanas buscando excusas para llamarte así que, tome la iniciativa. Te la paso -Y sin más, le puso el celular en la mano y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

El silencio duró unos segundos eternos.

Luego, la voz de él, suave, casi vacilante:

-Hola, Kendall.

Ella tragó saliva.

-Hola, Kick.

-No pensé que llamaras.

-Yo tampoco -admitió ella, y por primera vez sonrió con cierta timidez.

Hubo una pausa cargada, pero no incómoda.

Solo dos personas midiendo el terreno, tanteando las ruinas de algo que alguna vez fue su refugio.

-¿Cómo estás? -preguntó él finalmente.

-Tratando de recordar quién soy , el brazo ya empezó a dejar de doler pero sigue siendo incómodo el yeso-respondió con franqueza-. Y tú... ¿sigues en San Diego?

*Say When...* (Rewrite the stars II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora