Aquí

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La mañana en Mellowbrook amaneció con un aire extraño, casi irreal. Después de tantas noches marcadas por pesadillas, sirenas y disparos, la calma parecía un regalo incómodo. La nieve había dejado de caer, y el sol se filtraba tímido entre las nubes, bañando la ciudad con una luz suave que parecía querer borrar las cicatrices de los últimos días.

En aquella casa, Kendall estaba sentada en el sillón, envuelta en una manta, con una taza de té humeante en su mano. Su mirada perdida en la ventana transmitía paz, pero también un océano de pensamientos que no compartía con nadie. Kick la observaba desde el umbral de la puerta de la cocina, intentando aferrarse a esa ilusión de normalidad.

—¿Cómo te sientes hoy? —preguntó él, rompiendo el silencio.

—Mejor… —respondió ella con una leve sonrisa—. Es raro, como si todo hubiera sido un mal sueño.

Kick asintió, aunque por dentro las palabras le atravesaban como cuchillos. Para ella todo era un sueño del que intentaba despertar; para él, era una pesadilla de la que no sabía cómo alejarla.

— Te tengo noticias, tu padre ya encontró una enfermera que te cuidará en Los Ángeles, nos iremos el lunes.

—¿Irás conmigo? — preguntó ella en búsqueda de seguridad.

—Aún no lo sé, Kendall , debo volver al trabajo también , pero volaremos juntos, si a eso te refieres.

—Ah... De acuerdo.

— Empezaré a empacar , para que no nos tomen las prisas por sorpresa.

Mientras empacaba, Kick encontró un par de libros con etiquetas de la biblioteca local. Los tomó con curiosidad y los llevó hacia ella.

—Creo que olvidaste devolver esto.

—¿Qué? — Dijo ella tomando los en sus manos — ¡Tengo que devolverlos! Están vencidos .

—Tranquila, podemos llevarlos mañana ,solo será una penalización de ¿Cincuenta centavos?

—Un dollar, Clarence — dijo la chica con leve molestia.

—Relajate... No creo que por eso te beten de todas las bibliotecas del país, es más, yo invito tu primera multa.

—Eres muy gracioso ¿Lo sabías? — dijo con sarcasmo.

Kendall frunció el ceño al reconocerlos. "El resplandor " y una antología de H.P. Lovecraft, libros que, por todo lo que estaba viviendo no pudo ni siquiera disfrutar. Los acarició con la yema de los dedos, como si algo se desbloqueara en su mente.

—Estos… —susurró, con un brillo repentino en los ojos—. Estos los pedí cuando llegué. Y… —cerró los ojos, buscando con fuerza en su memoria—, recuerdo que , cuando salí de la biblioteca, caminé hacia la cafetería donde, te encontré en el auto negro...

Kick la miró con atención, conteniendo la respiración.

—Ahí… —continuó Kendall con voz temblorosa— Nos sentamos a tomar un café y ... te conté que Max había terminado conmigo.

Un silencio cargado se posó entre los dos. Kick sintió cómo su corazón se agitaba, al recordar también aquel día, ese momento en que habían vuelto a mirarse con la intensidad de antes, sin Max como sombra entre ellos.

Kendall lo miró fijamente, como esperando que él completara la escena.

— Me alegra que puedas recordar algo más reciente...—empezó Kick, pero se interrumpió, bajando la mirada.

Ella notó la tensión en su gesto, pero en lugar de incomodarse, le sonrió con ternura. Había algo en su interior que le decía que quería quedarse a su lado, que ese era su lugar. Sin embargo, no dio el paso. Esperaba algo de él. Una señal. Una palabra que le confirmara que ambos estaban listos para dar ese salto que tantas veces habían evitado. Un salto que había olvidado que ya habían dado , justo al día siguiente de su recuerdo.

*Say When...* (Rewrite the stars II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora