capitulo 10 |La llamada

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La casa estaba en silencio. Solo el tic-tac del reloj sobre la pared llenaba el aire recordándome lo lento que pasa el tiempo cuando el miedo no te suelta.
Beatriz insistía en quedarse conmigo hasta que me sintiera mejor del todo, dormía en el sillón con una manta sobre los hombros. Yo por el contrario, no podía cerrar los ojos. El dolor en la cabeza persistía, pero más que eso, era la inquietud lo que me mantenía despierta.

Han pasado tres días desde el accidente y no sabía nada de James, no había pasado por aquí y tampoco llamaba. Después de lo que ocurrió necesitaba verlo, sentirlo, saber que el hombre con el que he compartido cama por años no es un psicópata.

Tomé el celular que descansaba sobre la mesa de noche dispuesta a llamarlo. Dudé un instante mordiéndome el labio inferior, pero marqué el número de James.

“El número que usted marcó no está disponible o se encuentra fuera de servicio…”

La grabación automática retumbó en mis oídos como una burla. ¿Fuera de servicio? ¿Como por? Colgué y lo intenté una y otra vez... Hasta que el tono se transformó en un pitido cortante, interrumpido por un breve crujido, como si alguien del otro lado hubiera levantado el auricular por un segundo.

—¿James? — me apresure a levantar mi espalda de la cama con suavidad a la expectativa. Pero solo encontré un silencio que se cortaba con una respiración ahogada, casi lejana como si alguien se acercara al micrófono sin decir palabra. —¿Dónde estás?, por favor háblame—

Una interferencia respondió a cambio, un ruido distorsionado que sonó como mi nombre, “Katherinne…”, antes de que la línea se cortara por completo. La pantalla se volvió negra y el teléfono se apagó aunque la batería estaba llena.

Tragué saliva sintiendo cómo la piel de mis brazos se erizaba.

—No...—

El sonido de pasos me hizo girar en busca de Beatriz quien seguía dormida con la respirando de manera tranquila. Ahí noté que los pasos venían del pasillo.
Tomé una lámpara de lava apagada que estaba sobre una de mis mesas cerca de la cama como si fuera algún tipo de defensa y caminé hacia la puerta abriéndola con cuidado.

La luz del pasillo parpadeó al encenderse pero no había nadie mas que la sombra proyectada desde la ventana del fondo. Pero algo en esa sombra… tenía la forma de una silueta masculina.

—¿James?— murmuré con la voz quebrada, la sombra se movió, apenas, y luego desapareció. Era figura ers inconfundible después de haber dormido noches a su lado. Pero lo que me aterro no fue el hecho de oír pasos y luego ver una silueta en la ventana del pasillo... no, era el hecho de que vivo en un 3er piso, no habían forma de que alguien pudiera estar de pie al otro lado.

Volví a la sala con el corazón latiendo con fuerza y la respiración entrecortada, mis manos temblaban cuando dejé la lámpara sobre la mesa. Encendí el televisor solo para romper el silencio. Pero la pantalla, en lugar de mostrar el canal habitual, mostró estática.

—ah no, otra vez no— la apagué de forma inmediata, no quería dejar que mi paranoia siguiera aumentando... pero en cuanto lo hice se volvió a encender sola.

En medio de los destellos grises, la imagen de un rostro apareció por unos segundos de forma distorsionada, lo suficiente para distinguir una sonrisa conocida. Esa sonrisa... la de James.

El control se me cayó de las manos.

—¡Bea!— llamé con un hilo de voz.

Ella se despertó sobresaltada casi desorientada pero con la cabeza en alerta buscándome con la mirada.

—¡¿que!? ¿Qué pasa?— grita también asustada

—El televisor—

Pero la pantalla ahora mostraba un noticiero cualquiera en un volumen tan bajo que casi era imperceptible, sin rastro de lo que acababa de ver. Beatriz se levantó, caminó hacia mí y me miró con preocupación.

—Cat, ahí no hay nada—

Iba a protestar pero el teléfono fijo de la casa sonó de repente, rompiendo el silencio con un timbre seco y metálico que me hizo sobresaltar. Beatriz, que estaba frustrada frente a mi caminó hasta el aparato.

—Yo contesto — dijo con voz firme mientras con la mano me señalaba al sofá para que me siente —¿Aló?... no, pero estoy con ella soy Beatriz Marquez—

Permanecí sentada, observando su expresión. Al principio, su rostro era neutro Pero a medida que escuchaba, la tensión en su mandíbula se hizo visible.

—¿Cómo que no?...— su voz se volvió más baja —No, sí, ese es su nombre. James Carter— Hizo una pausa. Oi el nombre de James y el pecho me saltó, pero fui paciente. Su respiración se volvió irregular mientras levantaba la vista hacia mi y luego volvia a desviarla —¿Están seguros?... no puede ser—

El silencio que siguió fue largo.
Luego, solo un “entiendo” antes de que colgara despacio, dejando el auricular colgando en el aire unos segundos más como si no quisiera aceptar lo que acababa de oír.

—¿Bea?— pregunté, inquieta —¿Quién era?—

Ella se giró hacia mí. Su rostro había perdido todo color, y sus labios temblaban ligeramente.

—Era la policía— dijo en un hilo de voz —te llamaban para darte actualizaciones—

—¿Y...?—

Beatriz bajó la mirada.

—Kath... Dicen que no hay ningún James Carter registrado. Ni en la base de datos de identificación, ni en los archivos de residencia— Hizo una pausa, tragando saliva con dificultad.  El sonido del auricular balanceándose lentamente llenó el aire. Me quedé inmóvil sintiendo un escalofrío recorrerme la espalda.

Porque en el fondo, algo dentro de mí ya lo sabía...

—como... ¿que no existe un James Carter? Tu lo haz visto—

—Lo sé...–

—ha dormido conmigo...—

—¡ya sé! Estoy tan sorprendida como tú de que te hayas mentido con su nombre

Pasé las manos por mi rostro, intentando ordenar mis pensamientos. Todo se sentía tan irreal, como si la habitación misma se encogiera a mi alrededor. Esto cada vez se acercaba a parecer mas un chiste.

—Tiene que haber una explicación—

Beatriz negó lentamente.

—llamaron al registro civil, al sistema nacional de identidad y hasta verificaron la matrícula de su auto... no aparece—

Me quedé en silencio. Esa palabra "no aparece" me atravesó como una aguja atraviesa la carne, mi cuerpo se sintió débil de pronto y el corazon desecho, quería llorar... quería maldecir, pero todo seria inútil.

—¿Entonces lo soñé?— dije con una risa amarga

—vamos no te empieces a martirizar, no es tu culpa—

Me puse de pie, tambaleándome un poco por el mareo y ella hizo lo mismo más por la preocupación de mi estado, que por otra cosa.

—¿y entonces que? ¿Se supone que ahora solo tengo que vivir con la incertidumbre de un hombre que me ha mentido por años?—

Beatriz niega acercándose al ver como las lagrimas botaban por mis ojos sin control, sus brazos delgados me rodearon y pronto me encontré llorando como magdalena sobre su hombro. Su brazo acariciaba mis espalda despacio pero me dejó llorar... entonces al final mi miedo se hizo realidad, se fue con el viento y la noche... así como todos en mi vida.

—Bien, necesitas un tiempo fuera.—

Bea alejó con cuidado sus brazos de mi cuerpo levantando de la mesa el bote de pastillas antidepresivos que me dieron para calmar mis nervios, no me las había tomado porque hacerlo seria como admitir que algo en mi cabeza va mal, pero... ella tiene razón, necesito un tiempo fuera. Y si eso significa dormir todo el día y estar drogada toda la noche, entonces que así sea.

Arcángel Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora