El día había llegado.
Después de tantas evasivas, silencios y medias verdades… por fin tendría respuestas. Eso fue lo que me repetí una y otra vez mientras guardaba mis cosas con manos temblorosas, intentando convencerme de que estaba preparada para cualquier cosa que pudiera descubrir.
Llamé a Bea para avisarle que estaría fuera un tiempo; también a Cher, por si debía quedarme más de la cuenta en casa de Joseph. No quería que vinieran a buscarme ni que se preocuparan. Pero, mientras hablaba con ellas, una sensación extraña me oprimió el pecho… como si estuviera caminando hacia un lugar del que quizá no habría marcha atrás.
El camino se volvió cada vez más estrecho. Joseph conducía sin decir nada, concentrado en la carretera que se hundía entre un bosque frondoso, tan denso que la luz apenas se filtraba entre las copas de los árboles.
Me preguntaba por qué aquí.
Por qué traerme a un sitio tan lejos de todo, tan aislado, donde incluso el aire parecía contener la respiración.
Cuando finalmente detuvo el auto, bajamos a un campo abierto. Mis pasos crujían sobre la hierba húmeda mientras mis ojos se ajustaban al paisaje. Entonces lo vi: Liam estaba apoyado contra un árbol, inmóvil, como si hubiera estado allí desde hacía horas, esperándonos en silencio.
—¿Dónde están los demás? —preguntó Joseph, mirando alrededor, atento, tenso. Ni su postura ni su voz eran las mismas de siempre; había algo distinto, como si anticipara un peligro del que yo aún no sabía nada.
—No lo sé. Se suponía que llegarían hace más de media hora —respondió Liam, consultando un reloj imaginario sobre su muñeca. Ese gesto suyo, tan típico, no logró suavizar la inquietud que comenzó a crecer dentro de mí.
Sentí un cosquilleo en la nuca, esa sensación de estar siendo observada. Me abracé los brazos sin querer mostrarlo.
A cada minuto que pasaba, mi mente repetía la misma pregunta:
¿A qué, exactamente, me estaba enfrentando?
Entonces, una voz resonó entre los árboles.
—Ya estamos aquí —anunció alguien, y giré de inmediato hacia la dirección del sonido.
Las hojas se movieron y dos figuras emergieron del bosque.
Me quedé inmóvil.
Era Pablo… Pablo aquel amigo que desapareció de la nada, dejando preguntas en mi mente (capitulo 1)
y a su lado, Alexander. Quién dedicó una mirada fugaz, casi un examen silencioso, antes de esbozar una sonrisa.
—¿Pablo?— quise hablarle, quise acercarme y preguntarle que había pasado con él. La razón por la cual de pronto sólo desapareció antes de que James llegara a mi vida.
—Tiempo sin verte Katherina—
Pero él sonríe de la forma mas casual, como si este encuentro no fuera un choque para mí. Y más ahora sabiendo que es parte de ésto.
-¿donde has...?- pero antes de hacerlo, fui interrumpida.
—Estamos todos —dijo Liam antes de que pudiera abrir la boca y aturdirlo con preguntas. Como si esa frase significara mucho más de lo que alcanzaba a comprender.
Y en ese instante, sentí la presencia de Joseph a mi lado. No me tocaba, ni siquiera me miraba, pero estaba tan cerca que podía percibir su tensión, su respiración sostenida. Algo en él estaba alerta… preparado.
Y yo, en medio de todos ellos, no sabía si debía sentirme aliviada por no estar sola, o aterrada por lo que estaban a punto de revelarme.
—Todos saben por qué están aquí —comenzó Joseph, con un tono que me heló la sangre. —Lordanem se está moviendo demasiado rápido y necesitamos ejecutar todo cuanto antes. Sin embargo…— su voz descendió, más grave, más cargada de peso. — debido a que es la primera vez que nos manifestamos ante los humanos, Katherine necesita saber a lo que se está enfrentando—
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Arcángel
ParanormalEn un mundo donde lo místico es irreal y lo paranormal se convierte en locura, Katherine Felming una joven mujer quien recién empieza su nueva vida en Cambridge descubre que nada es lo que parece y las personas no son quienes pensó que eran. Tras co...
