En medio de la música y las risas, levanté la vista entre la multitud y sentí algo que me erizó la piel, una mirada fija sobre mí. Un par de ojos intensos se asomaban entre la gente, observándome con una concentración que resultaba casi incómoda. Intenté apartar la mirada, convencerme de que era imaginación, pero algo en la penetrante claridad de esos ojos me mantenía atrapada, como si me hipnotizaran.
Cuando volví a mirar, los ojos habían desaparecido entre la masa humana. Un escalofrío recorrió mi espalda y por un instante dudé si debía ignorarlo. Sin embargo, un segundo vistazo me heló la sangre, estaba de pie junto a la puerta de entrada, la figura parcialmente cubierta por otras personas moviéndose con una rapidez imposible, casi como si desafiara las leyes del tiempo. Me llamó sin palabras, solo con esa mirada penetrante. Sentí un impulso que no comprendía y sin pensar, decidí seguirlo. Supongo que la curiosidad puede más que la razón.
—¿A dónde vas?— me sostuvo Bea del brazo, percibiendo mi urgencia. Mi corazón latía a mil, y aunque no podía apartar los ojos de la puerta respondí con voz temblorosa —Voy al baño—
Mentira. Tan pronto soltó mi brazo me escabullí hacia el pasillo, sintiendo cómo cada sombra parecía moverse a mi alrededor, alargando y deformando las siluetas de las lámparas. La sensación de vacío, de que algo se desvanecía y reaparecía sin razón me confundía. ¿Cómo podía alguien desaparecer en segundos en un pasillo tan largo? Giré la vista a la izquierda y allí estaba de nuevo su silueta deslizándose con rapidez casi sobrenatural, como si el aire mismo la impulsara.
Mis tacones de aguja resonaban en el piso mientras corría hacia los ascensores. Uno de ellos cerraba sus puertas y por un instante, volví a verlo, esos ojos fugaces como un destello, pero su rostro permanecía oculto envuelto en sombras. Un nudo se formó en mi garganta. ¿Quién era? ¿Por qué sentía esa urgencia irracional de seguirlo?
No podía detenerme. Bajé corriendo las escaleras, arrastrando mis tacones, golpeando los peldaños con cada paso con el corazón retumbando en mis oídos. Finalmente llegué al primer piso y lo vi por última vez atravesando una puerta de metal al final del pasillo. Un gran letrero decía “SALIDA DE EMERGENCIA”. Todo en mí gritaba que me dirigía a un callejón oscuro, a un lugar donde lo desconocido me esperaba. Y sin embargo, algo dentro de mí seguía adelante, incapaz de resistir ese llamado silencioso que prometía respuestas… o peligro.
Y aún sabiendo eso ¿continuaré siguiendole? Si, por qué soy una estúpida y ésta persona me impulsó a hacerlo.
Pero al salir, al observar el largo y oscuro callejón, me di cuenta de que una vez más no había nadie.
Nada.
Solo la negrura extendiéndose como un túnel sin fin. Los botes de basura rebosaban de desperdicios húmedos y ratas correteaban por el suelo impregnado de olor a moho y metal oxidado. El aire era espeso, casi imposible de respirar.
Un ruido seco detrás de mí me hizo estremecer. Giré con brusquedad y observé horrorizada cómo la puerta metálica por la que había pasado se cerraba sola con un chirrido agudo, reverberando en todo el callejón. Me quedé inmóvil, no había forma de volver a entrar.
—Mierda… — murmuré más para romper el silencio que para maldecir realmente.
La noche era cada vez más densa, y el frío parecía un ente propio que se colaba bajo mi piel. El aire tenía un sabor agrio y mis pensamientos se volvían más oscuros con cada respiración. ¿Qué diablos estaba haciendo allí afuera, siguiendo a alguien que ni siquiera pude ver con claridad? ¿Qué esperaba encontrar?
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Arcángel
ParanormalEn un mundo donde lo místico es irreal y lo paranormal se convierte en locura, Katherine Felming una joven mujer quien recién empieza su nueva vida en Cambridge descubre que nada es lo que parece y las personas no son quienes pensó que eran. Tras co...
