En un mundo donde lo místico es irreal y lo paranormal se convierte en locura, Katherine Felming una joven mujer quien recién empieza su nueva vida en Cambridge descubre que nada es lo que parece y las personas no son quienes pensó que eran.
Tras co...
La semana se escurrió entre mis dedos como agua cristalina. James apenas ha pasado por casa y las pocas veces que lo ha hecho, su presencia se siente diferente… distante, sombrío, como si algo en él hubiese cambiado aquella noche cuando lo llamé. Quizás son solo mis ideas de mi mente o quizás ya nada es lo que solía ser y todavía no lo acepto.
El trabajo tampoco ayudaba. Cada caso que me asignaban era un recordatorio del error que cometí eligiendo esta carrera. Defender criminales cuando lo único que siempre quise fue proteger inocentes y esta semana, la carga pesaba más que nunca. Sé que como abogada tengo la libertad de decidir cuáles casos tomar y cuales no, pero últimamente todo lo que parece es sobre criminales, ¿lo peor? Que simplemente no hago bien mi trabajo, no me pagan.
Esa mañana recibí una llamada del departamento legal, con un nuevo cliente, otro expediente más que nadie quería. Debía ir al cuartel para conocerlo y revisar algunos asuntos previos al juicio, asique llegué cinco minutos antes. El oficial Mahjor me recibió con su andar apurado y su carpeta bajo el brazo.
Caminábamos por el pasillo iluminado por luces frías que hacían parecer todo aún más impersonal.
—Su nombre es Marcus Levour— me dijo sin detenerse —Ya lo hemos tenido aquí unas cuatro veces por delitos menores—
—¿Y qué hizo esta vez?— pregunté, casi sin interés, esperando lo peor.
Él hojeó la carpeta haciendo crujir los papeles entre sus dedos.
—Intento de secuestro—
Sentí un vacío abrirse en el pecho. Lo sabía. Siempre terminaba aquí, entre monstruos que disfrazaban su crueldad con excusas. Pensé por un instante, que debía haber elegido otra vida, otra carrera… pero era demasiado tarde para arrepentirme. Los oficiales que custodiaban la sala nos dieron paso.
Mahjor abrió la puerta y me invitó a entrar primero. Ahí dentro un hombre con el traje naranja de los reclusos observaba el suelo, girado hacia la izquierda. No podía verle el rostro. No aún.
—Marcus, ella es Katherinne Fleming —dijo Mahjor— Tu abogada asignada.
El hombre levantó lentamente la cabeza. Y el aire, de pronto, se volvió irrespirable. El mundo se detuvo y mi corazón dio un vuelco brutal dentro del pecho. Lo reconocí al instante.
Era él... El recuerdo llegó como una grieta en la mente... Una imagen difusa que se abrió paso entre el ruido del presente. El rostro de Marcus, su voz grave, esa mirada… No era la primera vez que la veía.
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《Tenía apenas doce años. Era una tarde gris, el cielo parecía hecho de plomo y el aire olía a tierra mojada. Caminaba sola hacia mi casa después de clases, abrazando mi mochila contra el pecho. La lluvia había comenzado a caer en gotas finas y las calles del vecindario estaban casi vacías. Razón por la cual me apuraba.