Abrí los ojos lentamente, dejando que la luz fría de una bombilla constante me obligara a entrecerrarlos. Un dolor punzante recorría toda mi cabeza, y automáticamente llevé la mano a la frente, presionando suavemente como si pudiera apaciguar el latido constante que me estaba volviendo loca. Cada respiración era un recordatorio de lo que había pasado, de lo frágil que me sentía en ese momento.
—Está despertando— escuché a lo lejos, la voz temblorosa de alguien que ya conocía, Beatriz. Aunque su voz se sentia mezclada con una nota de cansancio que me hizo sentir aún más culpable por el estado en que la había dejado.
Con esfuerzo abrí los ojos por completo y pude distinguir a Bea y Sher a mi lado, sus rostros tensos, sus miradas cargadas de preocupación. La ropa de la fiesta aún cubría el cuerpo de Beareiz aunque Sher llevaba algo mas cómodo, Bea lucia arrugada y desordenada, cansada y consternada y comprendí que quizas había estado inconsciente por un buen rato… al menos no tanto como para que ellas no se preocuparan como lo estaban haciendo. Y eso quería creer.
A pesar de la confusión y del dolor, lo primero que salió de mi boca fue la pregunta más urgente que podía tener:
—¿Dónde está James?— mi voz sonó débil, apenas un hilo, y al mismo tiempo cargada de esa urgencia que me quemaba por dentro. La fuerza que puse para hablar me dejó sin aliento, obligándome a recostar la cabeza nuevamente sobre la almohada.
—No debes hablar mucho— susurró Sher ceceando levemente, y aunque sus palabras eran un consejo, había una urgencia velada que me erizó la piel. La mirada de James a través de la oscuridad.
—Gracias a Dios estás bien— agregó Bea, y en sus ojos noté las ojeras profundas, el cansancio de quien ha pasado una noche de guardia sin dormir, velando por alguien más. No pude evitar sentir culpa, ¿cuánto tiempo habían pasado aquí, vigilándome mientras yo… estaba en manos del dolor y del miedo?
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? — pregunté intentando mantener la voz firme, aunque cada palabra dolía.
—Trece horas— respondió Sher, y en el aire resonó como un golpe seco.
—¡¿Trece horas?! — me alteré, tratando de incorporarme de golpe solo para sentir un dolor punzante en la cabeza que me obligó a recostarme nuevamente y gemir de frustración.
—Te golpeaste muy fuerte y perdiste mucha sangre— continuó con un tono que intentaba ser calmado pero que dejaba entrever su propio susto —Dale gracias a Dios que no pasó nada más que tu desmayo, kath—
Cerré los ojos respirando hondo, intentando calmar la presión en mi frente y en mi pecho. Pero la pregunta persistía, retumbando más fuerte que cualquier dolor
—¿Qué pasó con James? — susurré casi temiendo la respuesta, mientras una sensación de inquietud se enroscaba en mi estómago.
Mis amigas se miraron como si se estuviera comunicando algo con la mirada, fue extraño, pero ninguna parecía querer decirme algo. No obstante Bea me tomó suavemente de la mano, sus dedos temblorosos sosteniendo los míos como un ancla.
—Cat…— dijo con voz baja, casi temerosa de pronunciarlo —James no estaba ahí, estabas sola—
El silencio que siguió fue pesado, casi sofocante. La idea de que James no estuviera cerca y que quizás no hubiera estado allí para protegerme del todo, me llenó de un frío que me calaba hasta los huesos. Por un instante quise creer que estaba equivocada, que nada era producto de mi confusión y del miedo. Pero la mirada de Bea decía otra cosa, porque me miraba con preocupación, pero no con la preocupación de de un doctor hacia un enfermo, no. Era mas bien sobre mi estado mental.
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Arcángel
ParanormalEn un mundo donde lo místico es irreal y lo paranormal se convierte en locura, Katherine Felming una joven mujer quien recién empieza su nueva vida en Cambridge descubre que nada es lo que parece y las personas no son quienes pensó que eran. Tras co...
