Joseph sostuvo mi mirada. No intentó tocarme ni suavizar nada, fue directo al punto donde tenía que haber ido hace semanas.
—Mi nombre no es Joseph— confesó. —Ese nombre solo me sirve aquí. En la tierra...— Hizo una pausa breve, como si medir cada palabra le costara. —Mi nombre es Hessediel. Soy un arcángel.—
El aire se me atascó en los pulmones, esque esto no podía ser real... el cansancio me debia tener imaginando cosas.
—¿Un… qué? — pero él estaba allí, y era real.
—Un ejecutor—aclaró Pablo.
—Fui creado para combatir amenazas que no pertenecen a este mundo— terminó añadiendo Jo... Hessediel.
—¿amenazas fuera de este mundo? ¿Como las cosas que...—
Asintió antes de que pudiera decir la frase completa, evitando me así tener que seguir recordando lo que vi, lo que viví y lo que perdí.
Sentí que las piernas me fallaban, pero no caí. La curiosidad me sostuvo en pie.
—Entonces dime algo, Hessediel—escupí su nombre dejandole saber que tenía dudas.
—¿todos ustedes no son completamente humanos?— Su expresión cambió, fue sutil pero lo noté. Asintió y eso lejos de hacerme sentir mejor, solo me hacía sentir mas débil, inquieta... ahora que sé qué lo que me persigue no es humano, las cosas de pronto se volvieron reales y peligrosas. —¿significa que me vigilan? ¿Me cuidan?—
—Ambas cosas— Y la respuesta me dolió más de lo que esperaba.
—n-no... no lo entiendo ¿Por qué yo?—
Joseph respiró hondo. Por primera vez desde que lo conocía, parecía no tener una respuesta fácil. Y el silencio que hizo fue tan incómodo qué Alexander tuvo que palmear su hombro de forma sutil, tratando de animarlo a continuar.
—Katherinne... no creo que vayas a entender—
—entonces explícamelo- avance un paso adelante de inmediato.
—Katherine, tu no eres del todo humana— dijo finalmente y ahí fue cuando sentí que toda la sangre me bajo a los pies, causandome un mareo leve, que me hizo tambalear.—Y si alguien más te encontraba antes que nosotros… no quedará nada de este mundo que proteger—
Alexander dio un paso al frente abriendo la boca para decir algo, pero Joseph levantó una mano deteniéndolo.
—Aún no— le dice. Y admitir que eso me asustó quedaba corto, de pronto quería retroceder, uir, dejar de escuchar. Porqué cada cosa que salía de su boca, era peor que la anterior.
—No estoy aquí por casualidad, Katherine. Estoy aquí porque tú existías antes que todos nosotros—
El silencio cayó pesado entre los dos, mis ojos vacilaron tratando de buscar algo similar en los suyos, pero no lo había. Joseph parecia hablar bastante serio. Eso me descolocó de mi eje.
—Eso no es posible— negué casi riendo mas por nerviosismo. —Yo nací, y tengo una familia, una vida—
—ya ha vivido muchas vidas —corrigió con calma.
—Y en todas… terminas siendo el centro de nuestra guerra— finalmente dijo Alexander desde su postura.
Mi garganta se cerró... El mundo no se rompió, pero se volvió inestable, como si alguien hubiera movido el eje de todo sin avisar. Sentí un zumbido seco en los oídos y el aire dejó de entrar con normalidad a mis pulmones. Di un paso atrás, luego otro, hasta que mis piernas dejaron de responder y terminé sentándome con torpeza en el borde del sofá, observando a la nada.
—eso no... ¿Qué soy entonces?—
Joseph tardó unos segundos en responder.
—Eres un Portal— pero cuando lo hizo, no titubeó... el contacto del cuero frío contra mis manos fue lo único real en ese instante. Todo lo demás: las alas que ya no estaban, los nombres extraños, la palabra Portal, se amontonó en mi cabeza como piezas que no encajaban, empujándose unas a otras.
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Arcángel
Siêu nhiênEn un mundo donde lo místico es irreal y lo paranormal se convierte en locura, Katherine Felming una joven mujer quien recién empieza su nueva vida en Cambridge descubre que nada es lo que parece y las personas no son quienes pensó que eran. Tras co...
