Hace un tiempo tuve un amigo, su nombre era Pablo, y lo conocí en la universidad de leyes. Éramos buenos amigos, de esos que comparten risas en medio de parciales imposibles y silencios cómodos en pasillos vacíos. Y sin embargo, un día simplemente se fue. Se desvaneció de mi vida sin una explicación, sin un adiós. Nunca supe por qué. Nunca volvió.
Después llegó James. Un hombre distinto: maduro, inteligente, con la carrera ya hecha y una mente afilada como bisturí. Con él no hay promesas ni etiquetas. Salimos, compartimos noches largas y placeres bien definidos. No somos pareja, pero encajamos... de alguna manera torcida. O eso es lo que él cree.
Y ahí está ahora, tendido en mi cama.
Me observa como si intentara descifrarme, con sus dedos jugando distraídos en mi cabello, como si creyera que el tacto pudiera abrirme. Me pregunta por qué pienso tanto. Por qué paso horas mirando al techo como si esperara respuestas que nadie quiere darme. Su voz suave se clava, como si tuviera la obligación de salvarme de mí misma cuando me vio buscar un cigarrillo, encenderlo y tenderlo contra mi boca.
-¿otra vez?-
Lo miro de reojo, sin emoción. No digo nada, solo le lanzo una mirada que grita "basta", y al fin entiende: guarda silencio. Se lo agradezco en silencio también, mientras llevo el cigarrillo a mis labios, halo el humo profundo y dejo que me queme por dentro.
-Fumar es perjudicial para la salud -vuelve a decir.
Otra vez.
Quise lanzarle la almohada a la cara, o al menos un comentario afilado. Pero en lugar de eso me giré hacia él, sonriendo con esa calma peligrosa que suele preceder a una tormenta. Fijé mis ojos en los suyos 《 intensos, demasiado presentes》 y observé él cigarrillo que con elegancia bailaba entre mis dedos.
-solo es uno- articulé con los labios apenas curvados.
Él sonrió, satisfecho.
-llevas meses sin fumar, no quiero que caigas nuevamente en la adicción-murmuró, acariciando mi mejilla con ternura. Luego se inclinó hacia mí, despacio, como si me ofreciera una escena de película. Humedeció sus labios 《sé que lo hace para seducirme, y lo admito: me gusta》 y estuvo a punto de besarme pero mi cabeza giró a un costado evitando el rose entre ambos labios.
-ya puedes irte- le dije con frialdad mientras me levantába para buscar mi pijama.
-¿tan pronto quieres que me vaya?- preguntó sorprendido, herido quizá.
-si...- solté sin culpa. - No me gusta que me digan qué hacer. No me gusta que intenten arreglarme, y definitivamente no me gusta cuando alguien cree que puede entenderme solo porque me ha visto desnuda... pero eso es algo que ya sabes-
James abre la boca tratando de defenderse, pero en cambio el silencio los envuelve. Se movia sobre mi cama como si le perteneciera algo más que la ropa que dejó en el suelo. Se me queda mirando como si me leyera, como si esperara encontrar algo más allá de mis piernas, mis labios, mis silencios. Pero esa mirada no fue tierna, fue mas... ¿molestia?
-¿Por qué siempre actúas como si no te importara nada?- me preguntó con esa voz grave que usa cuando cree que está a punto de cambiarme.
No respondí. No porque no tenga palabras, sino porque las mías no son de esas que se entregan fácil. Las mías se muerden, se escupen o se esconden. No se regalan. Él se acerca como si buscara algo más que mi piel. Me besa lento, como si con eso pudiera desarmarme, y yo... dejo que lo haga. Me gusta. Me gusta cómo se toma su tiempo. Me gusta cómo se esfuerza.
Pero también me gusta saber que no me tiene.
Sus manos se deslizan por mi cintura. Sus labios rozan mi cuello. Su respiración se entrecorta, su cuerpo tiembla un poco. Y justo cuando intenta tomarme el rostro con las dos manos, con esa rudeza que tanto le encanta usar para dominar el momento... me aparto.
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Arcángel
ParanormalEn un mundo donde lo místico es irreal y lo paranormal se convierte en locura, Katherine Felming una joven mujer quien recién empieza su nueva vida en Cambridge descubre que nada es lo que parece y las personas no son quienes pensó que eran. Tras co...
