El aire del atardecer se sentía relajado ese día, no llovía pero olía a tierra humeda. El cielo estaba teñido en naranja y parecía dibujarse sobre los edificios. Caminé sin rumbo fijo, con la bufanda cubriéndome el cuello y los pensamientos amontonados en mi cabeza. Desde que James había comenzado a dormir en casa, todo había estado... tranquilo. Ni susurros, ni sombras moviéndose donde no debían. Por primera vez en días, respiraba sin sentir que algo me observaba desde los rincones. Lo curioso es que James ha estado actuando raro, cada vez siento una vibra extraña en su mirada. No sabía como explicarlo, era como ai absorbiendo todo a su alrededor.
La cafetería estaba a solo dos cuadras. Quería un café caliente, algo terrenal que me mantuviera anclada en la realidad. Crucé la calle y caminé por la acera opuesta intentando no mirar hacia los callejones. Pero el silencio era demasiado profundo, como si el mundo contuviera el aliento.
Hasta que escuché los pasos.
No eran los míos. Era un compás firme y lento, acompañando los míos con exactitud. Giré apenas la cabeza, las farolas parpadeaban proyectando sombras alargadas sobre el pavimento. No habia nada más que una ardilla pasado y el solo el reflejo del asfalto húmedo.
—Tranquila… tranquila, has estado bajo mucho estrés— susurré para mí misma.
Pero los pasos siguieron.
El corazón me golpeó las costillas cuando me di vuelta por completo. Había alguien allí, en la acera contraria. Un hombre, con una capucha gris cubriéndole el rostro. Caminaba a paso sereno con las manos en los bolsillos y el cuerpo inclinado ligeramente hacia adelante.
No parecía mirarme. Pero lo sabía, sabía que me seguía, y por ello aceleré el paso.
Al levantar la vista, lo vi frente a mí a solo unos metros. Del suato el café cayó de mis manos y el líquido oscuro se extendió como una mancha en el suelo.
—pero que...— Volteé hacia la acera contraria una vez más encontrándola vacía. Volví la mirada al frente tan solo para descubrir que no había nadie ahí.
—mira Kat respira… no fue real… no fue real…— me repetía mientras avanzaba finalmente decidida a llegar a casa. Pero el sonido de una respiración ajena rozó mi oído haciéndome estremecer del pánico, Me giré instintivamente y como un rayo soltando un grito. Él estaba allí frente a mí. —¡Maldición!— exclamé, retrocediendo con el corazón en llamas.
El hombre levantó las manos mostrando las palmas como si estuviera diciéndome con eso que me calme.
—¡Ey, tranquila!— dijo con voz profunda, humana.
Bajé lentamente la mirada, temblando. Su capucha cayó hacia atrás y la luz de la farola reveló su rostro. Tenía los ojos más hermosos que había visto, un verde casi pálido, que parecía absorber la luz.
—¿Estás bien?— me preguntó con una calma tan ligera que, por un segundo, me desarmó.No respondí. Lo observé intentando procesar lo que veía. Su piel parecía demasiado perfecta, su presencia… demasiado calmada. Había algo en él que dolía de tan hermoso. —¿Sigues aquí?— repitió con una sonrisa suave, inclinando apenas la cabeza.
—Lo siento… —balbuceé, buscando mi voz —Es que juro que te vi… caminando por la otra calle—
Se giró para mirar hacia donde señalé, y cuando volvió la vista hacia mí, sus cejas se alzaron con un gesto divertido.
—Entonces debo tener un doble—respondió, con una risa breve.
No supe qué decir, me sentí torpe, y vulnerable.
—Discúlpame. Estoy algo… aturdida—confesé, bajando la vista.
—No hay problema— Su tono se volvió más bajo, más cauteloso —Solo ve con cuidado, ¿sí? Últimamente han pasado cosas raras por aquí—
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Arcángel
ParanormalEn un mundo donde lo místico es irreal y lo paranormal se convierte en locura, Katherine Felming una joven mujer quien recién empieza su nueva vida en Cambridge descubre que nada es lo que parece y las personas no son quienes pensó que eran. Tras co...
