Volver al departamento después de ese encuentro se sintió antinatural, como si cada paso que daba me alejara de algo peligroso y al mismo tiempo me acercara a otra cosa que no sabía que era. El trayecto fue corto, pero mi cuerpo seguía en alerta, como si James aún estuviera detrás de mí observandome.
Frente a la puerta dudé un segundo. Tuve la absurda sensación de que al abrirla, algo me estaría esperando del otro lado y no me equivoqué. Entré porque no tenía a dónde más ir, y tampoco quería explicar por qué había regresado tan pronto. No quería decirle a Joseph que James había vuelto. Que me había acorralado. Que su voz todavía me vibraba en los oídos.
Pero oh sorpresa... que ahí estaba Joseph. Con el departamento en penumbra, sentado en el sofá con la cabeza apoyada hacia atrás, y la televisión encendida iluminándole el rostro de forma intermitente.
Por un instante pensé que no me había oído llegar, que seguía perdido en lo suyo... y ese pensamiento me dio un alivio breve y egoísta.
Sin embargo cerré la puerta y Joseph levantó la cabeza de inmediato, fijando la mirada en la entrada. Sus ojos se encontraron con los míos por apenas un segundo antes de apartarla. Y se inclinó hacia adelante apoyando los codos sobre las rodillas.
-¿Cómo te fue? -preguntó sin mirarme del todo, siguiendo mis movimientos con atención mientras rodeaba el sillón para acercarme a él.
-Genial -respondí con sarcasmo saliendo antes de que pudiera detenerlo.
Me quité la chaqueta y la dejé caer sobre el respaldo de la silla más cercana. Luego me dejé hundir en el sillón frente al sofá, como si el cansancio me hubiera caído encima de golpe. Sentía el cuerpo pesado, todavía tenso.
Joseph sostuvo mi mirada un segundo más de lo necesario. Eso provocó que volteara a verlo.
-Me alegra- dijo finalmente con una sonrisa, pero no fue una sonrisa completa, ni siquiera una sincera. -¿Tienes hambre?-
Negué con la cabeza porque no confiaba en mi voz. El café, la tensión, el recuerdo de las manos de James cerrando la puerta del auto... todo seguía ahí, revolteandome el estómago, robándome cualquier rastro de apetito. No había comido nada desde la mañana y aun así la idea de hacerlo me resultaba imposible.
Joseph asintió en silencio, quedándose de pie y observándome, como si quisiera decir algo más... como si supiera que había algo que yo no estaba contando. Pero no insistió. Y esa contención suya, lejos de tranquilizarme me tensó todavía más.
El silencio volvió a instalarse entre nosotros cargado de preguntas que ninguno se atrevía a formular.
Pero no duró mucho a pesar de que se sintió eterno. Porque Joseph no volvió a sentarse.
Permaneció de pie apoyando una mano en el respaldo del sofá, inclinado apenas hacia mí. No me miraba directamente al rostro, sino a mis manos, que descansaban rígidas sobre mis piernas. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaban temblando.
Las cerré en puños de inmediato.
-No estás bien- dijo al fin. Y esa no fue una pregunta.
Levanté la vista, sorprendida, negando casi por reflejo.
-Estoy cansada, nada más-
Joseph soltó una leve exhalación, como si esa respuesta no le hubiera servido de nada. Dio un paso para estar más cerca. Pero fue demasiado cerca para mi. Sentí su presencia antes de que volviera a hablar, una presión extraña en el aire, como si el espacio se hubiese vuelto más estrecho. Pero... esta vez no tenia el instinto de correr lejos de él.
-No- murmuró -lo que sientes no es cansancio- su mano se extendió pasándose de forma sutil sobre la mía.
Tragué saliva, y mi piel se erizó sin entender por qué.
ESTÁS LEYENDO
Arcángel
ParanormalEn un mundo donde lo místico es irreal y lo paranormal se convierte en locura, Katherine Felming una joven mujer quien recién empieza su nueva vida en Cambridge descubre que nada es lo que parece y las personas no son quienes pensó que eran. Tras co...
