Joseph me seguía con pasos firmes pero silenciosos, tan calculados que no podía sentirlos resonar detras mio, era como si me siguiera un fantasma pero podia sentirlo incluso si estaba callado. Cada vez que intentaba acelerar el paso, su sombra parecía adelantarse un poco más como si el suelo mismo lo acercara a mí. Sentía una mezcla de enojo y temor, una especie de opresión en el pecho que me impedía pensar con claridad. No entendía cómo había llegado frente a mí tan rápido... era imposible, estaba en la sala cuando bajé por el ascensor y me lo encontré justo en el primer piso. Su presencia me descolocaba, me asfixiaba, incluso me confundía porque a veces juraba verlo en dos lugares al mismo tiempo... cada vez me convencía más de que si necesitaba un psiquiatra.
-No tienes por qué seguirme -le dije sin girarme, apretando los puños contra mi misma al rodar la mirada.
-No es seguro que salgas sola- su voz era baja pero firme, casi podia notar el tono de advertencia cuando me habló.
-Por favor, déjame en paz -giré al fin enfrentándolo. La calle estaba desierta, el viento arrastraba hojas secas que sonaban como pasos lejanos. Su mirada me perforaba, pero lo que más me desconcertó fue que parecía ¿dolido?
Por un instante, todo mi enojo se transformó en desconcierto. Había algo en su expresión que me desarmó. Como si no me siguiera por control, sino por miedo...
-No entiendes, Katherinne -dijo con un tono casi desesperado, su mano tembló al intentar tocarme pero se contuvo. -Si sales sola... él puede encontrarte-
Sentí cómo mi corazón se paralizaba. No supe si se refería a Marcus o a algo peor, pero eso me hizo tragar saliva y dar un paso atrás, sin poder evitar que el miedo me dominara.
-¿Y tú quién eres para decidir como y cuando salgo?-susurré, intentando mantener la voz firme.
Joseph no respondió. Solo me miró con una intensidad que me heló la sangre, como si lo que estuviera por decir pudiera romper el delicado equilibrio de mi realidad. Y entonces, por un segundo, tuve la certeza de que no me seguía como un hombre... sino como algo que no pertenecía del todo a este mundo. Casi como sí estuvieran atado a mi, a mi vida.
Pero... ¿por qué?
¿Que lo ataba a mi?
Mi teléfono comenzó a sonar en mi bolsillo ennese mometno. En la pantalla aparecía el nombre de Beatriz, y supe de inmediato que llamaba para reclamarme por haber desaparecido con Joseph desde ayer.
-¿Dónde estás?- fue lo primero que escuché, su tono cargado de molestia.
Miré de reojo a Joseph quien con una postura relajada caminaba a pocos metros detrás de mi con esa calma inquietante que parecía envolverlo siempre. Me giré un poco para darle la espalda y continuar mi camino.
-Caminando... ¿y tú?- respondí. Quise sonar despreocupada, pero casi que pareció que estuviera mintiendo, que en realidad no estaba caminando, si no huyendo.
-Buscándote. Desapareciste y aparentemente no estás en tu casa-replicó, y pude imaginar su expresión de frustración al otro lado de la línea.
-Lo sé, lo siento...- suspiré pasándome una mano por el cabello -Es una historia larga, pero si quieres te veo en tu casa más tarde-
Bea guardó silencio unos segundos antes de aceptar y eso fue todo. Colgué con la sensación de que me quedaba poco tiempo para seguir aparentando normalidad. Necesitaba contarle lo que estaba pasando, aunque temía que me mirara como todos los demás como si estuviera perdiendo la cabeza. Porque ya he visto esa mirada en sus ojos antes y no me gusta para nada.
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Arcángel
ParanormalEn un mundo donde lo místico es irreal y lo paranormal se convierte en locura, Katherine Felming una joven mujer quien recién empieza su nueva vida en Cambridge descubre que nada es lo que parece y las personas no son quienes pensó que eran. Tras co...
