Capitulo 11 | El hombre sin rostro

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La lluvia caía con la persistencia de un castigo. Golpeaba el parabrisas con un ritmo que parecía un corazón acelerado, el mío quizá.

Era viernes por la noche, y la ciudad quedaba atrás desdibujada por el agua y la niebla. Bea estaba con su familia, Cher había salido de la ciudad, y James... James simplemente había desaparecido. Sin una llamada. Sin una señal. Sin siquiera un nombre verdadero.

Solo quedaba yo. Yo y mi soledad acompañadas por una melodía tenue que escapaba del estéreo del coche, como un suspiro moribundo entre el ruido de la tormenta. Volvía de regreso a casa tras una larga jornada de trabajo para ese entonces. El motor del auto comenzó a toser entre parpadeos en las luces y luego, silencio.

El auto se apagó justo en medio de la carretera cuendo ni siquiera estaba cerca, estaba envuelta por árboles y sombras, farolas con luces calidas que apenas reflejaban la calle a lo largo. Lo que me faltaba.

-No... no, por favor - murmuré girando la llave con desesperación. El motor gimió resistiéndose a despertar. Dejando en claro que la mala suerte se enamoró de mi. Golpeé el volante, dejándome caer contra él. -Genial, simplemente genial-

La radio murió con un chasquido y solo quedó el sonido del agua cayendo sin fin.
Tomé el teléfono pensando en llamar alguien, pero mi unico contacto de emergencias era James y ese idiota ya no existía. Y a pesar de que quisiera llamar a alguien más, la pantalla titilaba, la señal subía y bajaba. "Sin servicio."
Por supuesto...

Suspiré y abrí la puerta. El aire frío me azotó el rostro de inmediato, y la lluvia me empapába hasta los huesos en segundos. El camino se extendía en ambas direcciones, negro y vacío, salpicado apenas por los faros distantes de autos que pasaban sin detenerse por mucho que hiciera señales.

Levanté el brazo, intentando llamar la atención de alguno pero nadie parecia querer deterse. Otro pasó. Otro más.

-¡Maldición! ¡¿que nada me puede salir bien una sola maldita vez?!-

Pero justo en ese momento hubo un silencio absoluto que no pareció normal, el viento se llevó el sonido del mundo. Y solo quedaba el de la lluvia. Comencé a caminar lentamente hacia adelante, abrazándome a mí misma mientras temblaba, no habia de otra. Mis tacones chapoteaban en el agua acumulada al borde de la carretera. El olor a tierra mojada y asfalto era sofocante.

Entonces lo vi. Dos faros acercándose desde la curva, era otro vehiculo que pasaba al cual no persi tiempo para hacer señales. Levanté la mano con desesperación. -¡Por favor! ¡Ayuda!- El vehículo se detuvo unos metros más adelante. Un auto oscuro, grande, tal vez un sedán. -¡gracias a Dios!-

El cristal del conductor bajó lentamente, dejando escapar el sonido del motor bajo y estable. Me acerqué cubriéndome el rostro de la lluvia.

-Disculpe- dije, con voz temblorosa -mi auto se quedó sin combustible. ¿Podría ayudarme a llegar a una gasolinera, por favor?-

Por un instante, solo escuché la lluvia y el rugido distante del trueno. Luego, una voz respondió. Grave. Demasiado calmada y envejecida.

-anda sube-

Tragué saliva. No podía ver su rostro, la oscuridad dentro del coche era más densa que la de afuera. Solo un leve destello verde, como un reflejo en la mirada del conductor, rompía la sombra. Pero al intentar abrir la puerta esta no lo hizo, tenia el seguro puesto lo cual hizo que soltara una risita algo avergonzada.

-Está cerrado señor-

Y entonces abrió, me senté en la parte de atrás todavía abrazándome a mi misma estando empapada. El motor rugió suavemente mientras el auto avanzaba unos centímetros, las luces frontales bañándome en un resplandor amarillento. El cristal subió y entonces lo sentí. Esa misma sensación de antes.
Una mirada fija e entensa.

Arcángel Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora