Capitulo 2 | tiempo fuera

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Otro maldito día igual al anterior.
Sentada en la oficina, con el trasero más dormido que mi motivación, esperando que el fiscal tuviera la decencia de pasarme un nuevo caso… o que algún alma perdida llamara para pedir ayuda con un simple contrato, una demanda tonta, lo que fuera. Pero no. El universo conspiró, como siempre, para mantenerme sin moverme del sitio.

Todo el día entre carpetas mal rotuladas, archivos digitales que se niegan a ordenarse solos, papeles sin sentido y notas adhesivas con mi propia letra que ni siquiera recuerdo haber escrito. Tiré lo que no servía, guardé lo que sí, y fingí que ese desorden tenía algún propósito. En fin, jornadas vacías también agotan, aunque nadie quiera creerlo.

Cuando por fin terminó el martirio, conduje hasta mi edificio sin música, sin ruido, sin ganas. Aparqué y subí a mi apartamento como una sombra. La ropa cayó al suelo como si me abandonara también, y me metí bajo el agua fría buscando alivio. No por calor, sino por peso. El peso de un día más en automático.

Entonces sonó el teléfono. Un pitido agudo que rompió el silencio como un insulto. Maldije por lo bajo, tomé la toalla y me dirigí al cuarto goteando todavía.

Beatriz llamaba por supuesto. La única con energía de sobra incluso después de haber trabajado doce horas o ninguna. Con ella era un milagro si conservaba algún trabajo.

—¡Cat! ¡Amiga, te necesito!— chilló en cuanto atendí. La música de fondo gritaba fiesta. Su tono de voz, más que urgencia, transmitía puro alcohol y euforia. Rodé los ojos.

—¿Te pasa algo o solo estás ebria otra vez?—

—¡Obvio que me pasa algo! Cheryl trajo al desabrido de su novio a la fiesta, a la que tú《créanlo o no》 te rehusaste asistir, y ¡vino con dos amigos guapísimos! ¡No sé con cuál quedarme! Estoy en crisis existencial, Katherinne.—

—Qué tragedia— dije secándome el cabello con la toalla mientras una risa salia de mi boca. —. ¿Por qué no haces trío y solucionas el dilema?—

Escuché su risa desinhibida al otro lado de la línea. Sabía que lo decía medio en broma, medio en serio. Como todo lo que digo.

Me miré en el espejo del baño. Ojos cansados. Piel mojada. Boca torcida en una mueca de resignación. Y sin querer 《como siempre pasa》 pensé en James.
En la forma en que me observaba incluso cuando no quería que lo hiciera. En su maldito intento constante por querer "entenderme", como si yo fuera un acertijo diseñado para romperle la paciencia.

¿Por qué pienso en él justo ahora?, Tal vez porque esa fiesta antes era su tipo de lugar, no el mío. Y sin embargo, yo soy la que está sola esta noche cuando el probablemente ya encontró a otra que sí se deja cuidar. Otra que no lo expulse entre lágrimas y gritos, otra que no tenga miedo a quedarse.

—¿Sigues ahí?— preguntó Beatriz al otro lado.

Su voz me devolvió al presente donde seguí envuelta con una toalla goteando todo el piso. —Sí. Solo me distraje— respondí volviendo al presente.

—¿Entonces vienes o qué?—

La respuesta era obvia, pero no la solté de inmediato. Me quedé mirando la pantalla del celular. Pensé en el silencio del departamento. En la cama vacía, en la toalla empapada sobre mis hombros.
Y por un segundo... deseé no tenerle tanto miedo al soltarme.

—No. No iré— dije finalmente.

—Eres la mujer más aburrida del mundo —se quejó. Si no fuera mi mejor amiga, probablemente la estaría mandando al diablo, pero era mi alma gemela disfrazada en una skyn de puta.

—Y tú la más fácil— respondí con una sonrisa cansada.

Colgué. Dejé el celular sobre la cama.
Y me metí bajo las sábanas aún con el cabello húmedo pensando en nada mientras sentía todo. El silencio en mi habitación era tan denso que hasta el zumbido del refrigerador en la cocina parecía gritarme cosas, me giré bajo las sábanas una vez y otra al intentar dormir, pero no había sueño, solo pensamientos estancados.

Arcángel Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora