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Los siguiente en su lista de empleos cortesía de Koko era...

Bueno, no estaba seguro de que era. Solo le había enviado una dirección junto con el mensaje de "tampoco se los detalles así que no preguntes". 

Una nota extraña, pero quería confiar en su amigo.

Además, su padre accedió a llevarlo así que si el lugar se veía sospechoso le diría que pisara el acelerador a fondo sin mirar atrás. Así de fácil.

Para su suerte el vecindario no lucía peligroso.

Bajó del auto y se despidió de su padre. La dirección parecía pertenecer a un gimnasio.

Le sorprendió que hubiera gente despierta por gusto un domingo por la mañana para hacer ejercicio.

Dentro las pocas instrucciones que le llegó a enviar Koko estaba que debía presentarse ante el dueño quien le diría que hacer y ya que la recepcionista estaba muy ocupada se abrió paso entre las personas sudorosas hasta que encontró a alguien que creyó que le podía ayudar.

Un hombre de cabellos bicolores peinados en una coleta alta acomodaba una especie de pesas pequeñas en un estante. Estaba de espaldas por lo que no podía distinguir su rostro, pero asumió que se trataba de un empleado.

— Buenos días. 

El hombre dio un respingo al escucharlo y sin voltear a verlo, le saludó con la mano. 

Aunque ese comportamiento le pareció extraña, preguntó de todas maneras.

— Disculpe ¿sabe dónde puedo encontrar al dueño?

No dijo nada, se limitó a señalar una puerta al fondo de un pasillo.

— Oh, gracias.

Llamó a la puerta que le indicaron. Una voz le dijo que podía pasar. Abrió los ojos de par en par cuando vió que el dueño del gimnasio era el ex-profesor de deportes y amigo de Wakasa.

— Ah, pero mira a quién tenemos aquí. —Sonrió—. Al niño problema de Shujin.

— ¿Por qué todos me llaman así? —murmuró—. Soy Takemichi Hanagaki, ese es mi nombre.

— Si, ya me lo habías dicho. —Colocó la mano en su mentón— ¿O no?  No me acuerdo, pero si no fuiste tu tal vez Waka me lo dijo alguna vez.

— U-usted ¿U-usted es el dueño del gimnasio?

— ¡Si! ¿No es genial? —Le dió una palmada en la espalda al menor, provocando que tambaleara—. He de decir, que cuando Koko me habló de esto, no pensé que fuera para tí.

— ¿Para mí? ¿Qué le dijo Koko exactamente?

— Meh, haciendo el cuento corto me preguntó si iba a necesitar ayuda y le dije que si. También dijo que iba a venir alguien más pero hace un momento me mandó un mensaje diciendo que no.

— En ese caso. —Se inclinó en una reverencia—. Muchas gracias por dejarnos trabajar hoy, señor.

— Ugh.. No me digas señor, me haces sentir más viejo de lo que se que soy.

— ¡Ah! Lo siento, gracias uhm...

— Puedes llamarme Akihiko o Aki si prefieres abreviar.

— Bueno, entonces muchas gracias Aki-san.

El albino negó divertido.

— Vamos, te enseñaré el lugar.

El lugar resultó siendo más grande de lo que parecía desde afuera.

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