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—Te dije que no necesito una niñera.

Naoto ni si quiera se molestó en despegar la vista de su libro.

—Contraté a un niñero —habló Hina.

—¿Eso debería ser mejor? —Arqueó una ceja.

—¡Solo estoy tratando de-...! —Respiró hondo—. Tengo que irme y ya le pagué por todo el día así que como mínimo sal a saludar ahora.

—Me rehuso.

La chica cerró los ojos y contó hasta diez. Quería mucho a su hermanito, aunque había había veces en las que lograba colmarle la paciencia.

—Al chico al que contraté es Takemichi. Sorpresa arruinada. Ahora sal a saludar.

Naoto frunció el ceño.

—Buen intento.

—Ugh... Haz lo que quieras. En algún momento tendrás que bajar y me lo vas a agradecer.

Dicho esto, Hina tomó su abrigo antes de salir de la habitación a pasos pesados.

Naoto estaba tan decidido a no salir de su habitación para seguir con su idea de protestar que olvidó un pequeño detalle.

Era humano.

Tenía necesidades básicas como cualquier otro y el rugido de su estómago se lo recordó.

Soltó un bufido. Tendría que ir a buscar algo de comer al refrigerador.

Salió de su habitación con cuidado de no hacer ruido. El sonido de platos y cubiertos chocando entre sí provocó que diera un salto.

«Maldición, está en la cocina».

Sacudió la cabeza en respuesta a su propio pensamiento.

¿Por qué era el quien se tenía que esconder? Era SU casa.

Respiró hondo. Al llegar a la cocina se enfocó en el refrigerador. Nada más que eso. Dentro solo había una botella de agua y una manzana.

La manzana podía hacer más contra su hambre que el agua así que la tomó.

—¡Naoto!

Casi se desmaya ahí mismo al escuchar la voz de Takemichi. El teñido pareció notar la manera en la que su rostro palideció porque se disculpó de inmediato.

—¡L-lo siento! Me emocioné cuando te vi. La última vez que me dejaron solo en la sala de alguien más no terminó muy bien.

«¿Entonces no era una vil mentira?» pensó Naoto.

Ver la expresión nerviosa de Takemichi deformarse en una de preocupación le recordó que llevaba buen rato mirándolo sin decir nada.

—N-no —respondió por fin—. No te disculpes, e-es solo que no esperaba verte aquí.

—¿No? —Frunció las cejas—. Creí que Hina-sensei te había dicho.

—Tal vez lo olvidó.

—Puede ser ¿Tienes hambre? Hina-sensei me dio dinero para pedir comida.

—S-si, hay que comer y después podemos v-ver una película.

El rostro de Takemichi se iluminó con la sola mención de la palabra «película».

—¡Sí! ¡Me gusta esa idea!

Con eso acordado, ordenaron de un restaurante al azar. Para Naoto, poder pasar un momento de paz charlando con Takemichi fue como un regalo caído del cielo. Una parte de él quería agradecerle a su hermana, mientras que la otra quería que se lo tragara la tierra.

¿Study Group?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora