Ese mismo día, aproximadamente a las cinco de la tarde, Marcia se hallaba en su habitación aún con su bata puesta porque acababa de darse un baño, y lista para por fin intentar descansar. Sin embargo, justo cuando había terminado de secarse su rojizo cabello, a su celular entró una llamada proveniente de un número desconocido.
Ella frunció su ceño un tanto intrigada, lo tomó de su tocador y contestó un poco exhausta. —¡Bueno! ¿Con quién hablo?
De inmediato escuchó que una voz femenina le respondió y a medida que esta le hablaba, su rostro se iba tornando más pálido y sus ojos esmeraldas más húmedos de lo normal. Fue tanto aquello que, sintió que de repente su presión arterial se bajó y empezó a sudar frío.
—Señora Marcia, ¿me oye? ¿Se encuentra bien?
Fueron las últimas palabras que resonaron en la bocina del celular antes de que la pelirroja, inconscientemente, lo arrojara al suelo.
Su mente estaba tan nublada que se mantuvo estática por mucho tiempo, luchando con el horror que le producía lo que había escuchado, el horror de su realidad, de su nueva realidad.
En ese momento, por casualidad, su hija Lucía entró a su habitación con la intención de comentarle algo y se extrañó al verla completamente paralizada.
—Mamá... —pronunció la joven acercándose preocupada. No era para menos, Marcia estaba inmóvil, no decía nada, no hacía nada, lo único que tenía movimiento eran algunas lágrimas que recorrían sus pómulos—.
—Mamá... —la volvió a llamar Lucía ya muy asustada. Algo grave debió haber ocurrido para que su madre estuviera reaccionando de forma tan horrorizada—. ¿Qué... qué pasó? ¿Qué pasó? —la interrogó nuevamente con mucho pánico a escuchar lo que se estaba imaginando—.
Pero Marcia era incapaz de dar una respuesta. No tenía el coraje de hacerlo.
—¿Mi papá? —la cuestionó su hija rompiendo en llanto—. ¿Mi papá... se murió?
Y ella apenas pudo asentir con su cabeza mientras comenzaba a sollozar cada vez más fuerte temblando de los nervios. Lucía, impresionada, entornó su boca y sintió como si de repente una ciclónica sensación le atravesara el cuerpo hasta dejarla sin aliento.
La reacción de la joven fue igual de predecible que la de su madre, al igual que ella explotó en llanto y abrazó a su madre deseando que aquello no fuese cierto.
Hugo, al oír los fuertes sollozos de ambas, entró a recamara muy ansioso y desconcertado por la repentina situación que estaba presenciando.
—¿Qué pasó? —preguntó él aproximándose a ellas muy tensionado—. ¿Por qué lloran?
—Hugo... —agregó Lucía en medio de su llanto, tomó una bocanada de aire para afianzar su voz y finalmente declaró cerrando sus ojos— papá se murió.
Él agrandó sus ojos, experimentando cómo los latidos de su corazón comenzaron a golpear incisivamente su pecho sin dar tregua y, al mismo tiempo, un mínimo escalofrío rozaba su cuerpo.
—Lo siento... —mencionó Marcia sollozando mientras consolaba a su hija, quien se mantenía entre sus brazos devastada—. ¡Lo siento, hijos!
—Yo lo presentía... —rompió Hugo su silencio quebrándose entre lágrimas y se unió al abrazo de su madre—. Algo me lo decía... —aseguró con su voz entrecortada y sin poder resistir más, intensificó su llanto— por eso... por eso no me quería hacer ilusiones.
Y así se mantuvieron por un largo rato; desahogándose a través de palabras y lágrimas cargadas de lamentos. Porque si bien era cierto que ninguno de los tres lo querían en sus vidas, también era cierto que Esteban, pese a sus errores, seguía siendo una de las personas más importantes y amadas por ellos.
ESTÁS LEYENDO
Atreverse a atreverse
FanfictionEs una historia basada en la telenovela La Madrastra 2022 de Televisa. Los protagonistas son Marcia y Esteban.
