Cap #19

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<<¿Tú estás enamorada de ese señor?>>.

Aquella tajante pregunta resonó como alfileres en la cabeza de la pelirroja obligándola a guardar silencio. No porque no tuviera una respuesta, de hecho, la tenía clarísima, sino más bien porque su falta de valentía no le permitía expresar sin ningún tipo de pudor o culpabilidad que aún se sentía enamorada de ese señor, así, como su misma hija lo había nombrado.

-A ver, no me digas que tu silencio es un sí. -expresó Lucía con cierta decepción-. ¡Esto es increíble!

-¡No! ¡Por supuesto que no! -negó Marcia reaccionando de repente y prosiguió llena de nervios-. Estás... estás equivocada. ¿Cómo se te ocurre pensar eso, hija?

-¡Se me ocurre porque es lo que das a demostrar! ¡Lo defiendes! ¡Estás demasiado pendiente de él! ¡Y por si fuera poco, ahora que te lo pregunto te quedas callada! ¡No soy una estúpida, mamá!

-Y yo te aseguro que nada de lo que piensas es cierto. -le contradijo la pelirroja y la tomó por sus manos-. Lucía, mi amor, ya no quiero que sigamos peleadas, por favor. Yo... yo te juro que si me preocupo por Esteban es simplemente por consideración y porque genuinamente me compadezco de él.

-Es decir, ¿lo haces por lástima? -le preguntó la joven curiosa-.

-No, claro que no. -aclaró Marcia sin saber qué más decir-. Esa no es la palabra, digamos que es una cuestión de empatía y generosidad. Sea como sea, tu padre está muy enfermo y necesita un apoyo.

-Para eso está mi tía Inés, ¿no crees?

-No es suficiente, hija. La idea es que haya más personas acompañándolo. Está muy enfermo, Lucía. Entiéndelo, por favor.

La joven apartó las manos de su madre, se recostó sobre el colchón y respiró profundo mirando hacia el techo. -Es evidente que jamás estaremos de acuerdo, mamá. Pero tampoco pretendas que cambie de opinión. ¡Jamás lo voy a perdonar!

Marcia ciñó su boca completamente resignada y por último agregó lo siguiente. -Bueno, por lo menos dime que me perdonas y que ya no estarás enojada conmigo, ¿sí?

Lucía encaró a su madre y le contestó más calmada. -Perdonada. Mira, mamá, mientras no intentes decidir por mí te prometo que todo estará bien entre nosotras.

La pelirroja sonrió más aliviada y a pesar de que su hija seguía acostada sobre su cama, se lanzó a abrazarla y a darle un beso en su frente.

-¡Te amo! ¡Tú y Hugo son lo más importante para mí! ¡Siempre! -le susurró un poco conmovida-.

-Tú también eres lo más importante para mí, mamá. -le contestó la joven con dulzura-. Odio pelearme contigo porque te extrañé toda una vida que me parece injusto que ahora que por fin estamos juntas peleemos por culpa de terceros.

-Hasta mañana, hija.

Fue lo último que expresó Marcia antes de salir de aquella recamara con el corazón hecho trizas e irse directo a la suya.

Cuando finalmente se refugió en su habitación, la pelirroja no pudo soportar el peso de su culpabilidad por mentirle a su hija, pero, sobre todo, por no haber tenido el coraje de expresarse con sinceridad y acabar ocultando sus verdaderos sentimientos. Se sentía frustrada, pero era un tipo de frustración que incluso se le reflejaba físicamente como una fuerte sensación de malestar en su pecho y estómago.

Quería gritar, hacerlo muy fuerte, pero era consciente de que no podía y entonces su frustración se multiplicaba. Hasta que halló una única forma de contrarrestarla; apretó sus puños, seguidamente su mandíbula y por último, abrió su boca e hizo la simulación. Sin embargo, no se atrevió a hacer ni una pizca de ruido, sino que explotó en llanto pidiéndose perdón a sí misma por actuar como si su amor por su ex-marido fuese lo más aberrante del mundo. Vaya, sabía que tampoco era lo más bonito o sano, pero por lo menos era amor. Amar a alguien no debía ser sinónimo de vergüenza, no debía sentirse como cometer un delito ni mucho menos ser juzgado tan cruelmente por los demás.

Atreverse a atreverseHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora