Capítulo 24| Sintomas

28 5 0
                                        

Lai Meyer

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Lai Meyer

Mi cuerpo colapsó después del encuentro con mis padres, las amenazas y la huida. Cuando mi cuerpo tocó el asiento del avión, colapsé. La mitad de mi rostro estaba tapado por mi bufanda roja, tratando de darme calor. Aleksei estaba sentado frente a mí; por primera vez vi su rostro sin ninguna barrera. Se había sacado la gorra, dejándome ver su rostro. Sus ojos verde oscuro estaban fijos en la computadora; sus dedos enguantados tecleaban sin parar. Su cabello rubio estaba despeinado, labios carnosos, rasgos suaves pero fuertes.

Me odié al verlo tan guapo.

Mi cuerpo estaba tapado con una cobija que Aleksei me dio cuando despegamos. Estaba acurrucada contra la pared, manteniéndome lo más alejada posible. No había comido ni bebido nada de lo que me habían dado.

-Tu terquedad no te ayudará en nada, Laila.

Mis ojos fueron hacia Aleksei. Él miraba la comida de reojo y después a mí.

-Debes comer, necesitas hacerlo.

Negué con la cabeza, negándome a comer algo. Sentía que si comía o bebía algo no duraría mucho en mi estómago.

-Cuando lleguemos, comerás -ordenó. Sus ojos verdes chocaron con mis ojos azules-. O voy a tener que obligarte.

Me tensé. No quería que me tocara, no quería que estuviera cerca de mí. Él suspiró y dejó la computadora en la mesita que nos separaba. Se inclinó hacia adelante, apoyando sus codos en sus rodillas. Su mirada no se apartó de la mía.

-Estamos yendo a Rusia, mi territorio, donde estarás segura.

Rusia...

-Un equipo médico nos estará esperando en la mansión -añadió-. Cuando lleguemos serás revisada por tu LMA; buscaremos que desaparezca de tu cuerpo.

LMA...

Lo había olvidado.

-Cuando todo termine, cuando estés segura -siguió hablando, suavizando su tono-, verás a tus padres.

Me enderecé un poco.

—Pero no te irás de mi lado, Lai. Quiero que te quede claro.

Saqué mis manos. Él agarró una libreta que estaba en la mesita y una lapicera y me la pasó. Sus dedos rozaron el dorso de mi mano. La agarré rápidamente y empecé a escribir.

"¿Realmente prometes que voy a ver a mis padres y a mi hermano?"

Se lo mostré y él asintió.

-Te lo prometo, mi flor.

Estiró mi meñique, algo infantil, pero él no dudó en rodear su meñique con el mío.

-No romperé la promesa.

Solté su meñique y volví a escribir.

"Mientras esté contigo... ¿podré hablar con ellos?"

La chica de Bufanda RojaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora