Le había entregado su vida, porque lo amaba, eso estaba claro y todo mundo lo sabía, pero nada en esta vida es fácil.
Sergio lo comprendió cuando su abogado le entregó los papeles de divorcio, su mundo se había colapsado, pero no podía rendirse, él...
No podía escuchar nada... más que sus respiraciones.
No podía oler nada... más que la colonia de Checo.
No podía sentir nada... más que el calor de su piel sobre sus palmas.
Y su existencia terminaba donde empezaban los labios de Sergio.
Podía llover, tronar, temblar y no sería capaz de notarlo. Sergio Pérez tenía la capacidad de que una vez lo tuviera entre sus manos, el mundo dejaba de existir porque simple y sencillamente él se volvía su mundo.
No sabría decir sí fueron segundos, minutos u horas, cuando se separaron, no lo soltó, no se sentía físicamente capaz de hacerlo, tampoco de abrir los ojos.
- ¿Max?
-Shhhh... solo... solo déjame disfrutarlo un poco más -estaban tan cerca que sus labios seguían rozandose-Siento... siento que sí abro los ojos esto será solo un sueño...
-No es un sueño, pero tampoco sé que estoy haciendo... así que...
Max volvió a besarlo, esta vez con mayor intensidad era cómo sí por primera vez después de mucho tiempo logrará respirar.
Cuando por fin se separaron y se atrevió a abrir los ojos, no dejó que se alejara tomándolo de la mano.
-¿De verdad Patito está bien? ¿No necesitamos llevarlo al hospital?
-Claro que está bien, es solo un chichón,claro que le voy a dar sus buenas nalgadas cuando se le pase, pero está bien, es un niño muy inquieto.
-Yo de verdad creí que...
-Bienvenido a la paternidad Max Emilian Verstappen, yo lloré hace poco porque no me hacía caso, no se de quien sacó lo testarudo.
Max sonrió, sí alguien le hubiera dicho que estaría ahí con Checo entre sus brazos y su hijo perdido de dormido, ni lo hubiera creído.
-C-Creo que debería irme... -instintivamente su mano volvió a tomarlo
-No puedes.
-Max...
-No, está diluviando afuera, está oscuro, debes estar cansado, deberías quedarte aquí... puedes dormir en mi habitación y yo dormiré con Pato.
Frunció el ceño, imaginando el 1.80 de Max encogido sobre la pequeña cama de su sobrino, su lado perverso ganó, una buena tortícolis no lo mataría. Se dirigieron a la habitación del pequeño pues quería despedirse de su bebé.
Le sorprendió bastante ver la posición en la que se encontraba su hijo, estaba cerca de la orilla con ambos brazos sobre su cabeza, la playera de dormir estaba levantada por arriba de su ombligo y uno de sus pequeños piecitos sobresalía de la cama, no dudo en tomar una foto de la escena.
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-Que descanses güelo -el castaño le dedicó una sonrisa divertida antes de salir de la habitación.