Mundano

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El camino de regreso a la casa amarilla fue más silencioso de lo que Porchay esperaba

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El camino de regreso a la casa amarilla fue más silencioso de lo que Porchay esperaba. El panda de peluche pesaba entre sus brazos, pero era un peso agradable, casi reconfortante. De vez en cuando miraba de reojo a Kim, que caminaba un paso por detrás, con las manos en los bolsillos de la chaqueta oscura y la mirada fija en el suelo empedrado. Wolfgang iba a su lado, tarareando algo en voz baja, pero incluso él parecía pensativo.

Cuando entraron, el calor de la pequeña sala los recibió junto con el olor a madera y humedad del bosque. Chay dejó el peluche en el sofá y se quitó la gorra, revolviéndose el cabello negro.

—Fue... lindo —dijo en voz baja, casi como si temiera que admitirlo rompiera algo.

Kim no respondió inmediatamente. Se dirigió a la cocina, abrió la nevera y sacó una botella de agua. Bebió despacio, dándole la espalda a los otros dos. Wolfgang se dejó caer en una silla, estirando sus largas piernas.

—Nunca había estado en algo así —comentó el ruso después de un momento— La feria. Los títeres. La gente riendo sin saber que tres monstruos caminaban entre ellos.

Chay soltó una risa suave, pero sin alegría real.

—Por un rato... nosotros parecimos completamente normales ¿no?

Kim giró la cabeza ligeramente. Sus ojos oscuros se encontraron con los de Porchay por un segundo antes de desviarse. Ese "nosotros" se sentía extraño en su boca. No estaba acostumbrado a formar parte de ningún "nosotros".

Subió las escaleras sin decir nada más. Necesitaba estar solo, aunque la casa era tan pequeña que la soledad era casi una ilusión.

En la habitación, se sentó en el borde de la cama y se pasó las manos por el rostro. Era extraño... nunca se había sentido confundido antes, siempre supo quien era él y que quería, pero ahora... era como no conociera lo que deseaba o sí, pero no podía admitirlo.

Abajo, Wolfgang y Chay se quedaron en silencio un rato.

—Está abrumado —murmuró Wolfgang, mirando hacia las escaleras.

—Siempre lo está —respondió Chay, abrazando el panda contra su pecho— Pero hoy dejó que lo tocara. Y no se apartó.

Wolfgang lo miró con esos ojos azules intensos.

—Tú eres el único que puede hacer eso. Tocarlo.

Chay bajó la mirada.

—No es solo por mi inmunidad... Creo que... él también quiere intentarlo. Aunque le dé miedo.

Un par de horas después, la puerta de la habitación se abrió con suavidad. Wolfgang y Chay subieron juntos, hablando en voz baja sobre la feria. Al entrar, se detuvieron un segundo en el umbral. Kim estaba acostado bajo las cobijas, completamente quieto, con la mirada fija en el techo. La luz tenue de la lámpara de noche apenas iluminaba su perfil. No se movió cuando los escuchó llegar.

BEAUTIFUL HUMAN -Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora