¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Chay y Wolfgang estaban jugando UNO en la alfombra del saloncito. Afuera era de noche, pero ninguno tenía sueño. Wolfgang iba ganando, como siempre, y Chay no podía dejar de reír. Se sentía feliz. Realmente feliz.
— ¡Tramposo! —acusó Chay, señalándolo con el dedo—Estás escondiendo cartas, lo sé.
Wolfgang soltó una risa grave, recostándose contra el sofá.
— Soy un ganador innato. Sé un buen perdedor, avecilla.
Chay se abalanzó encima de él con un grito juguetón, sentándose a horcajadas sobre su regazo.
— ¿Dónde guardaste las cartas, tramposo?
Wolfgang sonrió, sujetándolo por la cintura sin esfuerzo, manteniéndolo encima.
— No soy tramposo. Tú eres mal perdedor.
Chay hizo un mohín adorable, todavía sentado sobre él.
— Odio perder.
Wolfgang lo miró con los ojos brillantes.
— Quizá para la próxima pueda dejarte ganar...
Chay se mordió el labio inferior, con una sonrisa traviesa.
— ¿Ah sí? ¿Cuál sería el precio a pagar?
Wolfgang se inclinó y le mordió el labio fuerte. Chay gimió bajito.
— Mmm... no sé. ¿Qué propones?
Chay le devolvió la mordida, más fuerte. Wolfgang gruñó y lo apretó fuertemente del culo con ambas manos.
— Eres tan malditamente sexy, Chay.
Chay sonrió melodiosamente, moviéndose un poco encima de él.
— Sí, eso me han dicho.
Wolfgang enarcó una ceja.
— ¿Ah, sí? ¿Te lo dicen mucho?
Chay asintió, juguetón.
— Sí, bastante... ¿Celos?
El ruso entrecerró los ojos y, con un movimiento rápido, tumbó a Chay sobre la alfombra, colocándose encima de él. Lo besó fuertemente, con hambre. Chay tarareó encantado y dio la vuelta, quedando encima de Wolfgang otra vez.
En medio de sus besos y risas, ninguno se dio cuenta que Kim había bajado las escaleras después de ducharse y los estaba viendo desde el umbral.
Kim se quedó quieto, con el cabello todavía húmedo y la toalla alrededor del cuello. Sus ojos oscuros observaban la escena con una mezcla de extraña regurgitando en el pecho. Había esclarecido que la relación entre Wolfgang y Chay le gustaba, era extraño, pero sí, sin embargo a veces aparecían las putas voces...
Pobre y estúpido Kim, ¿no te das cuenta que ellos son felices sin ti? No te necesitan, no te quieren, no te desean, no eres nada...
¿Cómo ignorar aquello si parecía tan real? Ambos se veían muy contentos el uno con el otro, y él no hacía falta para nada, era como si... Chay jugara con él, un juego simplemente... maldita sea.